La invasión al país asiático fue planeada por George W. Bush en 2003, con el apoyo de Gran Bretaña, España y Portugal, pero sin el visto bueno de la ONU. Murieron al menos 100 mil iraquíes y 4500 soldados de Estado Unidos.
El presidente de los EE UU, Barack Obama, marcó ayer en una ceremonia militar en Carolina del Norte el fin de la intervención militar en Irak, nueve años después de la invasión planeada por George W. Bush, y subrayó que el resultado es un país “estable”
En su primer viaje a la base militar de Fort Bragg desde que asumió el poder en enero de 2009, Obama marcó distancias con el mensaje de “misión cumplida” que Bush dio dos meses después del inicio de la guerra en marzo de 2003, pese a que el conflicto aún estaba lejos de quedar cerrado.
Vitoreado por los soldados y sus familias, Obama agradeció a las tropas por el “extraordinario trabajo” realizado en Irak, que, dijo, ha permitido dejar tras de sí “una nación estable y soberana”.
Sin embargo, la violencia continúa en Irak. La explosión de dos coches bomba el martes dejó al menos dos muertos y atentados similares mataron a 187 personas en noviembre. La administración Obama reconoció que esa violencia va a continuar.
Obama habló del largo y sinuoso camino de la guerra, teniendo en cuenta que muchos de los soldados que fueron a Irak eran muy jóvenes y él un desconocido senador estatal de Illinois. Se refirió también a las batallas en las ciudades de Faluya y a la violencia sectaria que desgarró al país y recordó a los soldados que perdieron la vida. Más de 1,5 millón de militares estuvieron estacionados en Irak y unos 30 mil fueron heridos.
Obama, que decidió en octubre que las tropas se retiraran de Irak antes del 31 de diciembre, reconoció que “Irak no es un sitio perfecto. Quedan aún grandes desafíos. Pero las tropas dejaron un país que es soberano, estable e independiente, con un gobierno elegido por sus ciudadanos.”
La polémica invasión de Irak fue diseñada por la administración Bush con el apoyo, en la Cumbre de las Azores, del gobierno británico de Tony Blair, el español de José María Aznar y el portugués de José Durão Barroso, y sin la aprobación de Naciones Unidas. Las operaciones comenzaron en marzo de 2003, y dos meses después Bush dio un discurso en el portaaviones Abraham Lincoln sobre la “misión cumplida” en Irak, tras haber tomado el control del Bagdad. Nueve años después, Obama, que ganó la presidencia con la promesa de salir de Irak, centró su discurso en agradecimientos a las tropas por su sacrificio, que se tradujo en cerca de 4500 vidas de soldados estadounidenses y de 100 mil iraquíes.<

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