Por Fernando LabordaEs sabido que la inflación es uno de los problemas más preocupantes para la población. La presidenta Cristina Kirchner, sin embargo, se empeña públicamente en minimizar esa cuestión y en anteponer su propio relato: "Nos preocupan las metas de crecimiento y no las metas de inflación".
La inversión extranjera directa ha dejado de favorecer a la Argentina en comparación con otros países de América latina
El argumento que esgrimió Cristina Kirchner fue que, a diferencia de otras economías emergentes, gracias a ese aislamiento internacional, la Argentina no fue invadida por "activos tóxicos", forma en que se refirió a supuestos capitales golondrinas que vuelan por el mundo.
Para el gobierno kirchnerista, si hay alguna razón de la inflación que se niega a reconocer públicamente, ésta se vincula con la presencia de sectores oligopólicos o con comportamientos empresariales relacionados con una suerte de angurria o intención de quedarse con toda la renta. Si ese diagnóstico fuera correcto, no es descabellado pensar que el garrote de Guillermo Moreno pueda ser un buen remedio.
Otra explicación oficial de la inflación pasaría por las expectativas de la gente. Si esto solo explicara el fenómeno inflacionario, la alternativa de disimular el aumento del costo de vida con estadísticas falsas, mediante la manipulación del Indec, también podría ser una receta aceptable.
El problema es que la inflación reconoce, de acuerdo con la visión de no pocos economistas, otros motivos. Entre ellos, desequilibrios monetarios, asociados al uso cada vez más extendido de las reservas del Banco Central para financiar gasto público. Y también, un fuerte fomento del consumo que no tiene un correlato en el aumento de la oferta de bienes. La causa de que la producción de bienes no equipare a la demanda de éstos responde a un miedo empresarial a invertir más, fundamentalmente por la percepción de que faltan claras reglas de juego y sobra inseguridad jurídica, por la inexistencia de políticas que alienten la inversión y por las trabas al comercio exterior, que tornan imprevisible cualquier proyecto para exportar o importar.
La Presidenta sostiene que no debe importarnos la inflación, sino el crecimiento, como si ambas variables estuvieran disociadas
La falta de acceso de la Argentina a los mercados internacionales de crédito también coadyuva a la postergación de decisiones para invertir y favorecer el crecimiento de la producción.
El gobierno nacional no ha sabido o no ha podido resolver este problema. Y para no admitir su fracaso, se empeña en negarlo. Así, la Presidenta sostiene que no debe importarnos la inflación, sino el crecimiento, como si ambas variables estuvieran disociadas. Y también considera que estar aislados del mundo financiero es un privilegio.
Los hombres a menudo fingimos despreciar aquello que anhelamos y no podemos alcanzar. Es la enseñanza que nos ha legado la vieja fábula en la cual una zorra hambrienta ve un racimo de deliciosas uvas, pero al no poder alcanzarlo porque se hallaba muy alto, se engaña a sí misma y termina diciendo: "No valen la pena. No están maduras. Están verdes"..


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