La historia muestra cuáles son las trabas para la recuperación de países destruidos por catástrofes
Talca, que recién ayer comenzaba a recuperar la electricidad en algunas manzanas, fue tierra de nadie hasta la llegada, anoche, de efectivos militares. A la falta de energía eléctrica, que significaba noches de total oscuridad, se sumaba la llamativa ausencia total de policías y carabineros: la ciudad, que venía de salir de un devastador terremoto y enfrenta el temor a la escasez de agua y de alimentos, era una zona liberada. En la noche del domingo, se escucharon varios disparos.
"Andaban seis tipos rondando el lugar a pie. Por eso nos organizamos, todos los vecinos", contó Héctor Muñoz, un joven universitario que, junto con un vecino suyo, hacía guardia en una esquina al lado de un fuego y armado de un palo y un hacha.
Casi nadie parecía dormir en Talca hasta antes del toque de queda. Aquellos que no hacían guardia en las esquinas estaban en las puertas de sus casas, sentados en reposeras o dentro de carpas para combatir el frío nocturno. El centro histórico, uno de los más destruidos por sus construcciones de adobe, se convirtió también en uno de los principales blancos de los saqueadores, que aprovechaban las paredes demolidas para irrumpir en las viviendas y robarse desde comida hasta electrodomésticos.
"Estas son casas antiguas pero bien mantenidas. Son casas que resistieron todos los terremotos y recién se cayeron con éste porque fue demasiado grande. La gente duerme afuera, en las veredas, por temor a que se derrumbe la casa y para cuidar sus cosas", dijo Amado Peñalba, que nació en el centro histórico y rescató a su madre de las ruinas de su casa, situada en ese mismo barrio.
"Vivo aquí enfrente. Mi casa está totalmente hecha pedazos. Estamos afuera para cuidar que no haya ningún robo. Tenemos palos. La gente aquí tiene miedo", agregó Camilo Reyes, mientras se calentaba las manos en el fuego que compartía con Amado Peñalba.
Mientras tanto, como un disco rayado, los locutores de la radio local Paloma, la más escuchada en Talca, pedían a gritos el toque de queda y sus oyentes contaban al aire supuestos robos. "Ayuda por favor. No entiendo por qué no declararon el toque de queda. Estamos indefensos", dijo la oyente Sofía, que anoche debía respirar más tranquila luego de que, finalmente, comenzó a regir el estado de excepción.
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