Con velas y en silencio, más de dos mil personas caminaron anoche por las calles que rodean el supermercado Cooperativa Obrera. Es la segunda marcha que se realiza tras el trágico derrumbe.
Anoche, la esquina de Godoy y Ortega y Gasset se colmó de gente, igual que una semana atrás cuando la tragedia sacudía la única sucursal de la Cooperativa Obrera en la ciudad. La jornada coincidió, además, con las detenciones de Néstor Guerrero, el dueño del local; del arquitecto Alberto Diez y de José Silva, el capataz de la obra. Ayer, Evan Aguilar, una de las víctimas, cumplía años.
Para la segunda marcha, nuevamente los familiares solicitaron que no haya consignas ni banderas políticas. En silencio y con velas encendidas, cientos de personas rodearon el edificio donde hasta el jueves pasado funcionaba el supermercado. En la calle, los vecinos y comerciantes, muchos de ellos testigos del horror que se vivió la semana pasada, salieron para acompañar a los familiares.
En la cabeza de la movilización un cartel negro sostenía un solo reclamo: justicia. Tras reunirse en las afueras del supermercado, familiares, vecinos y amigos caminaron silenciosamente rodeando el edificio. Luego pasaron por la EPET Nº 5, donde el profesor Carlos Arrigoni daba clases. “Yo vengo acompañar el dolor, porque me siento herida yo también por la tragedia”, expresó una vecina del lugar. Con las mismas palabras, otras personas justificaron el motivo que los llevó a participar de la marcha.
Un vallado, ubicado en la salida del supermercado, impidió culminar la vuelta a la manzana. En el lugar se ubicaban policías que mantienen una guardia para impedir el ingreso al comercio. Tras finalizar la vuelta, se colocaron velas en la esquina de Godoy y Ortega y Gasset y afiches en pedido de castigo a los culpables.
Pedido
“Ayer hizo una semana que se vino abajo este techo que sepultó a nuestros seres queridos para siempre. Además, nuestro hermano hoy cumpliría años”. Así se refirió a los participantes Mariana Aguilar, hermana de una de las víctimas.
Familiares de Evan Aguilar pronunciaron un discurso en el lugar y solicitaron la condena a los responsables políticos de la tragedia: "Pedimos que la ley alcance punitivamente a estos personajes que no han tenido ningún empacho en ligar la lucha para ver quién tiene más responsabilidad en la cantidad de obras que no cuentan con los requisitos para ser aprobadas. Queda demostrado que hasta la muerte puede ser un motivo para perseguir fines ajenos a la sociedad en su conjunto”, acusaron los familiares. “Como sociedad ya los hemos condenado”, declararon.
Un aplauso general llenó por segundos el lugar. Mientras, conocidos buscaban consolar con abrazos a quienes se quebraban en llanto en las afueras del local. En un momento, la multitud le cantó el feliz cumpleaños a Evan. “Tu hermano está en el cielo, está bien”, fueron las palabras de consuelo que un cura dirigió a la hermana de Aguilar.
Alumnos de la escuela Don Bosco, donde asistía Fedra Yáñez, se movilizaron con velas y fotografías de su compañera. Así también lo hicieron docentes y estudiantes de la EPET Nº 5. “Carlos y su hermano son nuestros profesores. No podemos aceptar todavía su ausencia y queremos que paguen por él y por las otras seis personas que murieron”, expresaron sus alumnos.
En el lugar, los familiares solicitaron que “no nos dejen solos” y que la comunidad acompañe los próximos reclamos “para que paguen todos, desde el que está más arriba hasta el que está más abajo”.
El recuerdo fresco de la tragedia todavía golpeaba a la mayoría de los presentes. Todas las miradas se dirigían a la esquina que ahora mostraba sólo unas persianas blancas. “Que se mueran en la cárcel”, fueron las palabras crudas que pudo pronunciar Maximiliano Yáñez, hermano de Fedra, conmovido por la situación. “Si hoy pasa algo así, va a pasar lo mismo”, sostuvo un docente compañero de Arrigoni. “Tenemos una angustia muy grande”, pronunció.
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