Como fue sucediendo en distintas partes del mundo Noriega, fue usado por el gobierno norteamericano como excusa para lanzar una invasión sangrienta contra Panamá. Murieron más panameños en esa invasión que los que habría matado el acusado.
“Mi propósito es regresar a Panamá y probar mi inocencia... Dios la bendiga a usted (la jueza), a mi familia, a mis enemigos y a Francia.” Esas fueron las palabras de Noriega cuando la Corte de Apelaciones autorizó su extradición a Panamá. La historia de este hombre de 77 años ilustra las marchas y contramarchas de los años de plomo en América latina y la responsabilidad directa de las grandes potencias en las decenas de miles de muertos que la represión y las dictaduras dejaron en los años ’70 y ’80. Noriega fue el heredero de una revolución popular que encabezó el luego asesinado general Omar Torrijos en un supuesto accidente de avión. Se dijo en ese momento que el jefe de la Guardia Nacional panameña había sido víctima de un atentado de la CIA. Noriega, que nunca tuvo la popularidad de Torrijos, fue perdiendo legitimidad en elecciones que fueron muy polémicas y se fue debilitando ante las presiones del gobierno norteamericano.
La relación de Noriega con Francia también tuvo sus altibajos: en 1987, el presidente socialista François Mitterrand lo condecoró con la distinción más alta que ofrece el país: la Legión de Honor. En 1999, la Justicia francesa lo condenó en ausencia a 10 años de cárcel por lavado de dinero luego de haber confiscado sus bienes, que eran muchos. Noriega había sido formado en los servicios de inteligencia en escuelas tan antagónicas como la CIA y el G2 cubano. Inclinado a las prácticas más conspirativas, se fue alejando del estilo más abierto y popular de Torrijos. Como sucede después de cada invasión de ejércitos de las potencias, las investigaciones llegan a la conclusión de que la invasión estaba justificada por la calidad del invadido. Así, los investigadores franceses encontraron un tesoro de cuatro millones de dólares en las cuentas que supuestamente Noriega habría abierto en los bancos CIC, BNP, Crédit Lyonnais y Banco do Brasil, todos con sede en París. Como en otros casos similares en América latina, en Africa y en Asia, aquí la Justicia francesa aseguró que logró probar que, en un solo día, la mujer de Noriega había llegado a gastar 100 mil dólares en joyas. Según esa investigación, la forma en que se transferían los fondos habría sido la siguiente: el dinero salía a través de una cuenta panameña del BCCI (Bank of Credit and Commerce Internacional, cerrado en 1991 por fraude internacional generalizado), luego transitaba por Londres y París, de donde volaba hacia Luxemburgo, Suiza y Austria.
La línea de defensa adoptada por Noriega y sus abogados fue proporcionalmente opuesta a las acusaciones: sus abogados franceses presentaron documentos de la CIA y de la DEA en donde ambos organismos alaban el papel de Noriega en la lucha contra el narcotráfico.
Apenas se inició su juicio en París, Manuel Antonio Noriega dijo en los tribunales que durante su mandato “cumplí con exceso la represión contra la droga y por eso recibí los mejores elogios de Estados Unidos, de Interpol y de muchos países que se beneficiaban con la lucha contra los narcotraficantes”. Luego hizo una radiografía de su desgracia, es decir, de las razones que, según él, desencadenaron la intervención de Washington: “Los Estados Unidos quisieron terminar con los sandinistas. El almirante Poindexter (ex jefe del Consejo de Seguridad del presidente Ronald Reagan y uno de los artífices del famoso Irangate) vino a Panamá. Nos dijo que debíamos ser la vanguardia de la lucha contra Nicaragua. Entonces dije que no. Poindexter golpeó su pipa contra la mesa y me dijo que yo iba a retirar lo que acababa de decir. Fue a partir de allí cuando comenzó la propaganda negativa contra mi persona después de haber tenido años de cooperación con Estados Unidos”.
Ante su espejo, Noriega es un hombre íntegro que se opuso al imperio que quería “arrasar con todas las fuerzas de la izquierda”. Es difícil saber cuál de las dos versiones es la verdadera, aunque en el caso de las que proporcionan la CIA y los servicios de inteligencia franceses que colaboran con ella, se da la coincidencia que sirvió de argumento para una invasión sangrienta, con miles de panameños muertos en el medio, muchos más de los que Noriega habría matado. Para Estados Unidos el general fue un operador del narcotráfico y un brazo del cartel de Medellín.
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