Los negocios con Venezuela / Las divisiones en el poder Aires de cambio en el clima interno

Carlos Pagni

"No hay una diplomacia paralela porque el Estado es uno solo." "Se quiere dañar a las relaciones exteriores del país con una operación mediática.

" Es difícil que con esos dos argumentos, los únicos que aparecen en su discurso, el Gobierno pueda revertir la crisis que desencadenaron las denuncias de corrupción en la relación comercial con Venezuela. Varios factores le otorgan a este escándalo un impacto especial. Es posible que, sumergido en la cotidianeidad de su guerra incesante, los funcionarios no los adviertan. Tal vez los Kirchner no sepan de qué modo esta tormenta puede modificar el clima interno que caracterizó hasta ahora su gestión.

El empeño por desmentir la existencia de una diplomacia paralela está destinado al fracaso por una sencilla razón: esa diplomacia tuvo una fecha de nacimiento precisa por la audacia de un canciller del kirchnerismo. En efecto, cuando Rafael Bielsa se dirigió por escrito a Néstor Kirchner para solicitarle que releve al Ministerio de Relaciones Exteriores de cualquier responsabilidad en el vínculo bolivariano, oficializó por la vía del absurdo las gestiones extraoficiales que ahora son motivo de controversia. La diplomacia paralela nació, entonces, por desistimiento de la diplomacia oficial. Es natural, por lo tanto, que sea Eduardo Sadous quien denuncie el doble fondo de aquella relación bilateral. Fue el último embajador profesional en Caracas antes de que Bielsa documentara su decisión de mirar para otro lado.

De todos modos, la resistencia a admitir un vínculo paradiplomático con el chavismo es de un candor infantil, ya que contrasta con el robusto Antonini Wilson y su valija con 800.000 dólares. Por si esta evidencia no alcanzara, Eduardo Sigal hizo su aporte. Mientras su jefe, Héctor Timerman, repetía el mantra de la inexistencia de gestiones clandestinas en Caracas, él denunció por cable una que se estaba realizando delante de sus narices. Para peor, esa diligencia estaba destinada a beneficiar a Electroingeniería, una de las empresas favoritas de los Kirchner.

Sin embargo, el verdadero indicio de que existe una diplomacia paralela es que existe un gobierno paralelo.

Método de trabajo

Dicho de otro modo: las tratativas y los acuerdos con Venezuela reproducen un método de trabajo que la Presidenta y su marido han desplegado en toda su administración. El "papa negro" de ese régimen binario es Néstor Kirchner. Y su más fiel operador, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. A pesar del disgusto del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, Moreno es el responsable de los principales problemas relacionados con el campo. Pero también es el verdadero secretario de Energía cuando está por producirse un corte de luz o cuando el gas es insuficiente. En noviembre de 2008, al verificarse un pico en la salida de capitales, Moreno destacó a sus muchachos en las mesas de dinero de los bancos para intervenir el mercado cambiario. El funcionario les indicó a varios banqueros: "El Rubio no tiene nada que ver; vos dame bolilla a mí". "El Rubio" era Martín Redrado, quien de a ratos le cedía a Moreno la presidencia del Banco Central.

Para que esta técnica de administración prospere sin demasiados sobresaltos, los funcionarios deben ser como Moreno: ágrafos. ¿Instrucciones por escrito? Jamás. En cambio, Sadous escribía cables. Igual que Sigal, quien aprendió los beneficios de la oralidad cuando ya era tarde. Aunque se los acaban de explicar: "Ya le dije al subsecretario que hay cosas que no se escriben", confesó Timerman.

Otro rasgo que permite detectar en el contubernio con el chavismo un típico producto de la matriz oficialista es la existencia de un fideicomiso, que es la figura principal del derecho administrativo pingüino. Los negocios basados en fideicomisos tienen una ambigüedad intrínseca. No obedecen al modelo histórico del peronismo, que consistía en gestionar obras y servicios públicos a través del Estado. Tampoco repiten el paradigma menemista, sostenido en la empresa privada, con financiamiento privado. Kirchner y De Vido encontraron en el fideicomiso la cuadratura del círculo: son dineros extrapresupuestarios a los que los privados sólo pueden acceder por indicación del sector público.

No es una casualidad que la operatoria de los dos mayores escándalos de corrupción del actual esquema de poder, la ampliación de gasoductos (caso Skanska) y los negocios bolivarianos, esté basada en este tipo de dispositivo.

Los fideicomisos permiten disimular detrás de un supuesto "negocio entre privados" la intervención determinante de los funcionarios públicos. Es posible que, si la oposición profundizara sobre lo ocurrido en Venezuela, el Congreso terminara abocándose al estudio de los numerosos fondos fiduciarios que se crearon en la era Kirchner. Pero no está claro todavía que haya hoy en la Argentina algún fiscal o legislador interesado en desatar un operativo "mani pulite".

Hay una peculiaridad más que le otorga al mal trance con el chavismo un impacto político inédito: estalló cuando la percepción de que el kirchnerismo está contaminado por la corrupción se está generalizando. La novedad de que Olazagasti, el secretario privado de De Vido, está facultado para incluir o excluir a las empresas de los beneficios del comercio internacional -es posible que no sólo con Venezuela- llegó al mismo tiempo en que el juez Norberto Oyarbide decidía indagar al principal recaudador de campaña de ambos Kirchner, Héctor Capaccioli. El ex superintendente de Salud está imputado en una causa por cobro fraudulento de reintegros por parte de droguerías, que también afecta al principal aliado corporativo del Gobierno, el titular de la CGT, Hugo Moyano. Al camionero lo investiga el juez Claudio Bonadío, el mismo que estudia el sospechoso progreso patrimonial de Isidro Bounine y Daniel Muñoz, los secretarios privados de Néstor y Cristina Kirchner.

Otros dos encumbrados contertulios de Olivos, Ricardo Echegaray y Emilio Eyras, están bajo la lupa de Oyarbide por los subsidios indiscriminados de la Oficina Nacional de Control Comercial Agroalimentario (Oncca). Olazagasti, Capaccioli, Moyano, Bounine, Muñoz, Echegaray, Eyras temen quedar en la estela de Ricardo Jaime, el otrora todopoderoso secretario de Transporte, desnudado en un sinfín de propiedades que, si no son de él, parece que lo fueran.

Incógnitas

Es posible que falte mucho tiempo para que los magistrados determinen la inocencia o la culpabilidad de estos funcionarios. Tal vez la incógnita se despeje cuando ya no estén en el poder. Sin embargo, la cantidad de figuras destacadas que protagonizan escándalos judiciales impone al Gobierno una dinámica especial.

Cuando se ven acosados por el Congreso, los tribunales y la prensa, los hombres públicos comienzan a dedicar más tiempo a tratar con penalistas que a gestionar el área que se les asignó. También es habitual que prospere el individualismo y que, ante el peligro de alguna sanción, se aflojen los lazos de solidaridad entre los viejos camaradas. Y lo más importante: quienes están expuestos al escarnio -justo o a veces inmerecido- de los jueces, opositores o la prensa empiezan a experimentar sentimientos encontrados. Por un lado, abogan por una salida acelerada de escena, convencidos de que su calvario sería más leve si sus jefes admitieran que llegó la hora de dejar el Gobierno. Por otro, fantasean con que un día más en el cargo puede ser un día más de protección. Mientras tanto, los decentes, los burócratas o los pusilánimes comienzan a dejar todo por escrito.

Esto es lo que ha cambiado en estos días. En consecuencia, el desasosiego, la angustia de los suyos, será el material con el que a partir de ahora deberá trabajar Kirchner. Allí está, tal vez, la dificultad más delicada para perpetuarse en el poder.

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