"Nunca tuve un amorío con Fidel, ése fue un rumor que él alimentó"

"Nunca tuve un amorío con Fidel, ése fue un rumor que él alimentó"
"Yo nunca tuve un amorío con Fidel Castro. Ese fue un rumor que él mismo alimentó por el trato que me prodigaba: era muy cariñoso conmigo, muy atento, me enviaba ramos de rosas rojas y hubo miradas muy demoledoras. Pero nunca pasó de eso porque yo hice todo lo posible por que no pasara", reveló ayer Hila Molina, la médica disidente cubana que este miércoles cumplió diez meses desde su llegada a la Argentina, en una entrevista con el periodista Pepe Eliaschev en su programa Esto que pasa, en FM Identidad.
Y ante la pregunta sobre si hubo alguna vez algún gesto explícito por parte del líder cubano sobre sus sentimientos, Molina se atrevió a revelar: "Yo siempre hablaba de trabajo con él. Cada vez que me mandaba a llamar. Pero una vez, cuando estábamos conversando, él me interrumpió y me dijo: ‘¿Tu no tienes otro tema que hablar conmigo fuera del trabajo?’ Yo creo que quiso decirme algo más".

Durante su estancia en la Argentina, Molina trabajó en su libro Mi verdad, de la Revolución Cubana al desencanto. La historia de una luchadora, que el próximo 23 de abril presentará en la Sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro. Allí, la médica cubana hace un recorrido por su historia, desde sus primeros amores adolescentes, su formación, sus tribulaciones y su compromiso con la revolución hasta su renuncia al movimiento.

Y en la charla con Eliaschev adelantó, en exclusiva, pasajes de su vida volcada en esas páginas. Como cuando confesó su alejamiento de la fe católica, seducida por los primeros tiempos revolucionarios, para luego volver a profesar esa religión en la actualidad con tanto ahínco. "En enero del 59 tenía 15 años y una beca para estudiar medicina en Estados Unidos o España. Un proyecto de vida diferente. Pero estalló la Revolución y yo quedé encantada, fascinada, cautivada con lo que sucedía"

Su desencanto, sin embargo, llegó de mano de la misma Revolución, cuando las autoridades le exigieron discriminar entre pacientes extranjeros y cubanos en su centro de atención neurológica, privilegiando el acceso y las comodidades para aquellos que abonaban en divisas.

Y fue entonces que se decidió a dar un paso al costado, convirtiéndose en un ícono de la disidencia, algo que nunca le perdonaron los Castro. "En Cuba no se conforma una oposición porque es muy difícil hacerlo en un régimen totalitario. Ellos no sólo se consideran los dueños de los cerebros, sino del alma de las personas", criticó Molina.

Al final de la entrevista, y luego de abordar temas como su "obligada" participación política en la Asamblea cubana, por decisión de Castro, la médica negó un retorno en el corto plazo a la isla. "Cuando lean el epílogo de mi libro, lo van a entender. Mi sueño es regresar a Cuba a ejercer mi profesión. Sueño con volver con mis pacientes algún día, pero mientras continúe este sistema de gobierno, no puedo hacerlo", explicó Molina.

Por último, la médica cubana desmintió que estuviera ejerciendo, clandestinamente, su profesión en Buenos Aires.

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