Hoy todo Gualeguaychú está de fiesta al conmemorarse los 227º aniversarios de su fundación. Se realizarán actos a los que todos los vecinos están invitados.
El mismo se realizará frente al monumento que perpetúa la memoria del fundador de la ciudad, Don Tomás de Rocamora, en la esquina de Rocamora y Andrade.
El programa previsto es el siguiente:
- Entonación del Himno Nacional
- Marcha a Entre Ríos
- Oración litúrgica
- Colocación de ofrendas florales
- Palabras alusivas
- Palabras de autoridad municipal
- Números artísticos
Cuenta la leyenda...
Por los años 1600, un rico estanciero, Don Gonzalo Pérez de la Viña, corría por estos campos buscando una mujer que era para su vida el horizonte y había desaparecido de su lado.
En una de sus recorridas, el amante desesperado llegó a la costa de un río. Con decisión se internó en el agua y pronto alcanzó la otra orilla, aunque en mala hora: un toro cerril que pastaba a pocos pasos y no estaba habituado a la vista de caminantes, se cuadró bravamente, batió su flanco con la cola en ademán nervioso y embistió hacia Don Gonzalo que, sin tiempo para montar, corrió a pie, seguido de cerca por el animal embravecido. El pobre perseguido, recordando que un hombre echado a muerto era respetado del asta penetrante, se tiró en una depresión del terreno donde brotaban pajas y junquillos.
Llegó el toro, dio un bufido, escarbó el suelo, movió su cola con bravura y se dispuso a embestir nuevamente, cuando Don Gonzalo vio avanzar hacia su cabeza, la achatada y reluciente de una víbora venenosa. Entre Scylla y Caribdis estaba Don Gonzalo: levantarse era caer en las astas de su enemigo; dejarse estar era correr el albur de no levantarse más. Optó por lo segundo pero juró que si salvaba su vida, levantaría en ese lugar, una capilla a San José, el patrono de su casa. Baja el toro la testuz, huele el cuerpo de su víctima pero algo lo espanta: la víbora ha clavado en su nariz, el colmillo agudo y venenoso. Repuesto, el toro embiste nuevamente y otra nueva punzada lo obliga a retroceder. Luego bambolea y cae jadeante.
Años más tarde, Pérez de la Viña cumplió su promesa y fue en las cercanías de esa capilla, que comenzaron a afincarse los primeros pobladores de Gualeguaychú.

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