“El libre comercio es el camino", es una de las frases que definen el perfil de gobierno que llevará adelante el representante del PRI, quien apuesta por una reforma laboral neoliberal que profundice la desigualdad.
Matías Morales.
Las declaraciones del presidente electo de México, Enrique Peña Nieto, tras su victoria en en las urnas han dejado en claro qué se puede esperar del próximo sexenio de gobierno en el país. El representante del Revolucionario Institucional será un eslabón más en una cadena de gobiernos liberales que comenzó con Carlos Salinas de Gortari. A partir de allí, la firma de tratados de libre comercio se ha adoptado como una política de Estado, seguida por privatizaciones que generaron algunas de las fortunas particulares más grandes del mundo, incrementando la desigualdad estructural del país. El modelo que se ha adoptado supo generar un incremento del comercio con Estados Unidos, pero lo ha situado como un socio casi exclusivo de su política comercial, quedando sin respaldo en la crisis surgida en 2008. La clase baja fue el sector social más perjudicado, la pobreza alcanzó al 50% de la sociedad y la subcontratación se estableció como práctica recurrente. Con esta experiencia, Peña Nieto aseguró en su gira por la región, que "el libre comercio, lejos del proteccionismo, es el camino que debemos tomar para hacer de América Latina un actor pujante en la economía mundial". Subrayó también que su país debe reposicionarse como líder regional, aunque por lo pronto debería conformarse sólo con ser la voz de los Estados que integran la Alianza del Pacífico, como son Chile, Perú y Colombia.
A su vez, se pronunció a favor de la reforma laboral que está tratando el Congreso Nacional, por considerar que México necesita flexibilidad en los mercados laborales para poder facilitar la contratación. Esta idea es diametralmente opuesta a la lucha que están llevando a cabo los sectores obreros y campesinos de su partido. Sin embargo, según la izquierda, la nueva ley se correspondería con los intereses y las presiones de los organismos de crédito internacionales. Desde el Partido de la Revolución Democrática se traduce flexibilidad por la posibilidad de facilitar los despidos sin generar antigüedad por medio de la subcontratación. A su vez, recalcan que la ley no puede suprimir el derecho a huelga, o a la justa remuneración en caso de despido, sin afectar, como dice Peña Nieto, las conquistas que han ganado los trabajadores.
De cualquier forma, la presión constante y cada vez más fuerte del neoliberalismo permite prever el desenlace. En el mismo debate, el futuro presidente de México asegura que las reformas laboral y energética impulsarán el crecimiento del país, favoreciendo también una distribución más equitativa del ingreso. Así, con las manifestaciones del próximo mandatario, se puede esperar algún cambio en la política de seguridad, ya que ha criticado en reiteradas ocasiones la estrategia de Felipe Calderón por los altos niveles de violencia. De todas maneras, se percibe al gobierno que comenzará el 1 de diciembre como una continuidad, no sólo del presidente saliente, sino de las últimas dos décadas. «


Comentá la nota