El Gobierno se enfrenta a una lucha de poder fragmentada entre distintos sectores, con ramificaciones internas y nacionales.
Todos los sindicatos, a su turno, van tensando la relación con la patronal estatal, no sólo por el favor de la legitimidad en las bases de trabajadores sino que también juegan sus alineamientos a organizaciones suprasindicales como la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) o Confederación General del Trabajo (CGT).
En este 2010, los primeros en discutir su paritaria fueron los docentes, dado el apremio gubernamental por clausurar los posibles conflictos y lograr el comienzo del ciclo lectivo.
Sin embargo, este año, al igual que el año pasado, no hubo peleas en este frente y el SUTE (único gremio del sector que forma parte de la Ctera y la CTA) logró aprobar la propuesta durante un plenario en el que la conducción del gremio cosechó innumerables críticas.
Esta sucesión de acuerdos sin posiciones firmes frente a la patronal parece haber generado descrédito entre los representados, quienes ya le propinaron una derrota en las elecciones de juntas calificadoras de méritos y de disciplina.
La posición más moderada de SUTE podría explicarse en los alineamientos nacionales de esta organización. Tanto Ctera, como una parte de la CTA, están alineados con el kirchnerismo (no todos los gremios que la conforman, pero sí los docentes).
La paritaria local se superpone con la nacional y aunque este acuerdo constituye un piso para las negociaciones provinciales, el gremio mendocino viene sellando sus conversaciones casi en los mismos términos que la Nación y sin conflictividad.
Otro de los gremios en el juego es ATE. La tradicional agrupación de estatales (también enrolada en la CTA, aunque en el sector menos afín al kirchnerismo), mantiene una fuerte representación en diversos ámbitos, como Salud, Administración Central y organismos descentralizados.
Sin embargo, la actitud más combativa de Raquel Blas y sus seguidores, comparada a la que toman sus colegas docentes, parece tener explicación en la competencia por la legitimidad y por la hegemonía en la delegación local de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).
Es que ATE compite en la representación de los trabajadores con otros gremios: en el caso de Administración Central, Sitea avanza lentamente y gana espacio entre los empleados de Casa de Gobierno, mientras que UPCN es su competencia de la CGT en la mesa paritaria; en Salud, su competidor natural es ATSA (también enrolada en la CGT) y en Legislatura, compite con la flamante APEL.
Judiciales es casi hegemónico en la representación de sus empleados. Como miembro de la CTA, tiene la misma combatividad de ATE, así como también mas cercanía que con el SUTE. El referente nacional es la Federación Judicial Argentina, enrolada en la Central de los Trabajadores Argentinos, pero en el ala no alineada al kirchnerismo.
El Judicial es un poder autónomo, pero no autárquico (no maneja la caja de los salarios), por lo que la discusión salarial se realiza entre los trabajadores y el Ejecutivo. Esto hace que la relación entre los trabajadores y las autoridades del poder encargado de hacer cumplir las leyes, no se desgaste.
La otra organización que asoma, sin mucho peso aún, en ese panorama es la Asociación de Funcionarios Judiciales, creada a partir del desenganche de los salarios con los de los jueces.
Tanto ATSA como UPCN parecen tener un papel desdibujado en las últimas negociaciones paritarias. Como miembros de la CGT, no suelen jugar fuerte frente a gobiernos justicialistas.
Por último, están los gremios nuevos: Sitea y APEL, ambos sin referentes nacionales. Son las únicas organizaciones independientes. Sitea nació con el alejamiento de Víctor Dagfal de ATE y se hizo fuerte en su lugar de trabajo, Dirección General de Rentas.
De ahí en más, ha tenido un lento crecimiento en Administración Central y en algunas reparticiones como la Empresa Provincial de Transporte (Troles). Aunque no tiene ganado el derecho a sentarse en la mesa paritaria, por no contar con su personería gremial, presiona desde afuera con presencia a partir de asambleas y movilizaciones en Casa de Gobierno.
APEL, por su parte, es una flamante organización, que hace pocos meses consiguió su personería gremial y ya está sentada en la paritaria legislativa.
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