Por Adrián Gerbaudo (Redacción LA OPINION). - A mediados de 2008, se presentó en el Concejo Municipal un proyecto de ordenanza que buscaba regular la venta de bebidas energizantes en la ciudad. El apoyo político se suponía que estaba dado, puesto que se fusionaron dos proyectos de diferentes partidos.
De todas maneras, lo que se buscaría implementar también es la prohibición en los lugares habilitados, de la elaboración de tragos que se basen en la mezcla de ese tipo de bebidas con las alcohólicas.
Sin embargo, quedó en la nada. Comenzaron algunas reuniones y los asesoramientos. Hasta que llegó la visita de un personaje que representaba a la Cámara que vincula a las empresas del rubro y su amenza con juicios en contra de la Municipalidad. Con el tiempo, el proyecto, lentamente, pasó a un cajón a dormir el sueño de los justos.
Vale destacar que en aquel borrador se decía que las bebidas energizantes mezcladas con alcohol, pueden provocar: acidez, insomnio, hipertensión arterial, hipoglucemia, convulsiones, hipotensión, arritmia, anular las señales de alarmas que da el cuerpo con relación al cansancio y el sueño, u ocasionar males cardíacos e inclusive muerte súbita debido a que el uso frecuente obliga al corazón a trabajar más de lo que debería hacerlo.
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