Las banderas negras marcan el santuario cerca de Carlos Paz. La liturgia del santo popular, entre el catolicismo y el curanderismo. Mirá la galería de fotos.
03/06/2012 00:00
Por Juan Manuel González
Las banderas negras apenas se ven desde la autopista, en el último tramo de la subida El Cajón, saliendo desde Carlos Paz hacia Córdoba. Las banderas negras marcan la pequeña gruta, de unos 30 centímetros de alto, donde se venera a San La Muerte, el Flaco, el Negro; el santo que la popular canonizó desoyendo a la Iglesia, el santito que protege de una muerte violenta, la única que él puede prevenir. Las banderas negras llaman la atención a los automovilistas desde hace algunos días.
Tras las banderas negras, la pared de roca fue pintada, también de negro, para darle a la gruta el marco apropiado. Sobre el piso se emplaza la grutita, de chapa con techo a dos aguas, en la que la cadavérica figura es venerada.
Este es el primer altar “visible” que San la Muerte tiene en Córdoba. Hay otro, entre La Calera y el dique San Roque, pero está casi escondido. Los devotos del santo parecen haber decidido mostrarlo, desvincularlo de las cárceles y las sectas, y encarar una batalla cultural como la que alguna vez pelearon los seguidores de Gauchito Gil, otro de los santos populares argentinos.
El vecino de San la Muerte es el Gauchito Gil. Sus altares están a metros: el primero embanderado en negro; el gaucho, en rojo. Ambos también son “correntinos”. De la cultura litoraleña, la “guaranítica”. Ambos ampliaron sus dominios a fuerza de desesperados que migran y piden salud, dinero y amor.
La veneración que le dan en las cárceles tendió sobre San la Muerte un manto de violencia. La presencia de la imagen cadavérica en rituales umbanda completó la escenografía. El santo no sale bien parado.
–¿Por qué se vincula a San la Muerte con sectores violentos y marginales? –preguntó Día a Día al antropólogo Walter Calzato, investigador del fenómeno popular.
–Hay que analizar las formas de culto. La mayor parte de la gente le pide salud, dinero y amor; “al santito” se le pide trabajo para el compañero y salud para los hijos. Es gente que se entrega al santo con desesperación y hambre. Hay un sector marginal, conformado por los delincuentes y presos, que tiene una vinculación más violenta: por ejemplo, se colocan bajo la piel, con una pequeña incisión, un santito hecho con hueso de bautizado o con plomo, para que los proteja de una muerte violenta, a balazos o cuchillazos. Y hay un sector mínimo de gente que hace maldades con el santo, magia negra y curanderismo. Pero la devoción no es excluyente de sectores vulnerables: comerciantes, gente de clase media, venera al santo.
–¿Es la desesperación el denominador común de los devotos?
–El culto tuvo, en la provincia de Buenos Aires, mucho auge a partir de la crisis de 2001. El Gran Buenos Aires era una zona de guerra, de desazón, de depresión, y mucha gente se aferró al santo porque se encontró que no había instituciones, o que éstas los habían dejado de lado. Necesitaba un santo que se devore a todos los políticos, que se devore la maldad y la ignominia que los destrozaba. De alguna manera, eso tenía que parar, y lo mejor es un santo, un santo popular.
Mal parido. No está claro cuál es el origen de San la Muerte. Se lo ubica en el actual territorio de Corrientes hacia 1735. Desde allí el culto extendió hacia territorios adyacentes, en las actuales provincias de Formosa y El Chaco. La migración interna trasladó la liturgia al conurbano bonaerense, gran receptor de migrantes pobres. En Buenos Aires, no falta el chamamé en las fiestas al patrono.
La irrupción de San la Muerte en la pantalla chica fue hace dos años, en la novela Mal Parida: Gracia Herrera, el personaje que encarnaba Selva Alemán, idolatraba al santo, a quien le pedía la muerte de Lorenzo Uribe, interpretado por Raúl Taibo. Otros actos sanguinarios completaron de sombrear su imagen esquelética, al menos para el “gran público”.
San la Muerte no es un santo católico. O sí. Su veneración tiene como hilo conductor los rituales del catolicismo. “Su canonización fue hecha por el pueblo, es un santo popular”, define Calzato. –Es una moneda de anverso y reverso. La Iglesia no lo acepta porque San la Muerte es la personificación de la muerte, y para el catolicismo la muerte es un estado. El anverso es que la estructura de venerabilidad es enteramente católica, como un culto católico no oficial: solamente un católico puede entender el culto a San la Muerte: se la hacen novenas, se le reza el Rosario; toda la veneración es católica –completa el especialista.
En el pequeño santuario ubicado a la salida de Carlos Paz quedaban el viernes los restos de las velas que algún fiel anónimo encendió. ¿Por qué habrá sido el tributo?
–Para los devotos, San la Muerte no es el santo que está en un pedestal y se le reza. Es un santo que está con ellos, que los acompaña a la salida del trabajo; que los protege de los accidentes cuando andan en moto; que cuida los hijos cuando salen a trabajar. Es un santo presente.
–¿Cómo lo veneran sus devotos?
– Encendiéndole la velita, llevándole comida (que es lo que podría unir a San la Muerte con los rituales umbanda). Se le pide y se le cumple la promesa. En el caso de los delincuentes es distinto: necesitan un santo tan violento como ellos que los proteja. Para sus fieles, se trata de un santo poderoso
–¿La severidad es por lo que devotos y católicos tradicionales le tienen tanto temor a San la Muerte?
–Como toda veneración popular, se le respeta y teme. Como todo santo popular, goza del poder del bien y del mal –finaliza Calzato.
Un santo que protege de las muertes violentas; de las naturales, se encargará Dios.
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Las páginas negras
Entre el sábado 7 y el domingo 8 de octubre de 2006, Ramón Ignacio González (12 años), Mondá o Ramoncito, fue violado, decapitado y empalado en un ritual satánico en la localidad de Mercedes, en Corrientes. La sangre fue para San la Muerte, se dijo en los diarios.
El cráneo del niño apareció sin piel y sin ojos.
En marzo del año pasado, siete miembros de una secta fueron condenados a cadena perpetua por este crimen ritual. Durante el juicio, también se dijo, la voz de una mujer se “coló” en el sistema de audio durante una audiencia.
La cultura africana y el pensamiento umbanda cruzan la frontera ida y vuelta, mezclando ritos afro con los santos argentinos. Esa fue una de las conclusiones que arribaron los antropólogos que colaboraron con la Justicia correntina para descifrar las claves de este caso que le dio al santo el halo de magia negra con el que su figura se proyectó a nivel nacional.
En Córdoba, también, San la Muerte se mezcló con las artes oscuras: en octubre del año pasado, un hombre encontró, en una casa abandonada en Río Cuarto, un cráneo, velas e imágenes de San la Muerte. La Policía secuestró la osamenta y evocaciones al santo popular.
Las opiniones sobre el rol que juega San la Muerte entre los adeptos a la magia negra son encontradas: para Calzato, es “casual”. Otra biblioteca antropológica no duda en vincularlo con los rituales umbanda.
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