En el país, ningún volcán es monitoreado

“Todos los volcanes dan su aviso, pero lógicamente tienen que estar monitoreados”. Así lo indica Alberto Caselli, doctor en geología y director del Grupo de Estudio y Seguimiento de Volcanes Activos (GESVA), de la UBA-CONICET. Sin embargo, en la Argentina ningún volcán es controlado.
Unicamente, el GESVA se encarga de hacer investigaciones, pero ello no implica un monitoreo permanente. Según estimaciones de especialistas, en el país hay cerca de treinta volcanes activos. La mayoría están sobre la Cordillera de los Andes. En tanto, el único volcán que tiene una población cercana es el Copahue, ubicado en la Provincia de Neuquén. “Los restantes están más alejados de las ciudades, por ejemplo, el Peteroa (Mendoza) se encuentra a cien kilómetros en línea recta de Malargue”, detalla a El Diario, Caselli.

“Lo que nosotros estamos haciendo son investigaciones. Es decir, estudiar el volcán y, fundamentalmente, ver cuáles son las señales precursoras de una erupción. Esto implica ir tomando datos en el tiempo, muestreos de geoquímica para ver en un determinado período las variaciones que uno puede encontrar”, cuenta Caselli, quien desde el 2004 a partir de la fundación de GESVA comenzó a trabajar en el seguimiento de dos volcanes activos: el Copahue y el Peteroa. Actualmente, además de estos dos, Caselli está comenzando a investigar el comportamiento del volcán Lanín (Neuquén) y el de la Isla Decepción (Antártida).

Sin embargo estos estudios no deben confundirse con un control, lo cual implicaría una medición en tiempo real. “No se trata de un monitoreo porque los datos los recibimos mucho tiempo después que son tomados en el terreno. Por ejemplo, en sismología son recibidos muchos meses después, es decir, una vez que se descargan y son enviados por correo postal”, detalla Caselli, quien además explica que uno de los problemas que existe en la ciudad neuquina de Caviahue es que el sistema de internet “no es muy efectivo ya que es lento y los archivos son muy pesados”.

Por ende GESVA lo que hace es observar si hay una actividad anómala, y luego brinda su interpretación a Defensa Civil y organismos municipales y provinciales. El trabajo que realiza este grupo de estudio de volcanes activos se hace a partir de proyectos de investigación, a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, y sobre todo la UBA. Pero, en los últimos tiempos estos incentivos se han terminado, y Caselli está solventando parcialmente los gastos de forma personal, para no detener las observaciones.

“En la Argentina se estudian los volcanes, pero no se monitorean”, dice el licenciado en Ciencias Naturales, Norberto Ovando. Luego, agrega: “Hay material y cosas por hacer, pero falta voluntad política”.

Volcanes en actividad

Para que un volcán pueda ser considerado activo tiene que haber tenido al menos una erupción en los últimos 10.000 años. “El Lanín es considerado activo, pero su última erupción fue hace 1.600 años. Con relación al Tromen (Neuquén), hay un relato de un padre jesuita que dice haber visto humear al volcán en el año 1752”, relata Caselli. “El Copahue y el Peteroa son los dos volcanes que han estado en actividad más reciente, y que para nuestro grupo es interesante su investigación. El volcán Lanín se debería comenzar a controlar”, advierte Caselli, quien hace un tiempo instaló una estación sísmica, a partir de un convenio con Parque Nacionales.

Escasez de profesionales

“Somos el único grupo que estudiamos los volcanes desde la sismología, la geoquímica -de gases fumarólicos y aguas- y la deformación. En este último campo estamos trabajando con la Universidad Nacional de Cuyo por medio de imágenes tomadas desde satélites; y en los tres campos se están formando investigadores jóvenes, que ha sido siempre mi idea: formar un equipo especializado en esta temática”, relata Caselli. “En sismología volcánica y en geoquímica prácticamente no hay especialistas en el país. Por ende se está intentando, a partir de doctorados, formar gente”, explica Caselli, quien agrega que para ello se está contando con la ayuda de especialistas del exterior, sobre todo grupos de Italia y España. Hoy en día para estudiar los volcanes se trabaja de forma satelital. Es decir, se compran las imágenes que tienen un valor aproximado de 400 euros, y luego se realiza una comparación entre dos imágenes tomadas en distintos momentos. De esta forma, se observa si hay alguna deformación, lo cual de todas formas debe ser constatado en el terreno.

“El estudio de los volcanes requiere de mucha investigación, no es solo contar sismos o tomar una medida” “Falta dinero para reparar los equipos y para el trabajo de campo. En este momento, estoy aportando dinero mío”, cuenta Caselli sobre la difícil situación con la que se realizan estas investigaciones.

En tanto, Ovando, presidente de la Asociación Parques Nacionales Francisco P. Moreno, y quien en todo momento subraya el trabajo realizado por GESVA, entiende que el hecho de adquirir elementos necesarios para llevar adelante los estudios “no significan un gasto sino una inversión”.

Copahue, un volcán a seguir de cerca

“Las últimas erupciones del volcán Copahue han sido en el año 1992 y 1995, emitiendo vapor de agua (proceso de temperatura y desgasificación). Sin embargo, en el 2000 arrojó ceniza y hubo un aporte magmático, es decir, roca fundida que viene del interior de la corteza”, dice Caselli. La idea de GESVA para monitorear el Copahue, además de seguir con los muestreos geoquímicos, es poner cuatro estaciones sísmicas y dos GPS sobre la ladera del volcán, conectados por radio frecuencia a un lugar de la localidad de Caviahue. De esta forma se podrían tener en pantalla y levantar por internet la actividad sísmica y desplazamientos del terreno. El GPS puesto en el sitio en forma permanente permitiría ver la deformación en tiempo real.

Volcanes en Chile

A casi un año de la erupción del volcán Puyehue-Cordón Caulle, Caselli comenta que este “ha dejado de emitir cenizas y está en una alerta de tipo naranja”. “Por lo que se ve en los informes chilenos, no estaría con ninguna reactivación del sistema”, agrega el vulcanólogo. Del lado chileno, sobre la Cordillera de los Andes, hay casi 70 volcanes en actividad, según estima Caselli. En este sentido, Ovando expresa que en los últimos años Chile ha incrementado el monitoreo de estos volcanes.

En cuanto al mayor peligro que tiene la Argentina sobre los volcanes que se encuentran en Chile es lo que sucedió con el Puyehue-Cordón Caulle. Es decir que las cenizas lleguen al territorio nacional, tras la erupción de un volcán.

Los terremotos hablan

“No es malo que haya terremotos, porque de esta forma la energía se va liberando de a poco. El problema, en cambio, es cuando no los hay y una placa queda de alguna manera atascada o retrasada. Entonces lo que sucede es que se acumula energía y cuando se “destraba” provoca un sismo de gran magnitud”, relata Caselli. Luego agrega: “El terremoto no mata a la gente, sino las construcciones; si uno hace prevención, construyendo edificios y respetando las normas antisísmicas se puede disminuir la vulnerabilidad”. En Chile se han construido casas teniendo en cuenta estas cuestiones. Sin ir muy lejos, en términos comparativos: el terremoto y posterior tsunami ocurrido durante el mes de febrero de 2010 en Chile, con una escala de 8.8 de Richter, fue uno de los peores de la historia del país trasandino y liberó 178 veces más energías que el de Haití (12 de enero de 2010). Sin embargo, el total de víctimas en la isla caribeña fue aproximadamente de 316 mil personas (según cifras dadas a conocer por el gobierno haitiano, a un año del suceso), mientras que en Chile fallecieron 521 personas (según datos del gobierno de ese país).

“Hay estudios realizados que indican que después de un grande terremoto, pueden entrar en erupción varios volcanes activos, a una distancia del epicentro de hasta 800 kilómetros y en los siguientes tres años después del mismo”, concluye Caselli.

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