El 7 de abril de 1987 Juan Pablo II aterrizó en la provincia. Unos 200 mil fieles siguieron su mensaje en el predio de la Virgen.
Según la crónica de Los Andes aquel día, el Santo Padre, tras descender del avión que lo depositó en el aeropuerto El Plumerillo y luego de ser trasladado en el mítico “Papamóvil” al Predio de la Virgen, cerró su prédica con una improvisada frase que quedó grabada en los corazones de muchos comprovincianos: “¡Esta celebración, en Mendoza, es muy hermosa...!”.
Juan Pablo II fue recibido por los prelados de Mendoza (arzobispo Cándido Rubiolo), San Juan, San Luis y San Rafael, También por los titulares de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de las tres provincias cuyanas, entre los que se encontraba el gobernador mendocino Santiago Felipe Llaver (UCR). Además, unos 200 mil fieles le dieron la bienvenida y esperaron ansiosos la prédica del máximo representante de la Iglesia Católica.
Entre los temas que el recordado Papa trató estuvo la paz entre la Argentina y Chile y, al mismo tiempo, reivindicó a la familia como “célula básica de toda convivencia”. Además, condenó “todo lo que degrada y deshumaniza” y, en ese sentido, atacó al aborto y al divorcio.
Siguiendo con la crónica de este diario, se recuerda la emoción que suscitó su visita: “El entusiasmo de la multitud llegó a máxima intensidad cuando el Papa abogó por ‘un mundo más humano y cristiano’ y, sobre todo, en instantes en que hizo una fervorosa defensa de la familia y advirtió sobre la ‘desintegración del matrimonio’”.
Los aplausos interminables de todos los mendocinos presentes fueron acompañados por la exclamación de dos consignas que fueron expuestas unánimemente por la multitud: “¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!” y “¡Viva el Papa!”.
Garantizar la paz
Carol Wojtyla, el nombre del Papa nacido en Polonia, proclamó desde el palco que se levantó en el cruce de los accesos: “Si todos mis viajes apostólicos tienen como finalidad ser un llamado al empeño por la paz, éste que estoy realizando a los países hermanos de Chile y Argentina quiere ser un servicio pastoral de acción de gracias al Príncipe de la Paz, que os protegió contra la fuerza destructora de las armas y os iluminó para seguir el camino de la negociación y del diálogo, de modo que, superando las tensiones y según criterios de equidad, la paz fuera garantizada”.
Evidentemente, el Pontífice hacía referencia al enfrentamiento que en 1978 casi llevó a la guerra a Argentina y Chile y que es conocido como el “conflicto del Beagle”.
Sus palabras finales fueron: “En este día siento una gran alegría por haber llegado a esta región cuyana, a los pies del Cristo Redentor, y poder contemplar la belleza de nuestros paisajes, las altas cumbres elevadas que elevan el alma en contemplación, los alegres viñedos y olivos, los hermosos almendros y árboles frutales. Y, sobre todo, vuestros ánimos joviales, iluminados por la luz de la fe y de la devoción a María”.
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