El único ganador será el alperovichismo

Cualquiera sea la lista que triunfe en la renovación de autoridades de UTA, lo cierto es que ganará el oficialismo. Pero no sólo porque ambas nóminas están integradas por dirigentes que forman parte de la actual gestión, sino -y sobre todo- porque esta ruptura no es el corolario de un proceso de medidas de fuerza, de aquellas en las que las bases advierten: "con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes".
La división entre Jiménez y González -y entre sus respectivos seguidores- nació, creció y estalló en el seno mismo de la comisión directiva.

Un cuarto de siglo juntos no es poca cosa. En 25 años, poco margen queda para la desilusión; sobre todo si se trata de adultos, y no de personas en formación. En otras palabras, cuesta creer que Jiménez cambió tanto su forma de ser que González se desencantó del dirigente. En todo caso, a las causas de este nuevo divorcio gremial habrá que buscarlas en otro lado, y no en la forma de conducir el sindicato.

El Gobierno aclaró que no intervendrá en este proceso electoral, porque nunca intervino en la vida interna de los gremios. Pero una buena parte de los sindicalistas tucumanos no estarán de acuerdo con esta afirmación. Hasta el 6 de enero de 2009, el titular de Uatre, Jesús Pellasio, dirigía la CGT local. Por esos momentos se mostraba como opositor al Gobierno, rol que sigue interpretando aún. Aquel día, un congreso de gremios autoconvocados eligió a Ricardo Cáceres como secretario general de la central. En las semanas posteriores se habló mucho de los vínculos entre Cáceres y el oficialismo. Pero más allá de esas palabras, lo cierto es que Cáceres ocupa el cargo de secretario gremial de UTA, y está alineado a la gestión de Jiménez, que es funcionario del Gobierno. Es difícil creer que el Ejecutivo sea sólo un mero espectador de estos comicios; porque, ¿qué fuerza contaría un secretario de Trabajo que pierda en su gremio?

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