Nueva Córdoba es una "Torre de Babel"

Los universitarios que llegan traen “dialectos” propios. Hacerse entender, uno de los tantos desafíos para adaptarse a la vida de estudiante.
Como siempre ocurre a esta altura del año, por estos días la ciudad recibe un aluvión de estudiantes del interior dispuestos a iniciar sus estudios universitarios. Pero no vienen solos: con ellos traen “dialectos” y vocablos propios de sus ciudades.

La curiosa mezcla puede parecer menor, pero ocurre de forma muy particular en Córdoba, la ciudad con mayor cantidad de población estudiantil universitaria en proporción con el total de habitantes. Sin dudas, un auténtico fenómeno que no sólo se percibe entre ámbitos académicos, sino sobre todo en las charlas con amigos y en los comercios, mientras los estudiantes desarrollan sus compras cotidianas.

Diccionario en mano. Uno de los "termómetros" más eficaces para notar la mezcla son las panaderías. Y es que, los productos del rubro se denominan de maneras disímiles en las distintas provincias del país, e incluso en ciudades. “Es verdad: Nueva Córdoba por estos días parece la Torre de Babel”, refrenda Nora, la dueña de la panadería ubicada justo frente al paraíso de los picnics de universitarios: el Parque de las Tejas.

Para citar un ejemplo, lo que aquí se llama “criollos”, al sur del país se llama “bizcocho”, al norte “tortita” y en Buenos Aires los denominan “libritos”. Los estudiantes que vienen de Río Cuarto les llaman “rasquetas”. “Los de Mendoza les decimos ‘raspaditas’ a un tipo de criollos que ustedes les llaman ‘chipacas’”, aporta Cristian Rosón, un estudiante que necesitó ir varias veces de compras para saber qué hay detrás de las góndolas cordobesas.

Pero no todo queda ahí: muchos jóvenes provenientes de otras provincias insisten en llamar “masitas” a las galletas y “bollitos” a las facturas.

En las carnicerías el fenómeno no es menor: casi todos los cortes tienen denominaciones distintas. Desde los chacinados como “chorizo seco” (la forma de denominar en la zona pampeana al “salame”) hasta el confuso corte “palomita”, que puede ser resuelto de distinta forma, en virtud de la ubicación del mercadito.

“Siempre recuerdo mis primeros días de estudiante que quería comer ‘bocado ancho’ pero lo pedía como “marucha”, tal como le decimos en mi Bell Ville natal. Por supuesto me daban una carnaza que sólo sirve para picar”, recuerda Damián, un joven afincado desde hace algunos años en Córdoba.

Terminología alternativa. La confusión también se da en otros ámbitos. En la facultad, por ejemplo, los tucumanos resaltan los apuntes con “felpas” y no con “marcadores”, y en Cuyo a la cinta de pegar se la denomina “cintex”, vaya a saber por qué. Cuando los sanjuaninos dicen “saco boleta”, en realidad quieren referirse a “regularizar una materia”.

En el ámbito de la diversión y la noche también hay muestras de esta mixtura de lunfardos: “machado” quiere decir “borracho” para los chicos de Santiago del Estero; “tener piojo” equivale a “tener fiaca” para los pampeanos, y “estar cayo” significa “enojado” para los varillenses.

La difícil adaptación. La lista de términos sigue indefinidamente, y adaptarse a ese nuevo “lenguaje” es un tema de charla ineludible en las juntadas de jóvenes ingresantes de destinos variados.

“En realidad, es una de las cuestiones a las que debemos adaptarnos, pero no la única. Los estudiantes que venimos de otras ciudades tenemos que acostumbrarnos a vivir solos y a estudiar a un nivel que no estamos acostumbrados”, dice Cocó, una entrerriana que estudia medicina.

El dato de la universitaria es conocido por las casas de estudio que siguen de cerca el rendimiento de los ingresantes que “dejan los estudios por falta de adaptación”. En la UNC incluso organizan talleres para adaptarse a ese ritmo. Comienzan en abril. Allí se aprende mucho de lo que se necesita vivir y estudiar en esta ciudad.

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Nora - Panadera. En la panadería notamos que todos traen distintos términos desde sus pueblos. Cuando piden bizcochos y pensamos que quieren galletas de grasa... ¡en realidad buscan criollos!

Antonella - Estudiante. Yo soy de Santa Fe y en la panadería llamaba bizcocho al criollito. Cuando ingresé, también me pasaban cosas parecidas en la carnicería.

Nicolás - Ingresante. Nosotros venimos de Entre Ríos y cuando nos reunimos con compañeros de Santa Cruz o otras provincias a tomar mate notamos las diferencias de vocabulario.

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En 2012, los nuevos son más.

Aunque en los próximos días se conocerán las cifras de matriculación finales, los datos provisorios de preinscriptos señalan que, tan solo en la UNC, hay un 9 por ciento más de estudiantes que en 2012.

Para cursar en 2012 se anotaron 27.555 chicos, contra los 24.902 del año pasado. En 2009, no obstante, la cantidad había sido mayor.

El 60 por ciento son mujeres y entre las carreras que tienen más anotados figuran las afines a las Ciencias Sociales, Humanas y la Salud.

Si se pudiera trazar el perfil predominante de los aspirantes a ingresar a la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), se podría decir que es mujer y tiene entre 17 y 19 años.

El 45 por ciento proviene de escuelas públicas y el 60 por ciento tiene algún padre que ha cursado estudios superiores.

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