*Neuquén, o la tranquilidad engañosa

Mientras hay un tránsito apacible hacia la asunción del segundo mandato de Jorge Sapag, el MPN es un hervidero de especulaciones y posicionamientos. Descripción de algunas facetas que muestra hoy el partido provincial.
Neuquén está pasando, según se percibe, por un momento apacible. Engañoso, como suelen ser todos los momentos, no se registran conflictos grandes o serios, salvo los ya habituales protagonizados centralmente por algunos de los sectores que viven directamente del Estado y que fatalmente discuten su renta cada tanto.

Las finanzas están tranquilas, con un superávit que –dicen- supera los 400 millones de pesos, y que proyectan en más de mil millones para la finalización del actual mandato. Con un horizonte más o menos previsible en el contexto nacional –casi seguro triunfo de Cristina en su reelección- solo parece quedar para los meses siguientes la confirmación del comienzo de obras de la represa Chihuido I, y alguna novedad positiva para el “sendero de precios” que permita recuperar producción petrolífera y gasífera.

Algunos conflictos que han preocupado, como la carencia cíclica de combustibles, por ejemplo, se irán encaminando hacia soluciones que no son tan complejas. Este martes, por ejemplo, el secretario de Energía, Daniel Cameron, iría finalmente a la reunión en la comisión de Energía de Diputados a tratar ese tema. Allí lo esperan dos neuquinos que curiosamente se enfrentarán en la pelea por la intendencia capitalina: José Brillo, que es vicepresidente primero de esa comisión, y Horacio Quiroga, vicepresidente segundo. Hay un proyecto (de Brillo) que quiere avanzar, incluso impulsado por el presidente de esa comisión, que es Fernando Pino Solanas: fragmentar el negocio de expendio, quitándole a las grandes empresas petroleras el dominio sobre la comercialización minorista.

El panorama apacible no implica sin embargo que el partido del gobierno, el MPN, espere tranquilo, sobre un lecho de perfumadas rosas, el transcurrir del tiempo hacia los comicios del 23 de octubre.

Hay mucho para jugar en ese mundo febril de acomodamientos continuos, pues habiendo asegurado otros cuatro años al mando provincial, ahora se pretende con ansiedad el municipio capitalino. No es solo para reafirmar la conducción política de la provincia con su distrito más importante. También tiene que ver con el futuro y la proyección de los cuadros políticos que aspiran a suceder, en el 2015, al actual gobernador Jorge Sapag, ya que la actual fórmula electa y proclamada, que asumirá el 10 de diciembre, tiene fecha de vencimiento en diciembre de ese año. Y sin posibilidad de acceder a una nueva reelección, ya que la Constitución lo prohíbe expresamente.

En el MPN hay muchos que pecan de la misma ansiedad infructuosa que tenía aquella pastorcita que llevaba el cántaro con leche y multiplicaba posibilidades imaginándose prosperidades que se encadenarían, cuando tropezó y abruptamente cayó en cuenta, con la leche inexorablemente derramada, que sus sueños se habían hecho añicos junto con el cántaro.

Hay quienes, por ejemplo, piensan obrar en la actual campaña a intendente pensando ya en el 2015. No solo especulan, sino que trabajan para ello. Es posible y real esto, en un partido acostumbrado al medio siglo de vigencia administrativa del Estado.

¿Cómo se expresa esto?

Se dice, por ejemplo, que hay “sectores” que no trabajarán para el éxito de Brillo. Sostienen quienes así se expresan que habría una especie de conjura para condenar al diputado nacional por su insistente independencia de los dos polos de poder partidario. “No se ponen colorados y dicen que votarán a Quiroga”, se sostiene. “Así, Brillo quedaría eliminado como candidato a suceder a Sapag en el 2015”, arriesgan.

Todo puede suceder en el MPN, que sabe tanto de lealtades como de traiciones.

Sin embargo, al mismo tiempo, se observan movimientos de convocatoria y movilización que buscan reforzar las posibilidades, tanto del candidato como del partido, en las municipales capitalinas. Las reuniones son incesantes y protagonizadas, en muchos casos, por esa creciente franja de dirigentes y militantes jóvenes que parecen resucitar el entusiasmo por la política. Forman parte de un neo movimiento juvenil que sería algo así como la versión emepenista de lo que “la Cámpora” es al kirchnerismo.

Esta actividad convive con movimientos de piezas manejadas por los más veteranos. Se percibe en este sentido que ganar la capital serviría, al menos para algunos sectores que han quedado desplazados del poder provincial en sus beneficios directos, como la apertura de un gigantesco drugstore político, donde habría conchabo asegurado, y una nueva plataforma para sustentar proyectos de conquistar la caja grande, la que hoy todavía guarda con celo de tigresa la ministra de Hacienda, Esther Ruiz.

La convocatoria a dirigentes, referentes, afiliados, del sector con cierta antigüedad del MPN (de los que han pasado, fatalmente, por Sapag, Salvatori, Sobisch) para trabajar junto “al compañero José” para supuestamente hacer pata ancha frente a los embates de los más poderosos, es también una realidad: asados, quinchos, llamados telefónicos, mensajes por Internet…toda la parafernalia de un partido que tiene tantos amigos que no los puede contar, como decía el sabio Atahualpa.

En este contexto folklórico, tan MPN como el escudito provincial, José Brillo tiene una enorme responsabilidad. Es, ni más ni menos, que la de liderar una campaña electoral para unos comicios que no serán fáciles para nadie. Brillo no saca cuentas para el 2015, a diferencia de tantos otros. Intuye, tal vez, que si no se concentra en el objetivo del 23 de octubre, de poco servirá la imaginación del largo plazo. Debe intuir, además, que sus posibilidades, si gana la elección, aun dependerán más de lo que pueda mostrar en una gestión municipal concreta y efectiva, que de las artimañas y telarañas que pueda tejer dentro de su propia organización política.

Así las cosas (tanto en la realidad como en la ficción), la tranquilidad del contexto es solo aparente, y por lo tanto, engañosa.

No hay tranquilidad cuando se está a punto de definir el distrito más importante de la provincia.

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