Durante los últimos 20 años, Argentina experimentó un crecimiento en la producción de metales como consecuencia de una inversión muy significativa en el desarrollo de emprendimientos mineros.
A estos productos tradicionales se le suman ahora la extracción de minerales tales como el litio, comúnmente utilizado para baterías de celulares y que guarda relación con las tecnologías verdes.
La evolución de las tecnologías de aprovechamiento de fuentes alternativas de energía, como la solar, la eólica o el hidrógeno, incluyen la presencia de sistemas de almacenamiento que invariablemente necesitan de la utilización de productos derivados de la minería.
Así los tanques de aluminio, los conectores de cobre, las soldaduras de estaño y las baterías de litio forman parte de la avanzada tecnológica verde tendiente a reducir las emisiones de dióxido de carbono.
Las computadoras personales portátiles y livianas demandaron tecnologías de reducción de sus microprocesadores.
Esta industria de la electrónica diminuta ha resuelto el problema de conexión entre componentes microscópicos con el único material disponible lo suficientemente dúctil como para crear cables cientos de veces más delgados que un capilar y con alta capacidad de conducir la electricidad sin pérdidas: el oro.
Pero además de este metal escaso, nuestras computadoras, celulares y electrodomésticos contienen elementos químicos tales como las tierras raras, que son elementos escasísimos disponibles en zonas muy puntuales del planeta.
Así, China posee el monopolio mundial en la producción de tierras raras, al poseer el yacimiento más grande del mundo de estos minerales localizado en Bayan Obo, en la provincia de Mongolia.
Con el 90 por ciento de la producción de las tierras raras en su poder, China posee el control de un material estratégico, al punto que ha limitado drásticamente su exportación a terceros países haciendo de esta ventaja comercial una fortaleza en el mercado de la electrónica, óptica, la energía nuclear y la defensa.
La principal razón por la que China asume esta posición de fuerza es el costo político, social y ambiental que debe pagar para explotar sus depósitos de tierras raras.
Los yacimientos se ubican en zonas de litigio territorial, por lo que la capacidad de China para detentarlos frente a las estrategias de otras potencias se basa en su enorme poderío militar, sostenido con el gasto público del país.
LOS COSTOS
Desde el punto de vista humano, los procesos de extracción de estos minerales implican un alto costo. Tanto la explotación minera, como los procesos de refinamiento, son dificultosos, demandan energía y contaminan el ambiente.
Por eso China penaliza a sus competidores restringiendo la salida de las tierras raras como materia prima, al punto que resulta más conveniente encomendar la producción de los componentes electrónicos directamente en territorio chino.
Se trata de una auténtica política de estado, donde el país se apoya en la minería de minerales escasos para obtener ventajas para su pueblo.
Forzosamente el estudio de las políticas de otros países frente a sus riquezas mineras nos permite ver cómo algunos aprovechan para sí las oportunidades, mientras otros no tienen la capacidad de traducir la riqueza mineral en bienestar para su gente.
Una de las mejores formas de convertir la riqueza minera en progreso y bienestar es acompañar la extracción con la radicación de las industrias de procesamiento de derivados.
Así, a una cuenca petrolera puede sumársele la producción de químicos, fertilizantes, plásticos, combustibles, lubricantes. Es decir con la radicación de industrias básicas que generan otras actividades satélites.
Si estas industrias se arraigan en un ciclo productivo virtuoso, las mismas subsistirán luego del agotamiento del recurso local, ya que la materia prima se transporta fácilmente desde otras latitudes por barco.
Si la producción de metales se iniciara en nuestra provincia con la concreción de un emprendimiento minero, tendremos que exigir también que esta producción incluya el procesamiento local y la integración del metal producido a otras industrias.
Pues no es cuestión de asumir el riesgo ambiental propio de la generación de materias primas sin recibir a cambio los beneficios del desarrollo industrial.
Lejos de hablar de proyectos mineros, deberíamos hablar de proyectos industriales de producción de metales, que involucre la mayor parte de la cadena de valor.
También es importante que nuestra Legislatura avance con un proyecto de implementación del seguro obligatorio de remediación ambiental, ya que esta es una de las formas más razonables de abrir paso al desarrollo sin tener que asumir en soledad el costo de remediación frente a cualquier eventual accidente.
Este tipo de seguros previstos en la Ley General del Ambiente admiten varios formatos posibles, que involucran desde pólizas tradicionales de seguros, como otras más creativas con fondos de remediación bajo el control del estado.
El ejemplo de otros países y de las provincias hermanas nos permite aprender de la experiencia ajena. Esta es la manera más económica de elegir el rumbo correcto tomando lo mejor de cada modelo industrial.
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