Los operarios de la cuadrillas del Ente Provincial de Agua y Saneamiento de Neuquén (EPAS) protagonizan una nueva medida de fuerza. Dicen que no hay recursos y que son pocos, y no dan abasto.
En la capital neuquina florecen los manantiales de agua potable y los derrames de líquidos cloacales. Sin llegar al colapso, el servicio es malo, y además no está aun regularizado en el aspecto legal, ya que no hay contrato de concesión del servicio entre el Municipio y el gobierno provincial.
La medida de fuerza no ayuda a nada, salvo en reiterar la información sobre un aspecto notorio de la realidad: el EPAS no funciona bien, y esta situación permanece desde hace muchos años, sin corregirse.
Según los operarios, son solo 16 los que quedan (de unos 50) haciendo trabajos de calle. Esto, para una ciudad de más de 250.000 habitantes, y en una administración pública de miles de empleados.
Es notable la ausencia de conducción política firme de un Ente que no alcanza a ser una empresa, y que se financia con dineros del Tesoro porque tiene una escasa recaudación propia. Lamentable situación, que por repetida, deja de ser novedad.
Comentá la nota