Por Emilio Cárdenas
El somnoliento aeropuerto de Nouakchott, la capital de Mauritania -una paupérrima ex colonia francesa, hoy república árabe islámica, emplazada entre el Sahara y el azul del Atlántico- de pronto se convulsionó. Algo inusual había alterado la sensación de calma habitual en ese lugar.