El 28 de mayo se celebra en Argentina el Día de la Maestra Jardinera y los Jardines de Infantes en homenaje a la fecha del fallecimiento de la educadora Rosario Vera Peñaloza, quien dedicó su vida a la educación y fundó el primer Jardín Infantil en nuestro país.
Marcela nació en Bolívar y, si bien sus primeros estudios fueron de maestra de primaria, se dedicó más a su segunda carrera: profesorado de inicial, comúnmente llamada maestra jardinera.
Terminó el colegio secundario en 1978, "en ese momento me podía ir a estudiar a otro lado pero no era una época segura, mis padres en ese momento no estuvieron de acuerdo con que yo me fuera y estoy muy agradecida a eso", recuerda. Fue así como empezó el profesorado de maestra al año siguiente.
Cuando su primera hija tenía un año de vida se dedicó a estudiar el profesorado de inicial y según cuenta, "fue muy rica la experiencia con profesores que realmente tenían una muy buena formación, como Coca Bruno y Bety Albo, formamos un grupo muy lindo".
Sus primeras suplencias como docente fueron en un colegio privado en el año 1985, luego pasó a uno del estado hasta que llegó a una salita de tres de un jardín de infantes y ese fue el nivel al que más tiempo le dedicó en toda su trayectoria como docente.
Algunos de los jardines por los que Marcela pasó fueron el 4, el 9, el 1, el de Villa Diamante y el 5, "el de mi barrio", dice orgullosa al mencionar a este último y con una mano en el corazón. "Fui muy bien recibida en todas las comunidades, a pesar de que la sala de tres no es fácil", asegura.
¿Cómo es ser la maestra de la salita de tres?
- Hay que ser muy especial en el sentido de que hay que saber captar no solamente la necesidad que trae el niño, sino también todo el bagaje, las angustias que trae la familia al depositarte a un niño.
Hay un desprendimiento que es bastante fuerte y tienen que saber que se va a poder cumplir con las expectativas, hay que darle tranquilidad a la madre para que ella pueda dejar a su hijo.
Hoy en día muchos nenes vienen con el maternal hecho entonces es mucho más fácil, pero antes había que adaptarlos y estaban quince o veinte días llorando, con sus mamás acompañando, antes eran momentos bastante difíciles para todas las familias.
En las primeras reuniones siempre les dije a las mamás que un niño cuando llega al jardín, se lo tiene que recibir y pensar "si fuera mi hijo cómo me gustaría que lo traten", por otro lado pienso, es tan corto todo, el mundo y el sistema es tan salvaje en este momento con el ser humano que en estos instantes que tiene el niño de su pasaje por el nivel inicial, mi única satisfacción es que sea feliz.
Es una alimentación de ida y vuelta y cualquier docente del nivel inicial puede decir que cuando se entra a la sala se olvida de todo, es un momento muy feliz, muy ameno y se sale renovada, eso es lo que yo sentía y siento cuando estoy con los chicos en la sala. Es nutrirse de ellos y a su vez ese juego que existe permanentemente es el que permite que uno sea feliz en el momento.
La sala de tres es un gran sacrificio como docente porque se pasa todo el año tratando de que los alumnos se adapten, que tengan hábitos y cuando pasan a la salita de cuatro y los veo bien, me reconforta. Todas las salitas del jardín tienen su magia y son encantadoras.
Pese a las adversidades que rodean a la docencia, Marcela volvió a elegirla cuatro veces en su vida al estudiar los profesorados de maestra, nivel inicial, maternal y ciencias políticas. Luego de 25 años de trabajar como educadora, en 2013 llegará su jubilación y asegura que piensa en hacer otras actividades pero siempre referidas a los niños, eso demuestra cuan profunda lleva consigo a su profesión.
¿Cómo enfrentas la docencia?
- Tengo la capacidad de reponerme ante todos los golpes que va dando la vida, porque a pesar de todo lo que se dice, los docentes somos seres humanos, tenemos familias, hijos que se enferman, vivimos en una comunidad, tenemos que perder mucho de ese individualismo al que el sistema nos somete y tenemos que aprender que no solamente nosotros tenemos problemas y no sólo nuestro sueldo es miserable.
La familia que llega al jardín también tiene sus problemas, a veces el niño es emergente de un problema familiar y no necesariamente tenemos que ir con "chusmeríos", sino simplemente entender a esa familia del por qué está en esa situación.
Por otro lado, lo más complicado que se me presentó en la carrera es la planificación, para mi es un escollo bastante grande, después creo que todo se soluciona con el diálogo.
Apuesto a que el docente tiene que estar en los problemas de la comunidad, tiene que ser una persona más donde está trabajando, no puede ser una persona que está cuatro horas dentro de una sala, salir corriendo y olvidarse de todo, por supuesto que tenemos otras cosas, como nuestras familias, pero nuestro jardín no es un hecho aislado o un planeta que anda girando por ahí.
Nuestro jardín con su comunidad de padres y de docentes tiene que ser entendido y comprendido en la realidad social que se está viviendo y a veces no solemos ver esas cosas los docentes, yo veo que se trabaja mucho por el ascenso social o por obtener algo material pero hay otras cuestiones mucho más importantes en la vida que es el ser humano en si, un hombre que crezca con otros valores que quiera a la comunidad y a su grupo.
¿Cómo ves hoy a la educación inicial?
- Me encanta como se está trabajando, fui al acto del 25 de Mayo en el jardín de mi nieto y me encanta como se toman los recortes porque hay mucha libertad, valoro mucho las investigaciones previas que se hacen al presentar un tema y ese trabajo por ahí no se ve tanto desde afuera.
Yo soy crítica con el sistema pero también tengo que decir que realmente hay una gran apertura para que los chicos tengan libertad y sean seres humanos críticos. Hace algunos años inicié en sala de cuatro un proyecto llamado "Filosofía para niños", trabajamos durante todo el año con el diálogo y salieron cosas maravillosas.
El año pasado con mis compañeras hicimos un proyecto de muralismo de arte y como resultado un mural, previo a eso busqué mucha información, charlé con muralistas chilenos, bajé murales latinoamericanos, me comuniqué con chicos que hacen murales del conurbano. Cuando lo hicimos, la comunidad no tuvo problemas en ir los fines de semana a trabajar y en un mes armamos ese majestuoso mural en el jardín 5. ¿Cómo no voy a estar orgullosa del nivel inicial?, si realmente, pese a todas las adversidades que existen en nuestra sociedad es una gran esperanza porque realmente se permite pensar.
El gran cambio que veo es que gracias a Dios los docentes tenemos mucha libertad, lógicamente tenemos un encuadre teórico al cual tenemos que tomar como guía que es el curriculum, pero después cada uno, teniendo esa fundamentación, tiene la libertad y es dueño en la sala. Al ver que hay necesidades de otros tipos y se pueden cambiar, es muy lindo.
También por el 25 de mayo, mis compañeras investigaron sobre los actores sociales no relevantes que estuvieron en la revolución de mayo y toda la familia investigó y aportó, hay que saber aprovechar las nuevas tecnologías. Que un niño de cuatro o cinco años hable de Guadalupe Cuenca o Juana Azurduy, es muy importante porque son mujeres que hicieron nuestra revolución y eso es nuevo también para nosotros porque también nosotros nos estamos formando en esta democracia y es lindo aprender junto con nuestros hijos, con los alumnos, estamos aprendiendo a ser críticos porque no lo sabíamos hacer.
Creo que hay que presentar a los próceres como seres humanos, de carne y hueso que tuvieron sus familias, sus hijos, que también tenían sus problemas. Hay que mostrar todas las facetas de la historia y las maestras jardineras tienen que estar muy preparadas porque tienen que tener una buena formación para luego darle lo mejor a los niños.
A veces hay información que es un poco cruel, como la guerra de Malvinas, pero los niños deben saber que hubo una guerra, este año para referirme a ese tema pregunté a los alumnos ¿qué es la guerra?, ninguno me supo decir y de repente pensé ¡qué bueno que ninguno sepa lo que es la guerra!. Así, lo tomé por otro lado y busqué pequeños hilos para no ser cruel con la información.
¿Nunca ocupaste un puesto directivo en 25 años dentro de la docencia?
- No, a mi me gusta mucho estar en la sala. Por un problema de salud en un momento hice tareas administrativas y extrañé horrores nutrirme de esa energía de los niños, la felicidad que te dan. Alejarte de la sala significa morir.
Desde junio voy a cumplir otro tipo de tareas y empieza una nueva etapa, se van cerrando ciclos y todo tiene su lado positivo. Me siento muy feliz porque la relación con la comunidad es muy buena y muy gratificante.
¿Cómo vas a recibir tu jubilación?
- Va a ser el año que viene, para esta fecha y creo que tengo que dedicarme a otras cosas, uno prioriza a sus hijos y me gustaría hacer algo que me gusta.
En mi vida como docente siempre trabajé en un solo turno pero hubo momentos muy complicados que tenía mis hijos chicos y trabajé en doble turno por dos o tres años, pasa que a veces hay que ser mamás y papás, hay muchas docentes que tienen que mantener sus casas y dedicarle tiempo a sus hijos y sus problemas, hay que dividirse.
¿Cómo supiste repartir tu tiempo entre tus hijos y la docencia?
- Como todo lo que acontece en la vida de un ser humano, cuando se tiene hijos sucede que ellos a veces tienen problemas de salud y uno tiene que dedicarle tiempo, ahí es donde se tiene que dar parte de la vida a esto.
Uno cuando se tiene que tomar licencia siente culpa por dejar a los chiquitos pero el tiempo que tuve que dedicar a mi hija menor por una enfermedad, los padres lo supieron entender y estoy muy agradecida porque ellos me acompañaron mucho.
Tengo anécdotas maravillosas, muy lindos recuerdos y hoy llegan los padres que fueron alumnos del jardín con sus hijos y da una gran satisfacción saber que vuelven a elegir nuestro jardín para la educación de sus hijos.
También trabajaste en otros niveles fuera del inicial, ¿cómo fue la experiencia?
- Si, fui docente en varios niveles y me encanta trabajar también con adultos y adolescentes, pero en el nivel inicial se da la socialización pura, se comparte, se aprende a compartir, esa socialización que tendría que existir hasta el fin de los días y solamente se ve en el nivel inicial.
El hecho de compartir un lápiz, si hay golosinas hay para todos o no hay para nadie, eso no existe en los otros niveles. Que cruel que es el sistema que se produce una ruptura y hace que el niño cuando crece y se hace adulto, se convierte en individualista.
Que lindo si pudiéramos rescatar esa enseñanza que tenemos en los tres años del nivel inicial, donde realmente el ser humano comparte y sale trabajando en un verdadero equipo, cuanto tenemos que aprender de un niño que está en esa etapa.
Siempre valoro eso de este nivel porque es muy interesante el fenómeno que ocurre y no pasa en los otros niveles que, si bien tienen sus atractivos y sus cosas lindas, a mi me gusta el inicial.
También trabajé en maternal porque en su momento abrí un jardín en lo que era el gimnasio de Pablo Calderón con la compañía de él y de su esposa Rita pero fue un sacrificio muy grande porque tenía mis hijos chiquitos, me quedaba lejos y lo tuve que cerrar.
¿Cómo era despedirte de tus alumnos de la salita de tres?
- Me costaba mucho porque me encariño, es como una familia, es muy difícil, es hacer un duelo todos los años.
Es también difícil el inicio, cuando empezás tenés que brindarte para que esos padres que llegan ansiosos, no saben quien sos y tenés que tratar de tranquilizarlos y hacerles saber que se va a tratar de que su niño sea feliz mientras esté en el jardín.
Despedirse cuesta muchísimo, de todos modos, en la medida que los docentes aprendamos a dejar de lado el individualismo y creamos realmente que estamos insertos en una sociedad muy problemática y que la idea y el objetivo nuestro sea que los niños jugando y aprendiendo sean felices, que en las cuatro horas que pasan con nosotros tengan momentos de felicidad no porque en sus casas no lo tengan, sino para que su formación sea buena y tengan una buena base, de eso no se olvidan jamás y yo como docente tampoco.
¿Cómo ves el futuro de la educación?
- Tengo una gran esperanza para los cambios que queremos, que la sociedad cambie y que el ser humano se forme con otros valores. La base está en el nivel inicial, esa semillita la ponemos los docentes del nivel inicial por eso no cualquiera es maestra jardinera, me siento muy orgullosa de mis compañeras que trabajan mucho para que ese hombre nuevo al que aspiramos llegue a serlo.
Hoy quiero hacer un homenaje a todas las maestras del nivel inicial pero fundamentalmente a esas maestras que trabajan en el campo, yo trabajé en el campo y comprendí el sacrificio de dejar a los hijos acá. Aquellas maestras que abren jardincitos en el campo aún con muy pocos niños y en estos tiempos que el clima es tan difícil, sumado a lo económico, porque se cambia la plata.
Realmente se tiene que tener un amor inconmensurable hacia la docencia y al ser humano para no abandonar y continuar, eso tiene mucho valor y son dignas de respeto.
¿Qué recordás de tu paso por el jardín?
- (Risas) Fui a la sala de cinco al jardín 1 y no me podían hacer entrar, lloraba como una marrana. Iba en un colectivo y el último día, al verla a mi mamá parada en mi casa, me tiré del colectivo llorando porque no quería saber nada con ir al jardín.
Después al estudiar empecé a disfrutar de cada momento con mi grupo de compañeras, de la recreación, de los juegos compartidas, la música, la expresión corporal, el momento del abrazo, la contención que uno brinda y son todas cosas positivas. El nivel inicial es un mensaje de esperanza para la sociedad.
Sin dudas, si tuvieras que volver a elegir, optarías por ser maestra de inicial…
- Si y más ahora que uno tiene ese ejercicio libre, crítico, que sabe como pararse frente a la sociedad y decir esto me gusta, esto no me gusta, esto se puede mejorar.
Nunca dudé mientras me estaba formando y creo que fue por dejar salir al niño interior que uno tiene, que lo tiene que dejar ser feliz y que comparta con otros seres humanos.
Hay que respetar a los niños que se merecen todo el respeto del mundo, ya que son ni más ni menos que hijos, porque yo los siento hijos.
Para finalizar Marcela quiso agradecer y a la vez demostrar su reconocimiento hacia sus compañeras. "Estoy muy agradecida por todo lo que me brindó la docencia y en todas las comunidades que trabajé como también a mi familia, mis cuatro hijos, mis padres y hermana, también estoy muy orgullosa de los padres de los alumnos que me tocaron porque es gente maravillosa.
Soy una agradecida de la vida y de las oportunidades que me dio, ser maestra jardinera es algo maravilloso, yo admiro a mis compañeras porque en toda la perversidad del sistema hacen magia para hacer feliz a un niño y hoy mando un fuerte abrazo a todas".
Tal como dice Alex Campos en "Pinta el mundo", cuando el cielo esté nublado, saca aquel borrador, borra toda la amargura y pinta el mundo de color, Marcela y todas las maestras jardineras se merecen en su día un cielo colorido por los tantos días felices que ellas regalaron a sus alumnos. A ellas, feliz día!
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