Maestros: el 11 de septiembre tiene una connotación especial. Una fecha que a lo largo de la historia reciente ha modificado sustancialmente su contenido.
Por allá: a las 11:28, hora argentina, del 11 de septiembre de 2001, caía la torre norte. Fue hace diez años y hoy, muchos observan los homenajes que se realizan en la zona donde se produjo la catástrofe provocada por el impacto de dos aviones con pasajeros en las estructuras de cada uno de los dos edificios que eran el blanco del ataque principal. Los datos que se ofrecieron al mundo, tiempo después, informaron de la muerte de 2.978 personas. ¿Qué queda de todo aquello? Nada se sabe, por ejemplo, de la cantidad de ilegales e indocumentados que murieron en el lugar. Se entregaron 1.657 certificados de defunción. Si se toma en cuenta que los dos atentados terroristas sufridos en nuestro país arrojaron una suma de más de cien muertos se deben profundizar análisis sobre lo más importante que sucede luego de un hecho de esta magnitud. Los que quedan vivos, los familiares, las secuelas. Y las secuelas nos hablan de peleas, disputas, hechos de corrupción y ausencia del estado a la hora de reparar los daños. Aquí, los familiares de víctimas de la AMIA están dispersos en agrupaciones que hasta se han enfrentado. Hoy en Nueva York, miles de familiares no participan de los actos de homenaje porque no han sido invitados por falta de espacio o porque, directamente no quedaron registrados. Hay juicios de por medio y hasta un negocio inmobiliario en la zona del World Trade Center, por la construcción de monumentos recordatorios, en el lugar en el que la tierra tenía el precio más caro del planeta. Los medios informan hoy, sobre detenciones de “terroristas” en diversos países. Los guardias de seguridad en el Pentágono o en el lugar del acto central se cuentan por miles. Muchos “periodistas” anuncian con voz lúgubre algún hecho durante la jornada del décimo aniversario. No es fácil hablar o tratar de referirse a este acontecimiento que permitió luego, en principio, más invasiones y guerras y la muerte de, al menos, 200 mil personas, sólo en Irak y Afganistán. Doscientos mil muertos después de la caída de las Torres Gemelas. Invasión, destrucción y negocio. Alguien podrá explicar, con el correr del tiempo, qué fue lo que sucedió aquella mañana, hace diez años. Lo que pasó después lo conocemos casi a la perfección. George Bush y Barak Obama, presidentes norteamericanos, en blanco y negro, sólo por el color de su piel, saben bastante más de lo que le han dicho a su pueblo. El resto del mundo, los observa y, en mayor o menor medida, los sufre. A ellos y a sus cómplices, Osama Bin Laden, incluido. Los Estados Unidos les deben muchas vidas a todos los países del mundo. Y a su propio país, también.
Nuestras Torres : la etapa preelectoral aparece como desdibujada. Como terminada. El resultado de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), despejó un camino que aparecía como “desconocido” para la oposición al Gobierno nacional. Saladillo aparece como un islote para la Unión Cívica Radical, desvencijada, aturdida y extinguida. Cuenta aquí con Carlos Gorosito y José Luis Salomón, lo que le permitió, mezclada con la agrupación de Francisco de Narváez obtener una importante suma de votos. La polarización hizo su aporte y “Goro” marcha hacia su sexto mandato con comodidad. Claro que “no todo lo que reluce es oro”, asegura el enigmático dirigente que cuenta sus pesares. “¿Quién dijo que es el último mandato de Gorosito”. Él mismo lo repite con asiduidad. “Ya llegará el operativo clamor. ‘Goro’ no dejará el sillón mientras no le ganen en las urnas. Y si ello no fuera así no le cederá un centímetro de espacio político a quien osó enfrentarlo. Allí está Alejandra Lordén negando cualquier aspiración futura. Pero esto es hoy antes del 23 de octubre. Ya verán”. El analista se devana la sesera pensando en diversas alternativas futuras. Y, casi siempre llega a las mismas conclusiones. Gorosito no deja ni dejará pasar a nadie. Es un juego que sabe jugar. Mueve las piezas en el tablero. Elucubra. Hoy paga el precio Alejandro Armendáriz. ¿Qué están haciendo?. Están minando su candidatura. Los problemas personales entre el concejal Jorge Negri, seguido de cerca por Marcelo Tomatti con el escribano y concejal Ricardo Lissalde ocupan un espacio que cualquiera podría definir como patético y ridículo si se estuviera hablando de política, en serio. El hijo del fallecido ex Gobernador y el ex senador provincial, merced a un acuerdo espantoso entre Ricardo (el apellido Alfonsín le queda extremadamente grande) y Francisco de Narváez, los ubicó en “tándem” en la lista de candidatos a diputados provinciales por la UDESO. Es el “uno-dos” que deberían votar “gorositistas” y “salomonistas” dentro de 42 días. Surge clara y repetidamente la pregunta. ¿Qué están haciendo?. El Jefe Comunal no dudó en calificar como “ladino” a Ricardo Lissalde en la campaña electoral de 2009. Pero esa calidad de astuto y sagaz no es comprendida como tal. Para Jorge Negri es un enemigo a derrotar y no dudará en llevarse puesto también a Alejandro Armendáriz si ello conviene a sus actuales intereses. Lo sucedido el viernes pasado en el HCD es una clara demostración. Algunos concejales de los que asistieron a la nueva puesta en escena del Concejo en Comisión pensaron que la “trifulca” derivaba en una confrontación física entre el Ingeniero y el Escribano que se dijeron de todo, mientras el presidente del Cuerpo y primer candidato a Diputado provincial observaba el cuadro. La situación que se mantiene latente en el bloque oficialista da para pensar en, al menos, dos cuestiones. Una de ellas es que hay diferencias en el seno del Bloque y por eso no hay definición y la otra es que, decididamente, se han dispuesto, con la venia del “Caudillo”, a pulverizar la candidatura de Ricardo Lissalde aunque ello implique que se pierdan dos bancas para Saladillo. No se entiende de otra forma mantener un tema menor, hay que decirlo, durante 14 meses y, aún peor, en momentos previos a una crucial elección. Hay antecedentes de incompatibilidades en el mismo Concejo Deliberante sobre temas similares. Vale constatarlo. Así, la situación seccional de la UCR se complica porque los votos de Saladillo son vitales para alcanzar el piso electoral. Si la decisión política fuera otra sería importante que los más altos dirigentes y funcionarios del radicalismo se abroquelaran alrededor de la candidatura del médico cirujano que hoy aparece casi desorientado en medio de una lista que naufraga, con candidatos divorciados, un Alfonsín que deambula, un De Narváez que ya no sabe qué inventar y un “Pepe” Scioli que está por “volar” de la papeleta si no justifica su domicilio en la provincia de Buenos Aires durante los últimos dos años. En definitiva, si en Saladillo no le dan una manito a Alejandro, ¿qué se puede esperar en el resto de la Séptima?. Cual Torres Gemelas, algunos sólo esperan la salida de algún “avión” que derrumbe cualquier aspiración. A estas alturas Armendáriz y Lissalde parecen ser lo mismo. El enigmático dirigente dice que “al final parecía que no se caían pero se cayeron una detrás de otra”. Quien escribe le preguntó: “¿Las torres?”. “No, las candidaturas. Después le cuento del Frente para la Victoria y la nueva política”. Y se fue.








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