La doble transición, en la Provincia y en la Municipalidad, ha generado dos enormes vacíos de poder.
Esta ausencia es patente por la impotencia que tienen los gobiernos presentes para resolver los conflictos que ganaron la calle, paralizaron los servicios y dejaron sin respuestas a la ciudadanía (especialmente, la más vulnerable). Cuando los reclamos largaron –hace casi dos meses– parecían problemas que podían resolverse con paciencia y saliva en una mesa de negociación.
Hoy los pedidos salariales de médicos y personal de la administración central de la Provincia, por un lado; y la exigencia de los empleados municipales para que unos 400 monotributistas pasen a ser contratados son bolas de nieve que nadie puede detener de aquí al 10 de diciembre, cuando José Manuel de la Sota y Ramón Mestre, al fin, tomen los cargos para los que fueron electos.
La sospecha que instaló el papá de un bebé muerto antes de nacer en el Hospital Misericordia, de que ni el pequeño ni la mamá fueron debidamente atendidos porque los médicos estaban de asamblea, muestra hasta qué punto estos 34 días que quedan son demasiados.
La tercera. Luego de fracasar dos veces en el Concejo Deliberante –una pidiendo autorización para nombrar a los monotributistas como contratados y otra solicitando la derogación de la ordenanza que lo impide–, la sociedad entre el gremio de los municipales y el intendente Daniel Giacomino (que termina en sintonía perfecta con el Suoem) buscará que los ediles acepten la inconstitucionalidad de la norma que impidió los nombramientos por decreto de agentes en el Ejecutivo, y de esa manera delegó facultades que figuran como parte de sus atribuciones en la Carta Orgánica.
Para ayudar a pensar a los concejales, el gremio hará sentir su protesta de la manera que siempre le ha resultado: afectando al vecino.
Grandeza. La ausencia de las autoridades electas en los intentos de solución de estos conflictos no es natural. Son las personas que ha legitimado la ciudadanía para administrar y enfrentar los desafíos del Gobierno. Ya se sabe que heredarán estos conflictos. Es cierto que no están obligados aún, pero ante la falta de interlocutores en los gobiernos presentes podrían contribuir a salir del laberinto aportando algo que ni Schiaretti ni Giacomino tienen: crédito y tiempo.
Las largas transiciones que dejan a gobiernos tan débiles son males institucionales. La falta de compromiso de De la Sota y Mestre en la crisis en la que entró el sector público son males políticos.



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