La nueva estrategia de Scioli para no ceder ante los condicionamientos K

La nueva estrategia de Scioli para no ceder ante los condicionamientos K
Con un dejo de ironía, Scioli manifestó que entre él y los Kirchner "la lealtad, el compromiso y la confianza son inquebrantables". Así respondió a los intentos de los K de condicionar su proyecto reeleccionista.
Daniel Scioli, envalentonado por las encuestas que lo ubican muy por encima de cualquier otro candidato del oficialismo en la Provincia, está decidido a ir por la reelección y no depender de la suerte de los Kirchner. Pero, desde la quinta de Olivos intentan marcarle la cancha de forma permanente.

Por eso, el ex presidente en mandato y titular del Partido Justicialista, Néstor Kirchner, en las últimas semanas dio vía libre para que distintos funcionarios nacionales comiencen a mostrarse en la Provincia, dejando la puerta abierta a la posibilidad de que alguno de ellos se lance como gobernador o, eventualmente, integre la fórmula ocupando el lugar de vice.

Obviamente, la estrategia K no causa mucha gracia en la Gobernación bonaerense. Y por ello el mandatario provincial decidió responder con el arma que más rédito le ha dado en su carrera política: la mesura y mostrarse como un hombre de consenso permanente, en momentos en que la rosca política se está volviendo más virulenta cuando falta un año para que se realicen las primarias que definirá las candidaturas.

Scioli afirmó ayer que entre la presidenta Cristina Fernández, el titular del PJ, Néstor Kirchner y él, “la lealtad, el compromiso y la confianza son inquebrantables”. Y rompió así el silencio que mantuvo durante varios días frente a las interpretaciones acerca de que el ex presidente estaría buscando “controlar” el distrito y “condicionar” las expectativas reeleccionistas del sciolismo. Las declaraciones de Scioli tuvieron lugar durante la puesta en marcha un programa de distribución de “kits” de útiles escolares, en La Plata.

No fue casualidad que el gobernador haya hablado un día después de que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, blanqueara sus deseos de enfrentarse a Scioli en una primaria, para definir la candidatura a gobernador. Pero las intenciones de Aníbal se chocan con una realidad: dificilmente un funcionario ligado con la administración kirchnerista, con altos niveles de rechazo en la población, pueda tener una buena performance encabezando la fórmula provincial. A ello se le suma un pasado bastante oscuro del funcionario nacional cuando fue intendente de Quilmes.

El otro experimento K es comenzar a instalar a Alicia Kirchner, hermana de Néstor y ministra de Desarrollo Social, que prácticamente carece de experiencia política y cuyo único mérito parece ser el de manejar una caja millonaria, que poco ha servido si se tiene en cuenta los alarmantes niveles de pobreza e indigencia de nuestro país. A su vez, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, más conocido como el hombre de la eterna sonrisa, es otro que aparece pidiendo pista para jugar en la Provincia. Pero carece de estructura política: salvo cierta influencia que tiene en la cuarta sección electoral, es prácticamente desconocido en el Conurbano, la madre de todas las batallas en términos electorales. Finalmente, está Amado Boudou, el ministro de Economía que también está amagando con una candidatura. Hombre proveniente de la Ucedé, Boudou carece de un perfil político acorde que le posibilite tener éxito en la pelea.

Está claro que los Kirchner recurrirán a cuanto experimento esté a su alcance para intentar mantenerse en el poder, y ello hasta podría implicar reeditar las colectoras que en las últimas elecciones les permitió traccionar votos a favor de él y su esposa.

En la Casa Rosada

Preocupados por la posible fuga de intendentes

Fuentes del PJ cercanas a Kirchner, explicaron que, además de controlar a la estrategia de avalar a varios candidatos a gobernador en la Provincia, responde a “la necesidad de contener a todos los sectores dentro de la estructura del PJ y mante-ner al partido movilizado”, ante la posibilidad de que algunos intendentes del PJ se pasen al peronismo disidente de cara a las elecciones primarias del año próximo.

“Kirchner quiere vaciar la interna del Peronismo Federal, y quiere que todos compitan por adentro en el PJ de la Provincia, porque hay 134 distritos y hay que armar listas en cada uno de esos lugares, por lo que hace falta que todos los dirigentes contengan a sus sectores”, explicó un experimentado dirigente del PJ bonaerense, al aludir al posible lanzamiento de otros ministros e intendentes a la competencia con Scioli.

Un anticipo de la pelea en La Plata

La guerra de nervios que libran por estas horas el kirchnerismo y el sciolismo tiene, en La Plata, uno de los principales teatros de operaciones. En la capital provincial, unos y otros cruzan candidatos como floretes.

A la profusa danza de precandidatos K a la intendencia (Martínez, Carlotto, Bibiloni, Oporto, etc.) y al impulso que el kirchnerista ministro del Interior, Florencio Randazzo, le dio en las últimas semanas a su pollo, el joven sub 40 Guillermo Justo Chaves; otro ministro, pero de Economía y de la Provincia, decidió oponerles el crédito sciolista. En las últimas horas, Alejandría Arlía, uno de los funcionarios que más tiempo pasa publicando frases de menos de 140 carecteres en la red social Twitter (es tan prolífico en comentarios sobre la evolución de la recaudación como sobre fútbol o los espacios lúdicos que disfruta con su hija), decidió apurar la campaña de instalación de Nora De Lucía, la empleada del Palacio de Hacienda bonaerense que sacó a la cancha local para dar pelea.

De Lucía ya tiene afiches. Firmado por la agrupación Peronistas sin Fronteras, la pieza presenta en primerísimo plano los bellísimos ojos celestes de la precandidata y una leyenda tan simple como contundente: “Nora De Lucía-La Plata”, acompañada por consigna prudente: “Kirchner Presidente-2011-Scioli Gobernador”.

Inseguridad

Una estrategia para diferenciarse de los K

Ante el flagelo de la insegurIdad, la estrategia que está llevando adelante Daniel Scioli está generando una fuerte irritación en la administración K, que suele profesar una suerte de discurso vacío de contenido, vinculado a los organismos de derechos humanos, pero sin atacar las cuestiones de fondo.

“Hay que dejar atrás ese falso debate entre garantismo o mano dura o de derecha o de izquierda”, afirmó, días atrás el gobernador. Y dejó en claro su postura bien diferenciada.

La ecuación es conocida: más seguridad, pero menos libertad. Scioli, presa de sus promesas de campaña y de la demanda de la población ante el falego de la inseguridad, desdeña ese dilema, lo reduce a un debate que tilda de anacrónico y elige más seguridad. Y desencaja a los halcones del kirchnerismo, que reivindican un tratamiento “más progresista” del problema de la inseguridad y, además, ve indicios de rebelión política en cada jugada que acerca al gobernador a la mano dura, así como cada vez que le saca el cuerpo a iniciativas de alta sensibilidad para la Casa Rosada, como ha ocurrido, según le facturan en Balcarce 50, con las leyes de medios y de matrimonio gay. Está claro que Scioli no está dispuesto a romper la estrecha relación que su gobierno tiene con las máximas autoridades d ela Iglesias católica y por ello no fue casual que, durante la sanción del proyecto de matrimonio gay, el gobernador haya estado en Europa.

Por estas horas, la tensión marca la relación entre los Kirchner y Scioli. En ese escenario, cada palabra y cada gesto se mira con lupa a ambas lados del Riachuelo.

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