Neuquén económico: una lotería

La provincia ha perdido ingresos difíciles de recuperar. Ha sido expoliada por una política que privilegia la importación de hidrocarburos antes que la producción nacional. Sapag negocia y obtendrá mejores precios. Pero la economía estatal no sentirá en lo inmediato ese beneficio.
Jorge Sapag tramita desde antes de comenzar su gobierno en 2007 una mejora en los precios del gas y del petróleo. Jorge Sobisch lo había hecho antes, incluso pretendiendo fijar precios desde la provincia, cuestión que la Nación negó y que la Corte interpreta no corresponde.

Sapag está concentrado en obtener entre 4,5 y 7,5 dólares para el millón de BTU de los yacimientos no convencionales. La realidad de estos yacimientos es simple: todavía no existen, en el sentido económico del término. Sólo cuando tienen precio y rentabilidad asegurados, los yacimientos pasan de ser una posibilidad a una reserva concreta.

Neuquén, entre gestiones con mayor o menor énfasis político, está al borde de una bancarrota. Es así pese a los pronósticos alentadores. El MPN no quiere hablar de esto: desalentaría a la población. La oposición tampoco: una parte, por ignorancia. La otra, por las mismas razones por las que no habla el partido provincial.

Lo único cierto es que han pasado años que causaron un daño irreparable. Fueron años de expoliación: el Estado nacional se llevó las ganancias que hubieran correspondido a la provincia. El gas de Neuquén se ha vendido a precio vil, subsidiado para que millones de argentinos lo gastaran alegremente en sus cocinas, termo-tanques y automóviles, sin la menor idea que están quemando un combustible precioso en todo el mundo, menos en Argentina.

El “gas electoral” del kirchnerismo, que ha permitido no aumentar tarifas y lograr que las piscinas de los millonarios se mantengan calientes en invierno, es un gas que ya se fue. En las reservas reales neuquinas, no supera el horizonte de seis años.

Por esta causa, no sufren las empresas petroleras. Los que sufrirán serán los ciudadanos neuquinos, si la burbuja petrolera se pincha. Las empresas encontrarán otros negocios. Pasarán a ser intermediarios del gas importado. O explotarán el tight o el shale gas en un lento proceso de gradual inversión. Esto depende de una lotería.

Es la lotería electoral. Es la que se juega el año que viene.

Mientras, Jorge Sapag se apresta a firmar un acuerdo que, a falta de mejores soluciones, le permitirá a Neuquén un muy moderado y gradual incremento en regalías. El efecto que se busca, más que ese, es el de mantener fuentes de trabajo y actividad en la industria petrolera.

El tight o shale gas comenzará, con suerte, a ser extraído. Si Cristina Fernández mantiene la política de su fallecido marido, este gas se venderá solamente a las industrias que lo compren, sobre la base de que se les garantice contratos realmente no interrumpibles. Es decir, que no les corten el gas en invierno cuando sube la demanda, como ha venido ocurriendo hasta ahora, pese a los contratos firmados que decían lo contrario.

Que el gas de yacimientos no convencionales lo pueda vender Neuquén solo para las industrias, significa simplemente que el gas convencional, el gas “viejo”, seguirá siendo un gas “electoral”. Es el gas que seguirá alimentando las redes de distribución del gas domiciliario. Para que los argentinos vivan algunos años más engañados, creyendo que pueden gastar calor y fuego para la comida sin que se note en el presupuesto familiar.

De esta manera, y con este enfoque, descarnado pero muy cercano a la realidad pese a que se lo seguirá negando, ocultando o disimulando, Neuquén (y el MPN) apuestan al corto plazo. También, a que se termine de agotar el kirchnerismo, agobiado por la misma razón que pocos dicen en medio del marasmo patético de exaltación mítica del líder que se fue: la tergiversación de razones económicas elementales.

Es esa economía, que existe más allá de los sellos ideológicos, la que preocupa de fondo. En el MPN y en la oposición más lúcida.

En esos estamentos, por primera vez en mucho tiempo, se comienza a imaginar ya una Neuquén pensada sin el liderazgo de los hidrocarburos. Una Neuquén tal vez más austera y sacrificada.

Pero más real, con menos apuestas a la lotería.

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