Nueve horas y media

Por Mariano Grondona

Se acaban de romper dos récords. En el ámbito deportivo, la final de tenis del Abierto de Australia entre Novak Djokovic y Rafael Nadal duró cinco horas cincuenta y tres minutos, resultando así la más larga en la historia de las definiciones de Grand Slam.

En el ámbito político, el discurso del presidente Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional de Venezuela duró nueve horas y media, una cifra que sólo Fidel Castro pero nunca el propio Chávez había logrado superar.

Chávez fue elegido presidente por primera vez el 2 de febrero de 1999, hace exactamente 13 años. En su maratónico discurso confirmó no sólo que piensa presentarse en los próximos comicios del 7 de octubre de este año para cubrir el período 2013-2019, sino que también lo hará en las elecciones presidenciales para cubrir los períodos 2019-2025 y 2025-2031. Si logra consumar este extraordinario propósito continuista, en 2031 habrá cumplido 32 años en el poder y, si abandona el poder como lo prometió ante la Asamblea Nacional en 2031, para entonces tendrá 77 años de edad.

El discurso del presidente Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional de Venezuela duró nueve horas y media, una cifra que sólo Fidel Castro había logrado superar

Pero el presidente venezolano está aquejado de cáncer. ¿Habrá un "Chávez eterno" o, como sugieren sus opositores, al caudillo caribeño no le quedaría sino un año de vida? Maquiavelo recomendaba no hacerle demasiado caso a los que sueñan con sustituir al príncipe, porque suelen vivir de ilusiones. Chávez habló por nueve horas y media de pie, sin interrumpir su alocución ni siquiera para ir al baño. Es que lo que más le importaba era demostrar ante su audiencia no tanto el "contenido" de lo que decía -¿quién pudo seguir atentamente su larguísima tirada?- sino su capacidad física de resistencia para decirlo, porque la cuestión ya no es lo que dice Chávez sino cuánto más va a vivir. ¿Un año o diez y nueve años?

La comparación con Fidel Castro es pertinente por varias razones. En primer lugar porque es el otro déspota caribeño al que Chávez tiene por confesado modelo, el que recibe de él su sustento económico y el que le da a cambio una "guardia de hierro" de miles de cubanos que residen y operan en Venezuela. Y en segundo lugar porque Chávez, como Castro, ha reducido la historia contemporánea de su país a una biografía personal. Preguntarse por la duración del régimen de Chávez equivale a preguntarse, como en el caso de Castro, por la longevidad de quien lo encarna.

¿Habrá un "Chávez eterno" o, como sugieren sus opositores, al caudillo caribeño no le quedaría sino un año de vida?

Una tercera semejanza entre Castro y Chávez es que sus incesantes discursos por la red nacional de radio y televisión no responden simplemente a una incontinencia retórica sino a un método preciso de dominación. Varios observadores internacionales, entre ellos el ex presidente Julio María Sanguinetti, le han dado a este método el nombre de "hipnocracia". El prefijo "hipno" es una abraviatura de "hipnosis". "Cratos", en griego, significa "poder". De ahí que la "hipnocracia" signifique, literalmente, "el poder a través de una hipnosis". De una hipnosis colectiva, se entiende. Tanto Castro como Chávez han asentado su poder sobre el ejercicio de la "hipnosis colectiva" a través de una secuencia constante e incesante de mensajes por cadena nacional que, si no logran seducir a "toda" su audiencia - una minoría ilustrada los resiste- obran efectivamente sobre la masa popular. Las nueve horas y media de Chávez por la red nacional de comunicaciones es equivalente, y en verdad idéntica, a lo que habitualmente se llama "propaganda". ¿Cuántos empezaron a tomar Coca-Cola y le siguen siendo fieles gracias a la saturación propagandística que impuso y sostiene a la popular bebida?

Pero también hay diferencias entre Castro y Chávez. Aquél no sólo impuso su mensaje propagandístico sobre buena parte de las masas cubanas; prohibió además toda competencia mediante un régimen abiertamente totalitario. Contra Chávez milita todavía, en cambio, una oposición que, después de primarias abiertas, se propone enfrentarlo el próximo 7 de octubre con un solo candidato de alternativa. ¿Pero dejaría mansamente el poder el propio Chávez si ese candidato único de la oposición lo venciera en octubre?¿O Maquiavelo también nos advertiría, en este hipotético caso, contra las excesivas ilusiones de la oposición?.

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