Hay indicadores que van mostrando que ante el aumento de la marginalidad social, que va más allá de lo económico y que tiene que ver con lo educativo, hay factores que dejan a la luz, el riesgo en que cada vez más niños están inmersos.
Hoy son muchas las personas, de todos los niveles, que viven situaciones irracionales;de tanto en los estratos más bajos como en los más altos se olvidaron de sus hijos, en el individualismo que se vive y en el sálvese quien pueda los chicos quedaron a la deriva, "el de cinco o seis años, busca solo que lo protejan, y quien lo va hacer sino son los padres, entonces deberá acudir la sociedad y sino el Estado", señaló.
En la reacción, más rápida, acude la sociedad a través de las instituciones y organismos de los más variados sectores, con familias sustitutas o las que abren sus casas para recibir a esos chicos que deben ser separados de sus familias originarias, por maltrato u otro riesgo.
Es una obligación pensar que se debe recurrir a ese tipo de alternativas para que los chicos no pierdan la posibilidad de
conformar su identidad a través de palabras que pueda expresar.
"Distinto de lo que ocurre en una institución donde se le cambia el cuidador cada dos o tres días", agregó Molina.
Molina fue uno de los expositores en el Senado de la Nación en el tratamiento de la modificación a la Ley de Matrimonio, donde dijo que se debe tener en cuenta la cuestión más allá de lo formal, para analizar la realidad y dar una buena respuesta.
"Hoy la realidad muestra a miles de chicos que están imposibilitados de decirle mamá o papá a una persona, esto llega a tal extremo que chicos con problemas de conducta alojados en institutos de menores, cuando se les revisan los tatuajes que se hacen de la manera más rudimentaria, dicen ma o pa, y es lo que buscan desesperados", aclaró.
A todo esto hay respuestas sociales pero también debe haber respuestas técnicas que debe dar el Estado, a través de llevar a los más capacitados a trabajar en las áreas de mayor riesgo, con una buena convocatoria, un concurso y una buena paga.
Los mandatos hoy cambiaron, las generaciones anteriores pensaba siempre en lo que les quedará para los hijos, hoy se piensa en lo que hay para el momento, los hijos deberán salvarse como puedan.
"El planteo, no debe ser así, el niño en la práctica no es un sujeto de derecho, solo está en papeles, porque se lo sigue maltratando, y en realidad si importa es porque solo lo toman como sujeto de consumo", remarcó Molina.
Después de las instituciones, que sucede?
Aquí es donde surgen los convenios entre el Estado y las instituciones que acuden en ayuda de los niños, ya que es la forma para estar en contacto directo con la necesidad y la forma que se llegue con una solución directa y rápida.
La justicia también debe acudir cada vez con más premura para lograr que cuando hay una situación de riesgo o un conflicto que involucre niños puedan llegar las sentencias de una manera casi inmediata, porque si existe la decisión se concreta la respuesta.
"En este sentido la justicia debe reconocer que hay problemas a los que no puede llegar, solo lo hace a algunos niveles , a veces los muy graves no los resuelve y también demora en los tiempos", dijo.
En este punto los jueces tienen un papel importante que va de la mano de la ética, donde el compromiso que asume al momento de jurar debe llevarlo a cumplir con su misión.
Violencia en las escuelas
Alejandro Molina considera que así como hay un desajuste en lo que les corresponde a la actuación de las madres y padres también hay falencias en las escuelas.
"La función educativa de los padres tiene desajustes pero la de las escuelas también", señaló.
Cree que hay una falta de adecuación de la educación con los tiempos que se viven, donde todavía se mantienen pautas de enseñanza de hace 40 años donde los chicos no encuentran alternativas ni alicientes.
"Porqué no se les pregunta a los chicos que ilusión tienen para el día de mañana, pero no hablando del futuro, sino para mañana, textual, que hacemos si vemos que no tienen ninguna expectativa", pregunta.
Contó una anécdota en la que se consultó a un chico de la calle de de 10 años que pensaba que iba a hacer al otro día y contestó "no sé, primero quiero ver si voy a estar vivo".
Definió que esa sociedad es en la que se está viviendo lo que muchas veces es el contexto en el que se desatan situaciones en las que los jóvenes quedan atrapados.
Para Molina la sociedad argentina es de alto riesgo lo que incluye a gran parte de sus miembros, que no se encuentran ligados a ningún grupo de pertenencia, donde antes esta pertenencia la daba la familia, a través no solo de los progenitores sino de un tío, o un primo, hoy las confrontaciones aislaron tanto que lo único que se logró es aumentar el riesgo.
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