Por Luis Bruschtein
Los militantes del Partido Obrero y los tercerizados del Roca se disponían a cortar las vías del ferrocarril, cerca de la estación Avellaneda, cuando fueron interceptados por la patota sindical que se lo impidió. Si no hubieran asesinado a Mariano Ferreyra, sus verdugos, o sea los matones de la Unión Ferroviaria, habrían sido los héroes de la historia para los medios que después se rasgaron las vestiduras. Esos mismos medios usaron dinamita verbal y escrita para atacar los cortes. Las patotas sindicales tienen su propia lógica pero, en este caso, en realidad estaban obedeciendo al espíritu que los grandes medios han difundido respecto de los cortes. Estaban seguros de que al impedir en forma violenta el corte de las vías se estaban haciendo cargo de una voluntad mayoritaria. Y al mismo tiempo se apropiaron y estaban actuando el odio que los medios han difundido.