A Carlos Ferreira lo dejaron doce horas en una pileta con agua helada para castigarlo, según su padre. También lo golpearon, aseguró. El jefe de Asuntos Internos sostuvo que no hay pruebas.
Cuando el padre del cadete detalló el martirio, dijo que su hijo había ingresado el lunes a la escuela, entusiasmado, pero en la noche del miércoles todo se oscureció: "Había quedado en una guardia desde las 12 de la noche y tuvo que proceder en un supuesto intento de fuga de una persona que, cuando la redujo, resultó ser un oficial que en el forcejeo se había lastimado la cabeza contra un marco. A partir de ese momento le empezaron a pegar palazos, le hincaron agujas en la mano y lo tuvieron desde las 2 de la mañana hasta las 2 de la tarde dentro de una piscina helada sin poder hacer pie. Le tiraban piedras para que las juntara en el fondo".
Según Ferreira padre, sólo sacaron a su hijo del agua cuando se dieron cuenta de que el gobernador Daniel Scioli se estaba acercando para participar de un almuerzo en la Escuela. "Lo retiran del agua semidesmayado y cuando se recupera lo siguen bailando porque no quiso firmar la baja", agregó el padre. El asunto no terminó ahí: luego lo habrían obligado a ir y volver de rodillas hasta la puerta de la Escuela cuatro veces, cargando valijas propias y ajenas, para completar una distancia de un kilómetro.
Al final, lo echaron. Casi sin energías Ferreira llegó hasta una estación de tren, donde se desmayó y recibió la ayuda de una señora que le dio unas monedas para subirse a un colectivo. "Le dijeron que ya sabían dónde vivía y que lo iban a encontrar en la calle", señaló el padre.
El jefe de la policía bonaerense, Juan Carlos Paggi, admitió que no le supo explicar a la familia qué fue lo que había pasado, pero se jactó de dar "una respuesta médica, psicológica y policial" para asistirlo y de promover una investigación de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad.
Puertas adentro, la escuela es un hervidero. Y no es la primera vez que la pileta aparece como escenario de una de esas historias escalofriantes: dicen que hace un año un cadete perdió tres dedos al lastimarse con la amoladora mientras hacía tareas de refacción, una práctica que no sería extraña a los aspirantes. Todos ellos –más de setenta– fueron entrevistados ayer por una quincena de inspectores de Asuntos Internos que se presentaron sin previo aviso. Para sorpresa de Ferreira, dijeron que no habían visto nada raro. El auditor general, Manuel Sandberg Haedo, agregó que una psicóloga de la Escuela había hablado con el cadete para preguntarle por qué se daba de baja. La charla habría tenido lugar a las 11 de la mañana, pero, según la denuncia, los tormentos habrían terminado a las 14. "Le dijo a la psicóloga que extrañaba a un hijo de 15 días y que cuando el nene tuviera 1 o 2 años, volvería", agregó el auditor general.
El informe forense habla de "dolores difusos", "rodillas indoloras" y "una herida puntiforme" en la mano; pero no dice nada sobre hematomas ni fracturas. Roberto Cipriano, del Comité contra la Tortura de la Comisión Provincial por la Memoria, visitó al cadete a las 4 de la tarde de ayer y no opina lo mismo: "Estaba destruido, no paraba de llorar e incluso en un momento se desvaneció. Nosotros vimos hematomas que se estaban borrando y hay que tener en cuenta que después del agua helada es difícil que se noten los hematomas. Por eso no me llama la atención que por parte de la Justicia y la institución policial intenten encubrir el asunto. De hecho, le pidieron que no hiciera la denuncia".
Agentes se filmaron bailando
Los tipos soñaban con aparecer en la televisión, quizás en algún programa de Tinelli. O era la forma que encontraron para escaparse de la dura realidad. Como sea, siete efectivos de la Policía Caminera de Córdoba fueron sancionados por filmarse bailando y haciendo coreografías cuando estaban en servicio. Además, subieron los videos a YouTube. El jefe de Relaciones Institucionales de la Policía de Córdoba, Daniel Rivello, informó que los videos fueron filmados y subidos a la web tiempo atrás, aunque fueron difundidos en las últimas horas. En ellos se ve a siete policías que se filmaron con sus teléfonos celulares cuando bailaban mientras estaban en horas de servicio. En uno de los videos se ve a un efectivo bailando solo en una ruta, de día, y en el otro varios policías realizan una coreografía al lado de un patrullero, de noche, bajo uno de los puentes de la autopista Córdoba-Villa Carlos Paz. Rivello informó que los policías fueron sancionados por que su actitud "compromete el decoro de la institución". "Nosotros debemos preservar ese uniforme que estamos vistiendo", dijo.
OPINIÓN
Aparato represivo
María del Carmen Verdú (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi))
En su artículo "El enigma de La Matanza", Rodolfo Walsh señalaba algo con lo que Correpi está muy de acuerdo: que la constitución de las internas policiales se da con elementos propios del aparato represivo, que utiliza en su interior los mismos métodos que el Estado tiene para reprimir a la clase trabajadora. En ese sentido, si uno se pone a ver el archivo, además de los casos de gatillo fácil va a encontrar los de muerte intrafuerza –que se dan de un policía bonaerense a otro bonaerense, de un bonaerense a un federal o como sea, hay opciones de todo tipo– y también las situaciones intrafamiliares –que podrían ser vistas como casos de gatillo fácil al interior de la familia–. Todo responde a la misma lógica. Esto es como en la película Amores perros, donde un perro que era entrenado para pelear y matar terminaba quitándoles la vida a los perritos del tipo que los había rescatado. Si a alguien le dan un método y una herramienta, esa persona va a usarlos: este caso se da, además, cuando venimos de realizar el acto por un nuevo aniversario de la detención y muerte de Walter Bulacio. Casos como el del cadete se dan desde hace mucho tiempo y cuando alguno llega a la opinión pública parece que fuera una excepción. Por eso a nosotros no nos sorprende. Sabemos que muchas de estas situaciones son momentos del entrenamiento, pases de facturas o soluciones de conflictos personales al interior de las instituciones. Nosotros nos remitimos a opinar y nada más: no vamos a asistir a un policía, ni siquiera cuando haya sido agredido por otro.

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