En franjas de tierras ocupadas a la altura de Don Bosco al 3300 y en cercanías de Vista Alegre II, Villa Talleres y el arroyo Napostá --sobre la calle Juncal-- se desarrollan asentamientos. Sus vecinos, la mayoría jóvenes, cuentan historias de vida de sufrimiento y perseverancia. Desde el ámbito municipal reconocen la existencia de un importante déficit habitacional.
Las villas más nuevas se encuentran habitadas por cientos de personas y ocupan una franja de tierra que corre paralela a la calle Don Bosco, desde el 3300 en adelante; en terrenos cercanos a Vista Alegre II; en la zona de Villa Talleres y, la restante, en tres manzanas cercanas al arroyo Napostá, sobre la calle Juncal y en proximidades del barrio Thompson.
Los precarios conglomerados cuentan con características comunes. Están habitados por familias conformadas por jóvenes de entre 18 y 25 años, con un hijo o más, y casi todas las viviendas son de chapa, madera y cartón.
"La Nueva Provincia" recorrió esos puntos para dialogar con sus habitantes y conocer las diferentes historias de vida de quienes enfrentan una realidad tan dura para ellos como inadvertida para el resto.
***
La villa adolescente
La villa más reciente todavía no tiene nombre, pero bien podría llamarse Villa Adolescente o Villa de la Juventud, por la franja etaria que la ocupa.
Está ubicada en una faja de tierra de un kilómetro y medio de extensión, entre las vías al Noroeste y la calle Don Bosco, desde el 3.300 de esa arteria y hasta el ex Camino Parque Sesquicentenario.
En 2009 se instalaron unas 300 familias, aunque hoy esa cifra se duplicó: son 640, según el delegado del sector Noroeste, Luis Beitelenzt.
Allí viven desde hace una semana Alejandro y Raquel, de 19 y 17 años, junto a su hijo Joaquín, de apenas 9 meses.
--¿Por qué se vinieron a este lugar?
--En la casa de mis viejos estábamos hacinados. Eramos 3 familias compartiendo pequeños ambientes. Además quiero tener mi casa, y esta fue la única oportunidad que encontré", asegura Alejandro, mientras deja de cavar el pozo que en pocos días se convertirá en baño.
La nueva vivienda de la familia es completamente de chapas y ocupa unos 10 metros cuadrados. En el interior sólo tienen una cama de dos plazas, la cuna de Joaquín, y una cocina destartalada. Sobre el colchón pueden verse dos pedazos de pan, que servirán para ese almuerzo. Y una versión de la Biblia.
--¿Leen la Biblia?
-- Si, porque nos ayuda a sobrellevar esta situación. No tenemos trabajo, ni plata, ni nada con lo que podamos vivir un presente mejor. Nos aferramos a Dios, contesta Raquel.
--¿Y cómo sobreviven?
-- Hacemos rosquitas o pan casero y salimos a venderlo. Además cobro 200 pesos mensuales de la Asignación Universal por Hijo por Joaquín, que si bien no alcanza para mucho, ayuda.
--¿Están inscriptos en algún plan de viviendas?
Sí, pero hasta el momento no tenemos novedades. De todas formas soñamos con que en algún momento nos llamen y nuestra situación pueda mejorar, afirma Alejandro.
En el mismo espacio donde vive la joven pareja existen al menos 10 lotes que ya tienen propietarios.
"No usurpar, Flia Mendoza", puede leerse en uno de los carteles que, a modo de título de propiedad, escribieron los nuevos moradores.
Esa misma advertencia se percibe a lo largo de 1.500 metros. Sólo cambian los apellidos.
Pagar el alquiler o comer
Esa fue la penosa encrucijada que debió enfrentar Fabián a sus 23 años, antes de usurpar un lote en la que denominamos Villa Adolescente.
"Alquilaba una casa en el barrio Noroeste, pero con mi trabajo de panadero alcanzaba para una de las dos cosas: pagar el alquiler o darles de comer a mis dos hijos", explica.
Fue entonces cuando preguntó cómo podía habitar el terreno que ocupa, y aunque desde el municipio le pidieron que no lo usurpe, igual decidió mudarse. "Ahora nos estamos acomodando con el dinero", relata.
-- ¿Cuánto tiempo llevás viviendo acá?
-- Vine hace 3 meses, pero por suerte todas las semanas viene gente para poblar el espacio, por lo que el barrio va tomando forma.
-- ¿Estás anotado en algún plan de viviendas?
-- Me anotaron cuando vinieron asistentes sociales de la Municipalidad, pero nunca tuve noticias. A los pobres nunca nos escuchan, encima la presidenta nos dice que podemos comer con 6 pesos.
Los hijos de la bronca
--¿Nota para qué diario?. Yo vine a regar el árbol que plantó mi hijo, que `agarró' un terreno en el lugar y esta levantando su casa, que es ésa, dice Luis Figueroa mientras apunta con un dedo hacia una casilla donde sólo podrían entrar dos persona de pie.
--¿Y vive ahí...?
-- ¿Te parece que un ser humano puede vivir ahí? Sin embargo, el pibe quiere su casa, y esta es la única forma que encontró para lograrlo. Además tiene novia, y la familia se puede agrandar en cualquier momento.
-- ¿Y a usted qué le parece esta situación?
-- Creo que la necesidad lo lleva a este tipo de cosas. Además son hijos de la bronca, del olvido de la clase dirigente. ¿Cómo hace un pibe que a pesar de laburar le resulta imposible tener su terreno, su casa? ¿Cómo hace para vestirse y comer? El tipo de jóvenes que se viene para este lugar, como mi hijo, sigue estando marginados del sistema. No tienen ayuda de nadie--, explica mientras eleva el tono de voz.
--Pero estas tierras pertenecen a una empresa. Las podrían perder
--Creo que los chicos van a luchar por este terreno. La gente aprendió a organizarse, tendrían que venir un domingo para ver cómo los pibes hacen los pozos de los baños y arreglan sus terrenos.
***
Desde la delegación Noroeste, Beitelenzt asegura estar al tanto de la situación. "Desde el municipio se ha trabajado con la gente del sector para que desistan de ocupar esos terrenos, ya que los abogados de la firma FerroExpreso Pampeano --propietaria de las tierras-- denunciaron la ocupación en la Justicia.
"Estamos esperando para ver que pasa", destaca.
Luego explica que resulta muy difícil hacer llegar al sector servicios básicos, como la luz o el agua, aunque según se pudo verificar en la recorrida realizada por este diario, que entre varios vecinos se realizaron colectas para hacer conexiones de agua, que ya funcionan.
"Calculamos unas 640 familias provenientes de diferentes sectores de la ciudad. Llegan desde Noroeste, Stella Maris y otras populosas barriadas", comenta.
--¿Se puede decir que las villas han crecido en la delegación Noroeste?
--Diría que se mantienen. Sin embargo, algunos sectores se extendieron, como por ejemplo Villa Serra II, desde el ex frigorífico Paloni hacia el Camino Parque Sesquicentenario. No sé cuántas personas viven en el lugar y es un problema darles escritura.
El resto, como Puertas al Sur, se mantiene estable. Trabajamos en conjunto con los presidentes de las sociedades de fomento y el personal de Promoción Social, para tratar de asistir y ordenar esos espacios.
La nueva Villa Talleres
Similar es la situación que se percibe en uno de los sectores donde las ocupaciones de tierra son una constante. La nueva Villa Talleres, en jurisdicción de Villa Rosas, florece junto a la vieja, de la mano de familias integradas por jóvenes.
Matías, de 19 años, habita una de las precarias viviendas junto a Verónica, de poco más de 20.
-- ¿Cómo es la vida en el lugar?
-- Como en cualquier otro barrio. Salvo que el otro día tuvimos que sacar c... a unos 15 p... delincuentes que traían motos y televisores robados a una vivienda cercana a la mía.
Ese tipo de vecinos son los que no queremos. El corazón de la gente del lugar es grande, siempre nos ayudamos entre todos e incluso el municipio, con Diego Palomo como representante, se acercó para ayudarnos. Nos dieron estas tierras para que empecemos a construir nuestras viviendas.
--¿Siempre viviste en una casa de chapas?
--No, por suerte, cuando estaba con mi familia, era de material
--¿Y cómo te sentís?
--Me resulta incómodo, pero como se dice siempre: hay que empezar de abajo.
***
El delegado municipal del sector, Sergio Naretto, asegura recorrer la zona de manera frecuente. Los intentos de ocupación eran hasta hace pocos meses una problema que requería de un seguimiento permanente.
"El problema más grave que me tocó enfrentar ocurrió en 2009, cuando varias familias ocuparon tres manzanas de Juncal al 400", la cual también se convirtió en una de las nuevas villas sin nombre.
"En Villa Talleres también se registran intentos de usurpación, a pesar de que esas tierras son bajas y se inundan con cada lluvia. Erradicar las demarcaciones de terrenos suele ser algo común, aunque una vez que la vivienda tiene techo, no la podemos tocar", sostiene.
Luego contó que el problema de las ocupaciones en ese sector generó que una obra de gas, que se estaba llevando a cabo para proveer del servicio a vecinos del barrio El Saladero, se encuentre suspendida.
La cañería debe pasar por un terreno en el cual existen varias viviendas construidas ilegalmente", cuenta.
Necesidad concreta para 9.000
En la dirección de Tierra y Vivienda municipal figuran 9.000 inscriptos con la necesidad de tener una casa propia. Así lo confirma Estela Retta, subdirectora del área.
"La demanda es mucha, pero creo que parte de los planes de vivienda que promueve el gobierno nacional van a dar respuesta a esa necesidad. En nuestra ciudad hacía muchos años que no se construían viviendas como se hizo en los últimos", afirma.
--¿Las villas de la ciudad crecieron?
-- Diría que a medida que las familias crecen, se expanden. Hay una cultura de ocupar tierras, que surge de una necesidad concreta, pero intentamos dar respuesta y pedirle a la gente que no lo haga.
--¿Qué se puede decir de lo que sucede en Don Bosco al 3300
-- Algunas de esas tomas fueron organizadas, aunque no sé por quién. No es lo mismo una familia que ocupa un terreno por motivo propio, a que se trasladen de repente unas 300, como sucedió en ese caso.
--¿Es un problema que se percibe en otros sectores?
--A ese nivel no. Por ejemplo en diferentes reuniones realizadas en Villa Miramar, los vecinos de esa zona han manifestado su intención de ocupar los terrenos del Club Bella Vista para seguir viviendo cerca de sus familias, pero les pedimos que desistan, aunque somos conscientes de que la necesidad existe.
Retta explica que en los últimos años muchas villas nacidas en décadas pasadas comenzaron a transformarse en barrios consolidados, como Villa Miramar, que se originó en los '70 o el barrio 9 de Noviembre y Spurr, que surgieron a fines de los '90.
Un fantasma que sobrevuela
Una consulta realizada a varios delegados municipales detectó que el problema de la conformación de asentamientos ilegales o intentos de usurpación es una cuestión latente en toda la ciudad.
"En varias oportunidades hemos tenido que intervenir para evitar que se ocupen tierras cercanas al barrio 9 de Noviembre, aunque prácticamente no quedan muchas libres en el lugar, pero la gente intenta instalarse en los alrededores", cuenta Norberto García, delegado de Las Villas.
Por su parte, Néstor Saltari, a cargo de la delegación de Villa Harding Green, asegura tener que intervenir en algunas oportunidades ante diferentes llamados de vecinos.
Hubo una tentativa de ocupación de una vivienda hace una semana, pero no es una cuestión de todos los días, ya que no se ven intentos masivos.
"En White no tenemos este tipo de problemas, los barrios menos ordenados no se han extendido porque no existen grandes descampados como en Villa Rosas o Harding Green", sostiene el representante portuario, Mario Tejeda.
Admite, no obstante, que existe una demanda continua de gente que busca de terrenos.
"Siempre pasan por la delegación para preguntar por algunos espacios del ferrocarril", indica.
Comentá la nota