El reimpulso a las cocheras subterráneas desató otra tormenta en el gabinete municipal. El intendente quiere frenar en el Concejo las iniciativas del secretario.
En las últimas horas, el enojo del jefe comunal con su secretario de mayor peso, del que viene dando cuenta este diario, ganó en intensidad por el reimpulso de un proyecto que despierta fuertes tormentas en la ciudad: las cocheras subterráneas.
Bruera está convencido de que Campanaro sacó la iniciativa de los cajones para atender los reclamos de empresarios que lo usan para puentearlo. En otras palabras: está seguro de que Campanaro está operando como un atajo, y eso, como a cualquier líder, lo saca de las casillas porque le lima el poder.
El regreso de las cocheras subterráneas a la superficie de la agenda política local (valga el contrasentido) generó otra implosión en la intimidad del gobierno municipal. Y un tsunami de quejas que inundó el despacho del Intendente. Al menos tres funcionarios que entran a esa oficina sin golpear pusieron el grito en el cielo. Y uno de ellos, que viene chocando de frente contra Campanaro, reclamó límites para el ex concejal radical.
El Intendente reaccionó al estímulo. Le pidió a su hermano Gabriel que encuentre a un soldado dispuesto a inmolarse. El elegido tendrá la misión de operar como un dique que frene las iniciativas de Campanaro, embarrándole la cancha en el Concejo Deliberante.
Bruera quiere, en definitiva, marcar de cerca a Campanaro, recortarle el poder. “Cortarle las piernas”, en jerga maradoniana. Pero no puede hacerlo él mismo. Necesita un mártir para lanzar a los tiburones cuando los amigos que tiene Campanaro fuera del Palacio Municipal salgan a bancar al secretario y reclamen cabezas. Lógico: no puede ser la del Intendente la que termine rodando, ni puede ser Bruera quien desaire a esos sectores, que representan apoyos clave para su gestión.
El soldado que busca Bruera no puede ser un colimba sin instrucción. Todo lo contrario: debe ser un boina verde. Tiene que conocer los intrincados laberintos del Concejo para no dejarse sorprender por un hombre que recorrió cada recoveco de ese mundo. Y debe tener la piel curtida para entrar en batallas de alto riesgo. Al mismo tiempo, no puede ser un imprescindible porque, más tarde o más temprano, deberá poner la cabeza en la guillotina.
Ese último requisito, sobre todo, excluye de la lista de candidatos a dos dirigentes muy jugados con la causa bruerista pero que el intendente quiere preservar. El presidente del Concejo, Javier Pacharotti, y la jefa del bloque oficialista, Valeria Amendolara, son los “jóvenes brillantes” del oficialismo. Son, por tanto, los soldados que deben servir para otra batalla: las elecciones del año que viene.
A menos de una semana de la llegada del invierno, la fricción entre el intendente y su secretario más poderoso sigue haciendo subir la temperatura en el corazón del gobierno municipal. “Esto termina mal”, vaticinó ayer, apretando los labios y meneando la cabeza, un histórico ladero del intendente.



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