Los nueve años del kirchnerismo

El titular del Centro de Estudios, Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, analiza la era K al frente de la Casa Rosada. “Sus logros principales serían tres: reconstituyó la autoridad política presidencial, el crecimiento de la economía y la reducción de la pobreza y el desempleo”, sostiene Fraga
El 25 de mayo se cumplen nueve años de que Néstor Kirchner llegó al poder. En aquel entonces hubiese sido difícil imaginar que hoy, nueve años más tarde, su esposa iniciaría un segundo mandato tras ser reelecta con el 54% de los votos.

Tampoco era fácil imaginar que el PAN en México, que en mayo de 2003 todavía no había cumplido tres años en el poder, iba a cumplir este año doce; que el PT, que apenas llevaba en Brasil cinco meses de gobierno de Lula, gobernaría también doce hasta 2014; que el partido de Uribe en Colombia, entonces con un año de gobierno, lo haría también por doce hasta 2014; y que Chávez, que en 2003 llevaba tres años y medio en el gobierno, llegaría a cumplir catorce este año.

Tampoco que Evo Morales y el Frente Amplio, electos durante la Presidencia de Néstor Kirchner, gobernarían una década continuada en cada caso.

Es que América Latina ha vivido en los nueve años transcurridos desde entonces una década de crecimiento y reducción de la pobreza por los altos precios de las materias primas que exporta y ello ha sido causa fundamental de la fuerte continuidad política que muestra la región, más allá de las ideologías.

Es que esta situación económica ha beneficiado durante más de una década a fuerzas de centroderecha en México y Colombia, a líderes populistas en los casos de Venezuela y Colombia, así como también a expresiones de la izquierda moderada como en Brasil y Uruguay.

Centrándonos en los nueve años del kirchernismo en la Argentina, sus logros principales serían tres.

El primero se da en el campo político y es que reconstituyó la autoridad política presidencial, fuertemente debilitada por la crisis de 2001-2002 con la sucesión de cinco presidentes en diez días en su momento más álgido.

El segundo es el crecimiento de la economía, que si bien operó en toda la región en el mismo sentido, en el caso argentino permitió una salida más rápida y menos dolorosa de la crisis generada con el default y el estallido de la convertibilidad.

El tercero es la reducción de la pobreza y el desempleo, que si bien son también tendencias generales -todos los países del Cono Sur tienen la tasa de desempleo más baja en treinta años-, en la Argentina se dio tras llegar a un deterioro inédito por la crisis. La pobreza, que en 2002 llegó a ser del 52%, hoy se ubica en 22% de acuerdo al observatorio social de la Universidad Católica Argentina y no en el 7% como dice el INDEC.

El gobierno capitaliza ante la opinión pública estos logros, como se evidencio en la elección de 2011. Pero frente a ellos, están también las asignaturas pendientes.

Comenzando por lo político, la división de poderes -esencial para el sistema republicano- se debilitó y se consolidó como contrapartida un fuerte hiperpresidencialismo. Que hoy el Ejecutivo presione al gobernador de Buenos Aires para que establezca por decreto el aumento del impuesto inmobiliario rural es una evidencia de ello.

La segunda está en el campo social y es el fuerte nivel de desigualdad social, que se ha reducido muy poco en los últimos nueve años y se asocia a una baja en la calidad de la educación pública, factor que subraya el hecho de que año a año crezca la matrícula de la escuela privada. Es que la educación pública de calidad es la única política eficaz de largo plazo para mejorar los niveles de igualdad.

La tercera son las relaciones internacionales, en las cuales el país no ha logrado superar el asilamiento que derivó de la crisis 2001-2002. La reciente misión Angola -sin por ello desmerecer a África, que tiene menor desigualdad y menos criminalidad que América Latina y ha crecido más durante la primera década del siglo- ha puesto en evidencia que Argentina tiene limitaciones para insertarse en el plano internacional. La malvinización y la estatización de YPF constituyen una política que si bien puede dejar réditos políticos internos, también genera dificultades internacionales.

Señalados los tres logros y las tres asignaturas pendientes cabe remarcar que, como modelo político, el kirchnerismo ha tenido tres momentos diferenciados.

El primero se da entre 2003 y 2005 y fue denominado Transversalidad, entendiendo por ella la gestación de una fuerza política de orientación progresista ajena al peronismo (del cual Kichner quería alejarse por considerarlo desgastado). Las fotos del Presidente con Binner, Juez e Ibarra (intendente de Rosario, Córdoba y Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, respectivamente) graficaban el proyecto.

El segundo tiene lugar entre 2005 y 2010, cuando Kirchner retorna al peronismo privilegiando la gobernabilidad, Moyano se transforma en su aliado sindical más importante y llega a asumir la Presidencia del PJ tras dejar la Presidencia.

El tercero es entre 2010 y 2012 y se desarrolla a partir de su fallecimiento. Ello da lugar a que su esposa asuma el liderazgo del oficialismo y se gesta una nueva expresión política, acentuando el sesgo ideológico sobre el centroizquierda, tomando distancia de Moyano y del peronismo tradicional y otorgando al estado un rol más relevante en la economía.

La duda que queda planteada ahora, al iniciarse el décimo año de kirchnerismo en el poder, es si el crecimiento económico -que ha sido su activo político más importante como lo fue también para la gran mayoría de los oficialismoa de América Latina en la última década- lo seguirá siendo, dado el cambio de circunstancias internacionales y ciertas dificultades internas.

Aunque también es cierto que, pese al traspié económico de 2009 y la fuerte derrota electoral en la elección legislativa de ese año, el kirchnerismo -que quizás hoy sea más bien cristinismo- demostró una notoria capacidad de recuperación política.

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