Por primera vez habla el abogado contratado por el juez de Garantías Antonio Saladino para su defensa. Se trata de César Sivo, uno de los penalistas más punzantes y renombrados de la Provincia. De lengua filosa y discurso tajante, argumenta que si no fuese por la muerte de Marcos Alonso todo el mundo judicial se hubiera solidarizado con el magistrado denunciado por presunto cohecho. Pero, además, desmenuzó muchos de los elementos introducidos en la causa y los destroza punto por punto. Arranca la polémica.
No es un dato menor quién es el defensor. Después de todo, Saladino no eligió a un abogado cualquiera para que batalle en su nombre. César Sivo es "el" penalista que muchos quisieran contratar si tienen la soga al cuello y no ven luz alguna del otro lado del túnel. Hay que considerar que Sivo es un ajedrecista legal de fuste. Dicen de él que va siempre tres jugadas delante de cualquier otro.
César Sivo tiene un lenguaje punzante y no por casualidad goza del prestigio del que goza como orador en sus alegatos penales. Vuelca argumentos que intentan voltear con un mazazo muchas de las fundamentaciones que en torno del caso Saladino se vinieron conociendo hasta ahora. Algo así como comenzar con una movida fuerte y conmocionante.
Por eso es que cuando dice que "todos los que ejercemos el derecho penal sabemos de la existencia de profesionales que 'venden' a sus clientes ciertas 'influencias' o ciertos 'arreglos' a efectos de conseguir una cuota extra de dinero, que se transforma en un honorario más", estará ganando amigos y enemigos. En esa misma línea advierte que "los miembros del Poder Judicial lo viven a diario. La magistratura es vilipendiada casi cotidianamente por este tipo de abogados, que en pos de conseguir más dinero terminan ensuciando a todo el Poder Judicial, llevando a unos y otros hasta su estatura moral. Este es un caso de ésos, evidentemente, con la desgraciada situación de haber concluido con la muerte del abogado. Y esa muerte, a nuestro modo de ver, descoloca toda la situación y hace desenfocar a todos los operadores".
Crédito
Sivo ya estuvo en Olavarría y volverá en numerosas ocasiones. Reconoce que no es fácil hablar de esta causa porque hay una persona asesinada de un lado y un funcionario de la Justicia investigado por cohecho por el otro. Sabe que cualquier palabra mal dicha puede tener consecuencias indeseadas.
"Al referirse a un juez en funciones hay que ser muy cautelosos en cualquier información que pueda brindarse, ya que está en juego no sólo su propio prestigio profesional, sino también el de las instituciones y, en particular, el del Poder Judicial". Pero además -continuó Sivo- "porque inevitablemente -sobre todo por la forma en que fue muerto Alonso- hay que adentrarse en la vida de la víctima como para poder entender su muerte. Y eso siempre es invasivo, molesto y algo desagradable. No es una muerte común. Es un caso complejo y como tal debe ser analizado. Y aunque perturbe debe saberse todo, absolutamente todo lo vinculado con el asesinado".
En estos momentos, el magistrado tiene dos procesos que tramitan casi simultáneamente. Una instrucción penal preparatoria y una causa por ante el tribunal de enjuiciamiento de magistrados que acaba de constituirse. Las dos -planteó el defensor de Saladino- "están en pleno trámite, con muy poca tarea realizada hasta el momento y con numerosos huecos de casi imposible rellenado. De lo que puede verse, estamos frente a un caso en el que un abogado aparentemente dijo a alguien que había entregado dinero a un juez para que tome una resolución en un sentido determinado. Y esta versión sale de una persona, que atribuye -sin más- la muerte de su marido al incumplimiento de la promesa judicial. Paradójicamente, un juez por cumplir con su tarea, por resolver lo que corresponde, termina siendo el responsable del homicidio de un abogado. Suena un poco disparatado, ¿no?".
Y si Sivo hace eje en la muerte de Alonso es porque plantea claramente que si estuviera vivo, nadie "daría crédito" a las denuncias contra Saladino y "todos los colegas hubieran salido a defender el honor del magistrado deshonrado. Como corresponde y como habitualmente se hace. Quizá lo han hecho y no lo han dicho públicamente o quizá lo harán, ya que esto es tan habitual y tan difícil de combatir que a cualquiera de los funcionarios le puede ocurrir en cualquier momento".
Condena social
No se puede perder de vista que fue la esposa de Marcos Alonso quien relató que el 2 de enero acompañó a su marido a la casa de Saladino y que le habría entregado un dinero para favorecer puntualmente a un cliente. Para César Sivo debe partirse de una base: "Nada de lo que se sostiene en relación a la entrega de dinero al juez Saladino es verdad y no es Saladino quien debe demostrar que es inocente".
Para eso, Sivo quiso destruir una por una las argumentaciones que se vienen utilizando en la causa contra su cliente.
1) En referencia al entrecruce de mails entre Alonso y Saladino, Sivo respondió que "si esa hipótesis fuera real, serían codelincuentes en el delito de cohecho, por lo que si uno de ellos hubiera incumplido parte del plan delictivo, supuestamente Saladino, y hubiera comprometido la vida del otro, todo indicaría que Alonso le recriminaría esa situación y le exigiría que la solucione. Y nada de eso surge en la correspondencia. Ni una mención al sentido de la resolución, ni un reproche, ni un reclamo, ni una manifestación de temor ante posibles represalias por el incumplimiento del cocontratante de la ilícita actividad. Esos mails, creo yo, son evidentemente desincriminantes".
2) Sivo caracterizó como "numerosas y groseras contradicciones" las declaraciones de Fabiana Márquez, quien dio -dijo- "versiones diferentes en la causa en la que había denunciado la ausencia de su cónyuge y en la que se investiga su muerte". Y especifica que en una declaración hizo "referencia a que vio cómo su marido sacaba dinero de su casa, cuando su propio padre reconoció que el dinero estaba en su domicilio, que lo llevó a pedido de Alonso y que lo entregó a su empleado". Y agregó en ese mismo punto que "esta misma mujer no pudo dar precisiones sobre montos, forma de entrega, características de los billetes (grandes, chicos, muchos, pocos)... lo que habla a las claras de la validez que puede otorgarse a tales dichos".
3) Rechazó de plano que lo hubieran visto preocupado a Marcos Alonso e incluso dijo que el día del crimen "hasta hizo chistes sobre el lugar adonde iría", en referencia a que "lo habían llamado 'unos muchachos' lo que hablaba a las claras de cierta familiaridad con los homicidas".
4) Cuando César Sivo desmenuza las pocas páginas que alcanzó a obtener en copia hasta ahora de la causa contra su cliente, observa que habría una serie de versiones contrapuestas. Y definió en modo contundente que Marcos Alonso se sumergía en un "océano de mentiras" y que en él "la verdad termina naufragando inexorablemente". Y de ese océano al que alude da, entre otros ejemplos, que habría falseado ante los policías de la Dirección Departamental de Investigaciones (ex Brigada) los motivos de su presencia allí. Alonso habría preguntado al llegar si lo habían citado, mientras que un testigo declaró que "él lo había citado por un secuestro de una camioneta que estaba allí".
Sivo sabe mover las piezas con extrema inteligencia. Y conoce que su intervención se inicia en un momento en el que la sociedad toda, ya cansada de instituciones que no contemplan sus dignidades ni vidas cotidianas, ya juzgó a Saladino y lo condenó al cadalso social. Por eso tal vez es que concluye diciendo que "no es bueno que las instituciones tengan respuestas corporativas, pero tampoco es bueno que se prejuzgue, se castigue a priori o se abandone a su suerte a quien tiene la mala suerte de estar en una situación como la que desgraciadamente vive el doctor Saladino hoy".

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