La ciudad natal del ex presidente libio fue el lugar elegido para escapar del asedio de la OTAN. Las tribus que respaldaban al gobierno. El avance de los rebeldes. Y el final.
Ubicada a mitad de camino entre Bengasi y Trípoli, Sirte fue una de las pocas localidades que siguieron en manos de los kadafistas luego de la caída de la capital libia. De allí es oriunda la tribu Qaddadfa, integrada por bereberes arabizados que jugaron un rol fundamental en el golpe de Estado de 1969 contra el rey Idris. Desde entonces, Kadafi favoreció con cargos públicos a sus miembros y éstos sirvieron como sostén del régimen hasta su caída en desgracia.
En los días previos al asalto final, los leales se habían hecho fuertes en Ben Jawad, la mayor ciudad a las puertas de Sirte en dirección desde Bengasi. Luego de varias negociaciones frustradas con sus enemigos, los rebeldes consiguieron quebrar ese cerco con apoyo aéreo de la OTAN. Los detalles que se conocieron sobre las últimas horas de Kadafi indican que al amanecer del jueves, antes del rezo, el ex dictador y sus hombres más cercanos partieron en un convoy hacia el oeste. Con Sirte a punto de caer, el tirano intentaba huir junto a su hijo Mutasim y su ministro de Defensa.
Una flota de aviones franceses Mirage 2000 divisó más de setenta camionetas equipadas con ametralladoras pesadas que marchaban a toda velocidad por el desierto. Según la OTAN, los pilotos no sabían que allí viajaba el ex dictador. Por si acaso, dispararon. El ataque aéreo obligó a Kadafi a salir de la ruta. Protegido por miembros de su antigua guardia presidencial, se escondió en un desagüe a la vera del camino. Allí lo encontraron los milicianos rebeldes. “Por favor, no disparen”, aseguran que imploró Kadafi. El resto es historia conocida.
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