Numerosos vecinos concurrieron a la disertación del rabino Bergman

La charla del rabino“El objetivo es peregrinar en diferentes lugares con la consigna de una catequesis cívica que promueva el retorno de nuestra formación moral y espiritual, advirtiendo, asimismo, que no sólo hay que votar y criticar lo que nos hacen; sino también apostar a la participación en la diversidad”, enfatizó el reconocido rabino Sergio Bergman, en nuestro medio.
El lunes a las 20:30, en el Teatro Español, numerosos vecinos asistieron a la audiencia que realizó el reconocido rabino Sergio Bergman, creador y miembro de la Fundación Memoria Activa Ciudadana, quien con una aguda mirada de la realidad reflexionó sobre diferentes cuestiones que enfrenta la humanidad y puntualizó en la coexistencia con otros diferentes, considerando -desde su visión- los conceptos de discriminación, incriminación, diversidad cultural, indiferencia, fraternidad cívica y la construcción del sentido en la diferencia, que contribuye a la tolerancia y el respeto por las diferentes religiones, etnias, ideologías y géneros, resaltando -sobre todo-, los inconvenientes socio-políticos y económicos de nuestro país y pueblos latinoamericanos en las ultimas décadas. En este sentido, el disertante convocó a los presentes a suscribir a la masa crítica de argentinos dispuestos a cambiar miradas y conductas, para construir una sociedad más integrada; ejerciendo, del mismo modo, la práctica ciudadana desde una dimensión espiritual.

LA CONVOCATORIA

A la hora señalada comenzó la interesante convocatoria, que se extendió hasta las 22:30, mientras que el público escuchaba con atención las diversas ideas que expuso Bergman, quien, asimismo, procedió a responder varias preguntas de los vecinos y agradeció la participación de los mismos; como la iniciativa de los pehuajenses involucrados en la temática que difunde. Al finalizar invitó a los sacerdotes Juan y Adolfo Petti a “efectuar una pequeña invocación para que esta noche que nos trae a la reflexión -estando de acuerdo o no- nos mantenga a todos unidos en las diferencias, invocando a Dios y pedirle que nos ilumine y nos inspire para que juntos forjemos el bien común en beneficio de todos los habitantes del país”.

CONFERENCIA DE PRENSA

El visitante, que especificó en la necesidad de construir una ciudadanía basada en los valores de nuestra constitución, reveló a los medios locales detalles de la tarea que realiza en Argentina recorriendo las provincias en los últimos años, junto a otras personas involucradas en las proyectos expuestos arriba.

“El objetivo es peregrinar en diferentes lugares con la consigna de una catequesis cívica que promueva el retorno de nuestra formación moral y espiritual advirtiendo, asimismo, que no sólo hay que votar y criticar lo que nos hacen; sino también, apostar a la participación en la diversidad”, subrayó Bergman, aludiendo a la edición de su actual libro denominado “Celebrar la diferencia”; mientras planteó que “los temas no son de coyuntura, sino de estructura. Además, tenemos una gran dificultad que asumir, que no sólo concierne a nuestros dirigentes sino también al resto de la gente. Y aunque no es fácil tramitar la diferencia; es en la riqueza de la diversidad que se va dar la unidad que proponemos”, aseveró.

P: Usted fue uno de los artífices de la unión entre distintos grupos católicos para lograr el diálogo y la paz en Argentina. ¿Cómo continúa avanzando este tema teniendo en cuenta que años atrás era una cuestión casi imposible?

B: En realidad el mérito es de nuestros maestros; sucede que nos toca cosechar el buen tiempo de aquellos que sembraron con más dificultad. De este modo, aquello que era impensable concretar en la Argentina -que tiene tantas cosas que nos preocupa- también posee dones y bendiciones que destacar, como el hecho de no pelear y matarnos -como en otros lugares del mundo- por la religión. Estamos dialogando entre diferentes creencias y trabajando juntos con esta diferencias, rescatando el legado de Juan Pablo II como referente que abordó el encuentro judeocristiano. Bendita memoria, porque en su grandeza cruzó la plaza de Roma para entrar en la Sinagoga iniciando el diálogo entre hermanos. Esos gestos de un virtuoso como él (que debería ser proclamado santo), nos inspira no solo al diálogo interreligioso, sino también a preguntar a la sociedad argentina qué sector -aunque piense diferente- no puede sentarse a conversar si creemos en el mismo Dios pero con nuestras religiones. Además, por negociar no vamos a claudicar ni cambiar nuestras creencias.

P: Sin embargo, muchos sectores no comprenden esa consigna como tampoco la idea de la construcción de sentido en la diferencia. Mientras que el dialogo entre la derecha y la izquierda para concretar esta alternativa suele dificultarse...

B: La idea es sentar a todos en un mismo lugar, respetando las reglas de juego, para que la diferencia de opiniones no implique pasar al otro por encima, o tener la presunción de que hay vencedores y vencidos, como ganadores y perdedores. Así, creo que la sociedad debe hacer una ejercicio de reflexión con nosotros mismos. En este sentido, hace diez años pedíamos ‘que se vayan todos’ y ahora nos damos cuenta de que lo mejor que podemos hacer es participar comprometiéndonos; porque esto no es un tema de izquierda ni derecha, sino de sistema, defendiendo la Ley y las instituciones para discutir dentro del mismo nuestras diferencias. Sucede así que el problema no es tanto qué pensamos, sino que, como no respetamos las reglas del juego, tampoco cumplimos con las normas; el inconveniente comienza por nosotros y aunque se espera una escala de transformación que venga de arriba para abajo, considero que el cambio vendrá de abajo hacia arriba.

P: ¿La dirigencia política actual maduró accediendo a conformar una mesa de diálogo?

B: Hay dificultades que advertimos permanentemente. Observamos en el oficialismo una cerrazón para reconocer al otro y dialogar; mientras que la oposición, que ganó en la última elección, aún no se pone de acuerdo para llevar adelante lo que prometió: una agenda legislativa con mínimos acuerdos; y cuando los ciudadanos comienzan a pensar quién va a ser candidato y quién va a ganar, se pierde la coherencia de esta propuesta que estamos haciendo y que tiene que ver con los mínimos comunes denominadores. De este modo nos va a llevar más tiempo lograr el cambio cultural basado en los valores, que no coincide con el calendario electoral ni con las emergencias y urgencias. Igualmente soy optimista y creo que vamos a lograr los objetivos si hacemos un buen trabajo, sobre todo los que tenemos la bendición de vivir adentro de la Argentina.

P: ¿Y los excluidos? ¿Cómo participan del proyecto?

B: A ellos me refería; no nos olvidemos que tenemos millones de hermanos que están excluidos, entonces no podemos pedirles que hagan la república, ni que participen como ciudadanos ocupándose de restaurar un sistema cuando no tienen techo, trabajo, ni pan, como dignidad humana. Resulta que esta demanda es para la sociedad, que si bien tenemos temores por algunas cosas, sólo reaccionamos cuando nos tocan el bolsillo o tenemos una tragedia. Entonces, hay nobleza que aún falta desplegar en todos nosotros; y es a lo que estamos apelando recorriendo el interior y planteando la idea de pensar en el futuro de la Argentina.

P: Un alto porcentaje de ciudadanos preocupados por la situación que les toca vivir, se pregunta cómo avanzar...

B: No se sale de donde uno está sin visión de futuro, soñando algo que nos permita trascender y lograr la esperanza, que hoy, lamentablemente los argentinos no tenemos. Esto los podemos aprender de nuestros próceres y abuelos inmigrantes; y también de los vecinos hermanos latinoamericanos, que como Chile, Uruguay y Brasil logran avanzar. Mientras que nosotros no terminamos de salir con toda la potencia que tenemos, estando -peligrosamente- cada vez más cerca del populismo demagógico en lugar de una república plena que nos lleve al progreso.

P: Pareciera que muchos viven en una burbuja considerando que todo está bien, cuando a pocas cuadras está todo en contra...

B: El país son las provincias. Reconocer la riqueza geográfica, cultural y la extensión bendita que tiene la Argentina es muy importante; y no seguir como estamos, siendo unitarios y feudales, con la visión de que lo que no pasa en Buenos Aires no existe en la Argentina. Además, en un país que produce alimentos, qué sentido tiene tener a la gente hacinada, dominada y sometida en cordones donde no pueden tener la dignidad de acceder a un trabajo, educación y salud; en lugar de conducirlas con políticas de Estado para que logren ocuparse dignamente del suelo bendito y fértil que tiene nuestro país para comer.

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