Obama, en el centro de las críticas y con menos apoyo

Su popularidad llegó al mínimo desde el inicio de su mandato.
WASHINGTON.- No hay día en que no le disparen una andanada. Dieciocho meses bajo el fuego de una economía que no responde con el empleo ni con la prosperidad esperados han puesto a Barack Obama en el peor momento de su presidencia. Hoy, sólo cuatro de diez norteamericanos confían en su habilidad para manejar la economía, de acuerdo con un sondeo de la cadena ABC.

Nunca como hasta ahora las encuestas le dieron tan bajo. Y, seguramente, como consecuencia de esto, nunca como hasta ahora había tenido tantos críticos ni tan virulentos. "Usted ha perdido la mira", le espetó, esta semana, el presidente de la influyente -y conservadora- Cámara de Comercio, Tom Donohue.

Ni nunca como hasta ahora había tenido Obama amigos tan faltos de carácter a la hora de defender su gestión. Porque la novedad es que, con el oportunismo que a veces tiene la vida política y el temor a perder las elecciones de noviembre próximo, el desencanto de la obamamanía empieza a evidenciarse entre quienes, hasta ahora, fueron aliados y partidarios.

"Obama necesita desesperadamente alguna buena noticia sobre la economía. Una buena noticia más allá de septiembre u octubre", dijo Larry Sabato, experto en ciencias políticas de la Universidad de Virginia, consultado por LA NACION.

Los reproches son, muchas veces, abiertamente contradictorios: los republicanos lo acusan de gastar mucho, sin sentido y de ser hostil para con el mundo empresarial. Los demócratas y progresistas le reprochan lo contrario, que gaste poco en medidas para dinamizar la economía y que no suba los impuestos a los más ricos.

¿En qué quedamos? "El problema de Obama es que hace política de centro no sólo en un país impaciente con la economía sino, sobre todo, muy polarizado ideológicamente", dijo a LA NACION Eric Tompkins, del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Minnesota.

La cosa va más allá del mundo del poder. Hoy, la calle no es del Organizing for America (la adormecida heredera de la red de base que apoyó el triunfo de Obama) sino del Tea Party, el conglomerado conservador que, básicamente, expresa enojo con todo lo que huela al gobierno federal.

"Más allá de la calle, lo que ganó el Tea Party es la pantalla del televisor", acotó Héctor Schamis, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Georgetown. "Y eso le da enorme difusión", añadió.

Enterradas en la comodidad del olvido la angustia y la depresión de los días finales de la gestión de George W. Bush, la economía le deparó a Obama el peor indicador de confianza.

Al comentar el sondeo de la ABC, que señala que apenas cuatro de cada diez norteamericanos confía en la habilidad de Obama para manejar la economía, Rick Sánchez, presentador de la CNN, exclamó: "¡Sólo el 40 por ciento! ¿Hay punto de retorno para eso?". No hubo respuesta cierta.

Pero, con ser ingrediente de peso en el malhumor popular, la mala economía, como casi todas las desgracias, no viene sola. Y cerca de la mitad de su mandato, la presidencia de Obama parece chocar con una realidad adversa que, en un abanico de problemas, convirtió su esperanzador "Sí, podemos" en un bumerán.

"Es curioso, incluso cuando avanza, como ocurrió con las reformas financiera y del sistema de salud, la gestión de Obama se percibe como una presidencia fallida. Muy al estilo de Jimmy Carter", dijeron John Harris y Jim van de Hei, analistas de Político , una de las publicaciones más seguidas. "Obama pierde aun cuando triunfa", fue el título de su artículo.

"Parece que éste es el verano de la decepción para muchos progresistas", concluyó, días atrás, la columnista política Abby Phillip.

Una carrera larga

¿Se desinfla Obama? "¡Por supuesto que no! Esta es una carrera larga y él es un líder de recursos, que reacciona mejor cuando está contra las cuerdas", dijo a LA NACION Michael Shifter, del Inter American Dialogue.

Enfrentado contra la mala imagen, Obama recogió el guante y reaccionó con firmeza. "La única encuesta que me guía es si algo es bueno o no para los Estados Unidos", dijo, al hablar en un acto en Kansas. Los adversarios, en tanto, disparan. "Obama tiene una agenda pro sindicatos, con la que entierra a las empresas en una nueva generación de regulaciones", dijo Tom Donohue, uno de los líderes empresariales más influyentes del país.

Los "decepcionados" de Obama son más cautos, pero ya no disimulan. "Está bien que [el presidente] rechace la ley que, en Arizona, criminaliza la inmigración irregular. Pero debería hacer más y terminar con las deportaciones, que ya superan a las de Bush", dijo Gustavo Torres, de la asociación CASA e interlocutor de la Casa Blanca en la materia.

Pero, entre los demócratas, hay quienes piensan que el hecho de oponerse a la ley de Arizona ya es demasiado. "Deberíamos estar hablando de empleo y no de esto", dijo el gobernador de Tennessee, Phil Bredesen; uno de los tantos líderes del partido que teme por el resultado de las elecciones de noviembre.

Figuras populares de reconocida militancia demócrata coquetean con la idea del "desencanto". Y hasta el vocero presidencial, Robert Gibbs, admite que las cosas no van bien y que los republicanos pueden ganar el control del Congreso. ¿Sería eso el final de Obama? "No, para nada. Es posible que pierda las elecciones de noviembre. Eso entra en el escenario y no significa que pierda la chance de un segundo mandato", acotó Shifter. "Son contextos distintos. Yo veo a Obama en 2012; los republicanos tienen poco que ofrecer", añadió.

Mientras, convencidos de que ganarán en noviembre, los republicanos lo acusan de "incompetente" por el manejo de problemas que se arrastran desde la gestión de Bush. La burbuja que disparó la crisis, las dos guerras, el déficit y un sistema migratorio "quebrado". "Pero hablar de la herencia ya no le sirve", acotó Schamis.

Ajeno a las encuestas que lo hunden y a las críticas que recrudecen a medida que se acercan las elecciones, Obama se templa y avanza en su agenda. Pero eso no se traduce en votos en una sociedad que no aguanta más el desempleo de dos dígitos y el miedo que eso conlleva. Eso, sin contar el derrame de petróleo -que, al igual que la reforma financiera, le dio esta semana un respiro al mandatario- la guerra en Afganistán, ni la imposibilidad de cerrar la prisión de Guantánamo porque no hay, hasta ahora, posibilidad de reacomodar a todos sus reclusos. Ni la reciente insubordinación de su general amigo, Stanley McChrystal.

"Estados Unidos debe crecer y lo que necesitan los ciudadanos es la cualidad que distingue a los adultos de los niños: paciencia", recomendó el escritor Paul Starobin en The Washington Post . Y dejó bien en claro que las soluciones mágicas no existen. "No esperen que Obama sea Superman", fue el título de su reflexión.

LOS SECTORES MAS CRITICOS DEL PRESIDENTE

EMPRESARIOS . Representados por la conservadora Cámara de Comercio, le reprochan a Obama no ser capaz de generar certidumbre económica.

REPUBLICANOS . En los últimos meses, agudizaron su oposición a casi todo. Le censuran el aumento del gasto público y la inversión de US$ 800.000 millones en un paquete de estímulo económico.

AFROAMERICANOS . Expresaron decepción por no percibir mejoras sensibles en la situación de la población negra, que padece un índice de desempleo mayor que la población blanca.

CORTE DE JUSTICIA. Hay malestar por la fallida embestida de Obama para limitar y blanquear la participación de empresas privadas y grupos de lobby en la campaña electoral.

DEMOCRATAS. Parte de la cúpula del partido le empezó a dar la espada, por el temor a perder las próximas elecciones. Los gobernadores demócratas manifestaron su malestar por la ofensiva contra Arizona.

WALL STREET . No tolera que Obama le atribuya responsabilidad en el estallido de la crisis financiera y acaba de ser blanco de una gran reforma.

PROGRESISTAS . Se esfumó el entusiasmo que había despertado entre los progresistas y "liberal demócratas" por temas como Afganistán y el cierre de la prisión de Guantánamo.

HISPANOS. Hay descontento por el incumplimiento de la promesa para abordar la reforma migratoria en el primer año de gobierno y dudas sobre cuándo sucederá eso.

LAS MAYORES PREOCUPACIONES

Mejorar el desempeño de la economía

La caída de la imagen de Obama entre los norteamericanos, que llegó a un nuevo mínimo esta semana, obedeció en buena parte a su manejo de la economía del país. Cuatro de cada diez estadounidenses lo cuestiona.

Combatir el gigantesco déficit

Los rescates y paquetes de estímulo dejaron un déficit de un billón de dólares, una cifra intolerable para los republicanos, que han frenado nuevas iniciativas en el Congreso.

Concretar la demorada reforma migratoria

Después de las reformas sanitaria y financiera, es la gran apuesta del mandatario. Sin embargo, no parece contar con el respaldo suficiente para llevarla adelante. El debate se polarizó tras la aprobación de una legislación más dura en Arizona.

Las guerras en Irak y en Afganistán

La guerra de Afganistán, cada vez más impopular en Estados Unidos, parece lejos de estar terminada, y se demora la retirada de tropas de Irak. La remoción del general Stanley McChrystal como comandante contribuyó a aumentar la crisis en el frente militar.

Bajar el índice de desempleo

La desocupación trepó a cerca del 10% tras el estallido de la crisis económica y es la principal preocupación de los norteamericanos.

Sortear con éxito el test electoral de noviembre

Los demócratas enfrentan un duro panorama de cara a las elecciones legislativas de medio término, en noviembre. El vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, reconoció que podrían sufrir una dura derrota.

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