Adriana Ponce, de la Asociación Civil Contacto Norte, reflexiona acerca del papel de la mujer y cual debe ser el camino.
Fundamentalmente creo, que ese popurrí de roles, los cuales procuramos cumplir, devino de mucho tiempo atrás. De los mandatos familiares transmitidos por nuestra cultura desde niñas desde que somos muy pequeñas.
Aquella ubicación en madres abnegadas que tenían nuestras abuelas, nuestras madres, quienes vivían en otra concepción del mundo y de las cosas, hacía que su posición de sacrificio permanente en la vida, las colocara en el lugar de víctimas muchas veces. Eran el ejemplo vivido de entrega a la familia, al marido, a los hijos, a los otros.
Si bien las conquistas sociales que obtuvieron las mujeres a lo largo de la historia permitieron ir accediendo a algunos lugares impensables, (entre las se destaca la fecha de hoy); justamente estas conquistas que nunca fueron gratuitas ni fueron fáciles para quienes las llevaron a cabo, nos deberían motivar y dignificar al género.
Estas luchas, tuvieron un significado para quienes se jugaron, para quienes lucharon. Sus propios logros terminaron beneficiando a todas las generaciones futuras.
Bueno mujeres ¡debiéramos ir por más! Por más participación en la política, en las decisiones de poder, por más participación en las universidades, en los centros vecinales, en los centros de estudiantes. Por más participación. Esto es lo que se necesita de nosotras. Un rol más activo, más preponderante en la sociedad.
Si no, pongámonos a pensar: es llamativo que no exista el Día Internacional del Hombre, no? ¿Será porque a lo largo de la historia también tuvieron otra posición en la sociedad? ¿Será porque las propias mujeres los hemos ubicados en esos lugares de privilegio? ¿Será porque a nuestras luchas le tuvimos que imprimir un doble esfuerzo?
Sin caer en discursos fundamentalistas, de machismos y feminismos extremos, que no contribuyen a mejorar nuestra cultura, ni nuestra calidad de vida; conduzcamos nuestros destinos hacia una sociedad más justa, más equilibrada, más preparada para sostener cambios permanentes.
Las mujeres de esta época deberíamos empezar por desprendernos de lugares de culpa, de padecimiento, de entrega sin sentido, de actitudes agotadoras para todos, para hombres. Y también para las propias mujeres.
Interesante tarea la que nos toca: mirarnos nosotras mismas, observar lo que sentimos, conectarnos con nuestro propio deseo ¡hacernos cargo, entonces!
Otra gran escritora, Simone de Beauvoir, a quien admiro y adhiero, escribió al respecto: “No quiero que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”.
Cuestión mucho más difícil de trabajar. (Adriana Ponce. Asociación Civil Contacto Norte)
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