Bagdad y otras 12 ciudades del país sufrieron ataques con bombas, principalmente contra objetivos chiitas; condenan a muerte al vicepresidente sunnita
BAGDAD.- Por lo menos 92 personas murieron y más de 300 resultaron heridas en una ola de atentados en Irak que sacudió a la capital y otras 12 ciudades del país, que sufre una escalada de violencia sectaria desde la retirada, en diciembre pasado, de las tropas norteamericanas.
El conflicto iraquí se calmó desde su momento álgido en los años 2006 y 2007, cuando miles de personas murieron por la violencia sectaria. Pero los islamistas sunnitas y una rama de Al-Qaeda siguen perpetrando importantes ataques, en un intento de avivar las tensiones con los chiitas, que dominan el gobierno.
Los ataques coincidieron, además, con la condena a muerte del vicepresidente sunnita Tariq al-Hasemi, prófugo en Turquía después de una crisis de gobierno.
La ola de atentados afectó a 13 ciudades del país, entre ellas Bagdad, donde explotaron tres coches bomba en distritos chiitas de la capital y dejaron un saldo de por lo menos 15 muertos.
En Nasiriya, 300 kilómetros al sur de Bagdad, los terroristas hicieron detonar una bomba cerca del consulado francés. Según las autoridades locales, una persona murió y otra resultó herida en el ataque. La cancillería francesa condenó el atentado "con la mayor firmeza".
En la misma ciudad, un atentado con coche bomba frente a un hotel dejó dos muertos y otros tantos heridos, informó el director del hospital municipal. Martin Kobler, enviado especial del secretario general de la ONU en Irak, calificó los atentados de "odiosos". El cónsul honorario, un ciudadano iraquí, no se encontraba en la sede diplomática cuando se produjo el atentado. No es la primera vez que el terrorismo islamista apunta contra intereses diplomáticos franceses en Irak. En junio del año pasado, una bomba estalló al paso de un convoy de la embajada francesa en Bagdad.
Los ataques terroristas también se centraron ayer en objetivos públicos iraquíes. Cerca de la ciudad norteña de Kirkuk estalló una bomba en el estacionamiento de la compañía petrolera North Oil Company, la empresa encargada de la explotación de los hidrocarburos en la zona.
El atentado más mortífero se produjo en la ciudad de Amara, en el sur del país, donde dos coches bomba estallaron frente a un lugar sagrado chiita y un mercado. "Trasladamos 16 cadáveres al hospital y más de cien heridos", dijo Sayid Hasanain, miembro de los servicios sanitarios locales. El hospital local se vio sobrepasado por el número de heridos, por lo que las mezquitas de la ciudad pidieron donaciones de sangre a través de los altavoces.
También hubo ataques en las ciudades de Basora, Tal Afar, Samarra, Taji y Baquba, entre otras.
Desde que se marcharon las últimas tropas norteamericanas, el gobierno de Nouri al-Maliki, liderado por chiitas, se estancó políticamente y los insurgentes aprovecharon esa situación para atacar puntos estratégicos y así demostrar que aún pueden socavar la capacidad del gobierno para ofrecer seguridad.
Aunque la ola de atentados de ayer no fue reivindicada por ningún grupo, la rama local de Al-Qaeda señaló recientemente que quería reconquistar el territorio perdido tras la retirada de Estados Unidos. En ocasiones anteriores, Al-Qaeda reclamó la autoría de otros ataques contra las fuerzas de seguridad y objetivos chiitas. Además de Al-Qaeda, ex activistas del ilegalizado partido Baath, del ultimado dictador Saddam Hussein, y otros grupos islamistas sunnitas luchan contra el gobierno de coalición iraquí.
Aunque el número de ataques disminuyó, la violencia sigue muy presente en Irak, un país que lucha además por contener el contagio del conflicto en la vecina Siria.
El resurgimiento de la violencia coincidió ayer con la condena a muerte de Al-Hashemi, acusado de planear asesinatos y organizar escuadrones de la muerte contra grupos rivales.
Al-Hashemi se refugió en Turquía, después de que las autoridades emitieron una orden de arresto en su contra en diciembre, una decisión que avivó las tensiones en el frágil acuerdo de poder suscripto entre sunnitas, chiitas y kurdos.
El vicepresidente acusó a Al-Maliki de orquestar una cacería de brujas contra los opositores sunnitas. Al-Hashemi, que rehusó comparecer ante un tribunal iraquí, fue hallado culpable por la muerte de una abogada y un oficial de seguridad, indicó un vocero judicial.
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