Por Jorge Oviedo |La Presidenta continúa llevando adelante la tercerización del ajuste que no quiere realizar por mano propia. Las cuentas fiscales entraron en crisis y el único plan es que las reducciones y medidas draconianas las haga otro. En eso consiste el aumento de tarifas de transporte urbano y suburbano y la imposición de mayores costos al sector de colectivos de larga distancia.
Desde que asumió la Presidencia en 2007, Cristina Kirchner se gastó todo el superávit fiscal y también el comercial en mantener congeladas las tarifas de transporte y energía. Si la Argentina tuvo sus crisis de "plata dulce" ha llegado ahora a una situación muy complicada por las "tarifas dulces", que ya no pueden ser sostenidas.
Sin permitir el traslado a valores de los mayores costos de los servicios de larga distancia, el Gobierno decidió imponerles uno nuevo para terminar con un paro. Los empresarios se quejaban de desajustes y pérdidas desde principio de año, cuando se cortaron los aportes estatales. La crisis, decían, era una cuestión de tiempo en un sector que, además, sufre la competencia desleal de Aerolíneas Argentinas, alimentada por multimillonarios y crecientes subsidios.
En el bolsillo
También la necesidad de importar cada vez más productos energéticos, pagándolos al extranjero mucho más que lo que se paga internamente, ha causado un desbalance cambiario enorme e incomprensible. La crisis energética, que según Julio de Vido no existe, destruyó dos de los tres pilares del modelo: los superávits fiscal y comercial. La decisión de no asistir a Santa Cruz, mezquinar recursos a Scioli, aumentar las tarifas del transporte tienen efectos en los sectores más necesitados y que más están sufriendo por la recesión. Son muestras de una enorme carencia de recursos.
La caja, además, ya no alcanzará para sostener las tarifas en el interior, ya que los gobernadores, que tienen dificultades para pagar salarios, difícilmente puedan hacer algo para evitar mayores incrementos ante el recorte de partidas nacionales.
El cepo cambiario y la prohibición de remisión de utilidades empresariales e importaciones han causado un daño enorme en el nivel de actividad, que profundiza la debilidad de la recaudación.
Al final del primer trimestre el Estado ya tenía serias dificultades para seguir con los subsidios y sólo la catástrofe de Once demoró los ajustes, que finalmente llegaron y que, en el actual escenario, no serán los últimos..


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