Nadie sabe cuál será el nuevo capítulo de la novela de espías del siglo XXI

El último episodio se escribió el viernes en Viena, pero aún no se sabe qué será de la rusa Anna Chapman y la peruana Vicky Peláez. Tensión entre Washington y Moscú.
Si el capítulo del final se escribió el viernes en Viena, la novela de los supuestos espías rusos capturados en Estados Unidos el mes pasado e intercambiados en el aeropuerto de la capital austríaca por cuatro presos de Moscú, bien se merece un epílogo para cerrar la trama, al menos, por ahora. ¿Qué sucederá con Anna Chapman, la seductora joven de 28 años devenida en “chica Bond” del nuevo milenio? Y la periodista peruana Vicky Peláez, célebre por sus editoriales a favor del presidente bolivariano Hugo Chávez, ¿acaso será presentada como “cronista y ex espía” en un panel del Venezolana de televisión, cuando retome su profesión en algún otro país? ¿Que será de los seis hijos menores de los deportados separados de sus padres?

Demasiados interrogantes para respuestas que aún no aparecen. Ayer, la página de noticias sensacionalistas rusa LifeNews.com, reveló un supuesto diálogo de Chapman con su hermana a los pocos minutos de que el YAK-42 que abordaron en la capital austríaca tocara tierra en el aeropuerto de Domodedovo. “Todo va bien, aterrizamos”, le habría comunicado en una breve charla telefónica tras lo cual, la joven de 28 años abordó junto al resto de sus compañeros dos minibuses con destino desconocido. Es el último paradero registrado de la joven pelirroja. Y mientras algunos medios británicos afirman que Chapman podría intentar un regreso a Londres, cuyo pasaporte mantiene desde sus años de matrimonio con un psicólogo local, las autoridades investigan una posible red mayor de espionaje en su tierra y no descartan cancelarle el documento a la joven rusa.

Junto a Chapman, abordaron también los minibuses Richard y Cynthia Murhpy, cuyos verdaderos nombres son Vladimir y Lydia Guryev. Ambos se habían establecido en una residencia de Nueva Jersey en los 90 y, desde entonces, construyeron una vida en suelo estadounidense junto a sus dos hijas. Pero la familia quedó ahora fracturada, con sus padres desterrados y las niñas de 11 y 7 años de edad aún en Estados Unidos y con futuro incierto. Nadie en la Casa Blanca supo informar ahora qué sucedera con ellos.

Su caso guarda semejanzas con la experiencia de Robert Meeropol, director del Fondo Rosenberg para Niños, quien vio su vida deshacerse ante sus ojos cuando sólo tenía 6 años y sus padres, Ethel y Julius Rosenberg eran detenidos y ejecutados por conspirar para cometer espionaje en favor de Rusia. “Solía visitar a mis padres en la cárcel de Sing Sing y cada vez que iba había un circo mediático. Recuerdo que lo odiaba”, confió ayer a la BBC Meeropol, quien cambió su nombre para vivir tranquilo.

Ni siquiera se sabe qué pasará con Vicky Peláez, la periodista peruana que se desempeñaba en el diario hispano La Prensa de Nueva York y a quien su confesión de culpabilidad le significó dejar atrás dos décadas de carrera en suelo estadounidense. Según reveló su abogado John Rodríguez, Rusia prometió a su clienta alojamiento y dos mil dólares mensuales, además de visas para recibir a sus hijos. Pero el joven de 17 años permanecerá en Nueva York junto su hermano mayor de 38 años, mientras que es posible que Peláez retorne a su país. “Está dejando atrás toda una vida”, aseguró Rodríguez. Ella y otras nueve personas acusadas de protagonizar la última novela de espionaje del nuevo milenio.

Comentá la nota