Con la popularidad del presidente en baja por una serie de traspiés, los republicanos buscarán tomar el control del Congreso en noviembre
Los republicanos ya paladean una victoria que los reconcilie con el electorado en los comicios en los que se renovará toda la Cámara baja y 36 bancas del Senado, pero tampoco saben por cuánto ganarán. Y es allí donde centran su estrategia. Una encuesta de Gallup indica que el 49% votará por los republicanos, contra un 43% que lo hará por los demócratas. Se trata de la mayor diferencia desde que se realiza esa medición previa a las legislativas, que data de 1950.
"Hacemos el mayor esfuerzo para quedarnos con la mayoría" legislativa, admitió el líder republicano en la Cámara de Representantes, John Boehner. De hecho, en los pasillos del Capitolio se considera al representante de Ohio como el casi seguro sucesor de la demócrata Nancy Pelosi al frente de la Cámara baja, a partir del año próximo.
No pocos gobiernos comenzaron con un revés en sus elecciones de medio término, pero lo que sí está claro es que una mayor debilidad en el Congreso complicaría aún más las dificultades que ha tenido Obama para impulsar su controvertida agenda del cambio.
El mandatario no baja los brazos y dijo recientemente a la CNN que es "un privilegio extraordinario despertarse cada día y saber que uno tiene la oportunidad de servir al pueblo estadounidense". Fue la ocasión para que pusiera el pecho a los sondeos, que no le dan un minuto de sosiego. De acuerdo con Gallup, su nivel de aceptación se encuentra ahora en el 46%, el más bajo desde que llegó a la Casa Blanca, en 2009. "Si tenemos en cuenta todo lo que está pasando, yo creo que mis números están bastante bien", ironizó el presidente.
El escenario local no ayuda. Pese al altísimo costo de su controvertido "plan de estímulo económico", la economía no termina de despegar y el desempleo se mantiene en torno del 10%. En lo internacional, las cosas no están mejor. La súbita escalada en la crisis de Medio Oriente amenaza directamente la estrategia de Obama en la región y su recordado discurso de El Cairo, hace exactamente un año, en el que tendió su mano al mundo musulmán, prometiendo "un nuevo comienzo" tras la era Bush. Los datos empiezan a interpretarse como un retroceso en la influencia de la diplomacia del país.
Y, como si fuera poco, el derrame de petróleo en el Golfo de México erosiona la imagen del gobierno, al que se asocia con el manejo de la crisis. "Lo que está pasando es responsabilidad mía", dijo Obama, en una de sus frases más audaces al intentar mostrar que estaba al mando en medio de una ola de tropiezos que hubo en estos días en el intento por frenar el desastre.
"Admitamos que el escenario es todo un desafío", concedió el demócrata por Illinois Richard Durbin, al referirse a las elecciones legislativas de noviembre. "Pero se equivocan aquellos que creen que esto será un paseo", desafió.
Con la campaña ya instalada, las relaciones entre republicanos y demócratas están notablemente tirantes. Y, en ese contexto, la oposición retacea apoyo a las iniciativas fundamentales del gobierno, al punto que -días atrás- Obama se reunió con senadores opositores para convencerlos de que lo acompañen en alguno de los temas cruciales que aún tiene pendientes.
Entre ello, la reforma financiera, el mercado energético y las regulaciones que quiere imponer en el mercado financiero. Ninguna de ellas ha terminado de ver luz verde y, en el caso de la primera -la reforma inmigratoria- la incapacidad para llevar adelante un proyecto integral disparó el desencanto entre la significativa colectividad hispana.
"Le hemos dicho al presidente que antes de hablar de una reforma integral tenemos que proteger la frontera", clamó el ex candidato presidencial y senador por Arizona, John McCain. Gobernado por los republicanos, el estado sureño acaba de aprobar una controvertida legislación que criminaliza la inmigración irregular. Obama no pudo disuadir a la gobernadora Jan Brewer para que deje sin efecto una norma que genera tensión y protestas por quienes la consideran "racismo puro".
Durante su campaña, Obama prometió promover una legislación que abra las puertas a la ciudadanía de unos 11 millones de inmigrantes ilegales. Pero recientemente tuvo que admitir el poco interés del Congreso para asumir un proyecto masivo sobre la espinosa cuestión en año electoral.
Pero, así como el gobierno aparece desgastado por un lado, lo paradójico es que los republicanos admiten que no han puesto en juego una agenda propia. "Creo que buena parte de la elección se va a dirimir por lo que el Partido Demócrata ha propuesto como prioridad y no tanto por lo que hayamos hecho o no los republicanos", se sinceró el republicano Boehner.
El bloque opositor está convencido del desencanto popular con la Casa Blanca. Sobre todo, por la resistida reforma del sistema de salud, el desempleo, el gasto público y la presión impositiva. Y que esto favorece su estrategia electoral.
FRENTES ABIERTOS
* Economía Pese al altísimo costo del "plan de estímulo" de Obama, la economía no termina de despegar y el desempleo se mantiene en casi el 10%.
* Inmigración La incapacidad para llevar adelante un proyecto integral de reforma inmigratoria generó desencanto entre la colectividad hispana.
* Derrame La marea negra en el Golfo de México erosiona la imagen del gobierno, al que se asocia con el mal manejo de la peor catástrofe ecológica del país.

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