Por Alfredo Zaiat
Las características del debate del presupuesto gubernamental se reiteran año tras año. El oficialismo establece pautas cuantitativas subestimadas en materia de crecimiento e inflación, según las condiciones prevalecientes en el momento de la presentación, aunque nadie pueda asegurar que al final no sean las correctas. En tanto, el amplio arco de la oposición rechaza el proyecto a partir de no compartir esas cifras. Unos y otros, a esta altura, puede suponerse en un acuerdo tácito, poco y nada les interesa profundizar en la orientación del presupuesto y en la calidad del gasto como en el origen de los recursos. La discusión sobre esa iniciativa relevante para el funcionamiento del Estado se convierte así en una disputa política más, ahora con mayor rigor por la puja mediática y la cercanía del año electoral.