Por primera vez en dos años participan juntos de actos; el presidente recorrerá 9 estados
WASHINGTON.- La batalla electoral no se presenta nada sencilla para la Casa Blanca, y por eso se decidió movilizar a la "división acorazada". Esto es, "los Obama" (el presidente y la primera dama) salieron ayer juntos a hacer campaña por primera vez en dos años, en un gesto desesperado para revertir el difícil pronóstico que enfrentan para las elecciones de medio término, dentro de apenas dos semanas.
El escenario no fue casual. Sonrientes y eufóricos, como si las encuestas no los tuvieran a maltraer, los Obama reaparecieron en Ohio, uno de los estados en los que los demócratas temen perder la gobernación que ahora ocupan.
Hay casi una decena de gobernaciones en esa situación para los demócratas. El listado incluye las de Pensilvania, Michigan, Illinois, Wisconsin, Iowa, Oregon, Nuevo México y Maine.
En Ohio, el estado industrial cercano a los grandes lagos, reapareció la dupla presidencial, que durante toda la semana pasada estuvo calentando motores por separado y probando el papel que compete a cada uno en esta difícil batalla por el más desencantado de los votos.
"A Michelle le toca pedir paciencia y conectarse con el votante en su casa", dijo a LA NACION John Steinhauer, analista del Departamento de Asuntos Públicos de la Universidad de Minnesota. "El presidente, en cambio, se encarga de subrayar lo que significaría retroceder en el cambio si los republicanos se imponen en las elecciones de medio término", añadió.
En una muestra de la inquietud que hay en la Casa Blanca por la campaña, la ofensiva electoral incluye la visita del presidente a 9 estados en apenas 11 días.
El viernes pasado, Obama acompañó al vicepresidente Joe Biden en Delaware, para defender el escaño en el Senado que ocupó su compañero de fórmula durante 36 años, hoy disputado por una candidata del Tea Party, la novata Christine O´Donnell.
Michelle, por su parte, también volvió a los estrados en su Chicago natal la semana pasada. Usando un toque personal, intentó conectarse con el corazón del votante demócrata. "Necesitamos tiempo para concretar el cambio", dijo. Y más que defender la gestión del presidente, el mensaje apuntó a pedir "más paciencia" porque el panorama es "más difícil" de lo que esperaban los demócratas. No habló de su marido como "el presidente de los Estados Unidos" sino como "Barack". Y, acto seguido, adhirió a su programa de gobierno mediante relatos de su propia experiencia de vida: desde la lucha contra la enfermedad de sus padres hasta la alegría "y la esperanza" que todos sintieron aquel 20 de enero de 2009, cuando el primer presidente negro llegó a la Casa Blanca.
"Estábamos tan esperanzados, tan entusiasmados. ¡No perdamos eso!", dijo Michelle, que, de ese modo, hizo una vibrante reaparición en la arena proselitista después de casi dos años de ausencia.
Que Michelle salga a la cancha "es un dato revelador del problema en que se encuentran los demócratas", subrayó The New York Times . La primera dama es, por lejos, la figura más popular y de mejor imagen en el elenco demócrata.
Durante los 21 meses que lleva de gestión su marido, Michelle prefirió mantenerse en un segundo plano, dedicada a criar a sus hijas y con esporádicas apariciones en público.
En agosto pasado, sin embargo, un curioso viaje relámpago a España le trajo las primeras críticas de los norteamericanos, hasta entonces fascinados con su figura. Y llegó a alimentar maliciosos rumores sobre gastos y sobre compromiso con la gestión de su marido. Pero todo ello pareció quedar superado.
Intensa gira
Si bien la reaparición de Michelle acompañando al mandatario demócrata fue la noticia, el presidente viene desde hace dos semanas en intensa gira proselitista, y lo esperan otras tantas.
El mandatario prepara sus visitas "pensando en lo que más les conviene a los demócratas", afirmó ayer el director de comunicaciones de la Casa Blanca, Dan Pfeiffer. "Yo creo que hay un nuevo entusiasmo en el votante", se envalentonó el vocero presidencial, Robert Gibbs.
Los demócratas lo tienen difícil. Las encuestas revelan el fastidio de sus votantes de cara a las elecciones en las que se renovarán todas las bancas de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 37 de los 50 cargos de gobernador.
El temor del gobierno es perder la mayoría que ahora poseen en uno o en los dos brazos del Capitolio, algo que acarician los republicanos. Según una encuesta de la agencia AP, un cuarto de los que votaron por Obama desertarán al bando republicano el 2 de noviembre.
Pese a la euforia que hay en el Partido Republicano, también hay temor, pero de otro signo. En este caso, la inquietud es quedar en manos del Tea Party, el movimiento ultraderechista que, a fuerza de cargar contra la suba de impuestos y el exceso de gasto público, gana adeptos en todo el país.

Comentá la nota