Los estupefacientes (300 gramos) estaban escondidos en un calabozo que no tenía presos al momento del hallazgo. Por ello, la dirección del penal abrió una investigación interna para conocer si hay connivencia de los guardiacárceles cuando se ingresa la droga al predio, o sólo son graves falencias en los controles de rutina. En junio pasado, había ocurrido otro hecho idéntico.
La celda donde se efectuó el hallazgo estaba clausurada y sin internos, debido a que allí mismo el pasado 15 de junio fue donde también se encontraron 200 gramos de marihuana en poder de Alberto Masilla, de 25 años, quien está cumpliendo una dura condena por homicidio.
Según las primeras investigaciones, dadas a conocer por el director del penal, José Carrizo, la sustancia habría sido tirada en el patio de la cárcel desde el exterior y luego alguno de los internos la habría colocado y escondido en la almohada del calabozo que está siendo refaccionado.
El funcionario policial supone que “por el ventiluz del calabozo la habrían ingresado a la almohada y la tenían como kiosco, depositando las sustancias que posiblemente la reciban desde el exterior, vía áerea, teniendo en cuenta que hay un patio de recreación que limita con un campo comunero, que tiene un callejón y probablemente desde allí la habrían estado tirando para el patio”.
Por otra parte, se inició una investigación interna en el Servicio Penitenciario Provincial para determinar si alguno de los internos cuenta con la complicidad de guardia cárceles para ingresar la marihuana y además si esta era comercializada en el interior del penal entre los condenados.
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