Lo discutieron en una reunión que se hizo el lunes y lo cerraron ayer.
El frío y medido comunicado que difundieron pasado el mediodía desde los dos espacios políticos sostiene que “en el marco de una reunión con sus equipos de colaboradores directos, ambos dirigentes arribaron a significativos avances de cara a las elecciones del 23 de octubre. Decidieron además que se abra un proceso de consulta y participación con dirigentes de los 135 distritos de la Provincia para convocar a todos los bonaerenses a una nueva etapa de cambios políticos”.
En aquella cita del lunes en el departamento que el gobernador de San Luis tiene sobre la Avenida Santa Fe, en esta Capital, y que continuó con frecuentes llamados telefónicos, los protagonistas hablaron en términos menos edulcorados. De Narváez se comprometió a colaborar para que Rodríguez Saá desplace a Eduardo Duhalde (no sólo pensando en la elección sino en el día después del domingo 23) y el puntano, que se quedó sin candidato a gobernador por la inhabilitación judicial de su hermano, Adolfo Rodríguez Saá, confió que saldrá a la calle con la boleta del bonaerense. En otras palabras: ambos candidatos quieren sacar de la cancha al ex presidente y dejar afuera del Senado a Hilda “Chiche” Duhalde, que es candidata en la boleta de su marido. Ese puesto, dicen, será para el denarvaísta José “Pepe” Scioli.
“Vamos a apelar a la tarea de la militancia.
Legalmente no podemos ir juntos ”, asumen en ambos campamentos electorales. La alianza de De Narváez con Ricardo Alfonsín sigue siendo un obstáculo entre los peronistas. El postulante a gobernador deberá hacer equilibrio en las próximas tres semanas para mostrarse con Rodríguez Saá sin descuidar su vínculo con el radical. Un dato atemoriza a los denarvaístas: de los 135 distritos que posee la provincia de Buenos Aires, De Narváez va en 104 atado a candidatos a intendentes radicales. “Si no somos prolijos esto puede terminar mal”, confían.
El jueves, en Rosario, Rodríguez Saá había disparado la polémica al manifestar que “nosotros vamos a votar a De Narváez y él nos va a votar a nosotros”. El radicalismo puso el grito en el cielo y el diputado tuvo que enfriar el diálogo. “No podemos hacer una cosa así”, dijeron en su entorno.





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