La nueva vida de los duques de Palma: austera y a escondidas

La nueva vida de los duques de Palma: austera y a escondidas
La infanta Cristina, hija de Juan Carlos I, e Iñaki Urdangarín, acusado de malversación de fondos, dejaron EE.UU. y volvieron a Barcelona para limpiar su imagen
Iñaki Urdangarín carga sobre sus espaldas el mayor escándalo real de la historia moderna de España. Y ahora, además, con un peso adicional: el de tratar de enmendar su propia imagen y la de toda la corona, también averiada por las aventuras de caza -y también amorosas- de su suegro, el rey Juan Carlos I.

Con esa misión casi imposible, denotada por su rostro demacrado y en sus numerosos kilos perdidos, el duque de Palma decidió dejar atrás su vida de ejecutivo en Washington y regresar a Barcelona.

El objetivo oficial de esa mudanza no es otro que el de preparar más afinadamente su defensa en la causa que se le sigue por presunta malversación de hasta seis millones de euros de fondos públicos, que habría desviado en su provecho en 2006, cuando estaba a cargo de una entidad sin fines de lucro, el Instituto Noós.

En su nueva vida, Urdangarín pasa sus días recluido en su casona de Pedralbes, una mansión que suele ser utilizada como símbolo -y posible prueba judicial- de su presunto enriquecimiento ilícito.

Pero no será por mucho tiempo: según la prensa española, el marido de la infanta Cristina, séptima en la línea de sucesión al trono de España, se mudará en breve a una casa mucho más modesta en las afueras de la ciudad Condal, posiblemente en el distrito de Sant Cugat.

Esta medida, de acuerdo con los grandes diarios y las revistas del corazón, se enmarca dentro de un plan para mostrar un giro hacia la austeridad por parte de la familia real.

Con esta mudanza a una vivienda unifamiliar, la familia se libraría del lastre del costoso mantenimiento del palacete de Pedralbes -solo los jardines insumen 3000 euros al año-, que pretende alquilar por 12.000 euros al mes. Claro que no será fácil encontrar un inquilino, ya que la mansión, valuada en seis millones de euros, podría llegar a ejecutarse en el caso de que el duque debiese afrontar el pago de una elevada fianza, o de una sentencia judicial desfavorable.

Mientras tanto, el matrimonio Urdangarín y sus cuatro hijos, Irene, Miguel, Juan y Pablo, comparten el revuelo de cajas y camiones de mudanza con el caos provocado por la nube de fotógrafos ansiosos por cosechar imágenes de la "oveja negra" de los Borbones y de su familia.

Al tanto del asedio de los reporteros gráficos, el duque y los suyos decidieron trasladarse la mayor parte del tiempo en automóvil. Y, con ánimo de despistar a sus perseguidores, en los últimos días optaron por moverse a bordo de un Volkswagen Golf modelo 1995, propiedad de la infanta Cristina, que hasta hace poco empleaba la custodia de los Urdangarín.

"UN FAMILIA NORMAL"

El particular uso dado a este automóvil fue rápidamente descubierto por los reporteros gráficos, quienes advirtieron que algunos de sus hijos estaban a bordo, cuando el coche se acercaba al Liceo Francés de Barcelona, donde estudian los chicos.

Pero los pequeños se las ingeniaron para ingresar por una puerta secundaria del establecimiento, y así burlar a la guardia de fotógrafos. Las únicas imágenes que fueron publicadas sobre esta nueva etapa en la vida de los Urdangarín corresponden a Cristina y sus hijos Miguel e Irene, mientras se acercaban -esta vez a pie- al colegio.

En tanto, la menor de las hijas de los reyes Juan Carlos y Sofía también fue interceptada por las ansiosas lentes de los fotógrafos en el camino hacia su trabajo en la Fundación La Caixa.

Así, los diarios y las revistas pudieron reconstruir, en las últimas horas, una serie de retratos de "familia común" y próxima a la vida cotidiana de la España absolutamente mayoritaria.

No obstante, su marido, Iñaki, necesitará de algunos oficios más para recuperar su tranquilidad. Y el mayor escollo lo presenta la justicia: la oficina de anticorrupción planearía pedirle una fianza nada menos que de cuatro millones de euros: un precio elevado, pero nunca suficiente para comprar el prestigio perdido por una corona española que intenta hacer pie en uno de los peores momentos de la historia reciente de un país agobiado por la crisis..

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