Por Ricardo Forster *
El ataque de ayer a una flotilla con ayuda humanitaria para Gaza genera una mezcla de indignación y tristeza. Indignación porque se trata de la política de un gobierno ubicado en una derecha militarista. Tristeza por la reducción de Israel a un Estado belicista que ni siquiera respeta territorios internacionales, como lo demostró ayer. Pero sobre todo tristeza porque no se puede construir paz entre dos Estados.