CIUDAD DE MEXICO.- El presidente de México, Felipe Calderón, que enfrenta un recrudecimiento de la violencia del narcotráfico, lanzó ayer una fuerte crítica a Estados Unidos, al afirmar que es en parte responsable del problema del crimen organizado que azota a su país.
"No les echo la culpa de todo, pero por supuesto que [los norteamericanos] tienen una clara responsabilidad en esto, porque representan el mercado de los vendedores de droga y los criminales", afirmó Calderón.
"¿Usted está diciendo que [Estados Unidos] no asume sus responsabilidades?", le preguntó el periodista de la BBC Stephen Sackur a Calderón. "Sí, en esta cuestión en particular no [lo hace]", respondió.
"El problema del crimen organizado continuará mientras Estados Unidos siga siendo el primer consumidor de drogas en el mundo", dijo el mandatario. Y agregó: "Estados Unidos les provee a los narcotraficantes armas y, por supuesto, tiene que hacer mucho más para reducir el consumo de drogas y detener el flujo de armas hacia México".
En este sentido, Calderón recordó que "los estadounidenses eliminaron la prohibición sobre las armas de asalto en 2004, lo que dio a los criminales el mayor número de armas en la historia de México".
En sintonía con las declaraciones de Calderón, el diario The Washingt on Post ya había denunciado, en un editorial publicado en septiembre, que "los carteles de droga mexicanos nutren sus arsenales con armas provenientes de Estados Unidos, mientras el gobierno de Barack Obama no hace lo suficiente para enfrentar el problema".
La violencia vinculada al narcotráfico y a las operaciones para combatirlo han provocado más de 28.000 muertes en México desde diciembre de 2006, cuando Calderón asumió el poder y lanzó una ofensiva contra los carteles, que incluyó el despliegue de 50.000 militares.
"No va a ser fácil, no va ser rápido, pero nos impondremos y derrotaremos a los criminales", reiteró Calderón a la BBC.
Otra matanza
Hasta el momento, sin embargo, su gobierno no ha conseguido reducir la violencia que azota al país diariamente. Sólo ayer, de hecho, una nueva masacre dejó por lo menos otras 15 personas muertas, cuando hombres armados atacaron un lavadero de autos en el estado occidental de Nayarit (ver aparte). Fue la tercera masacre a manos de narcotraficantes en una semana en el país, cada vez más conmovido por el recrudecimiento de los ataques vinculados con las drogas.
En septiembre, ante el aumento de la violencia en México, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, había declarado que el país vecino se estaba pareciendo cada vez más a la "Colombia de hace 20 años".
Las declaraciones de Calderón a la BBC se conocieron apenas unas horas después de que los presidentes que conforman el Grupo de Tuxtla (México, Colombia y varios países centroamericanos) pidieran "coherencia" a Estados Unidos en su política antidrogas, en vista del controvertido referéndum convocado para el 2 de noviembre en California, para legalizar el cultivo, el transporte y la venta de marihuana en este estado (ver aparte).
"Si California legaliza la marihuana, nos va a meter en un serio aprieto. Nos va a meter en un problema difícil de resolver. Va a tener un impacto en el mercado mexicano y no sé en qué sentido", ya había advertido a principios de octubre Calderón al diario mexicano La Razón .
En su entrevista con la BBC, Calderón también expresó su preocupación por el incremento de lo que denominó un "sentimiento de antimexicanismo" en el sur de Estados Unidos, especialmente por parte de los sectores más conservadores del Partido Republicano. "Percibimos un sentimiento antimexicano o antiinmigrante en Estado Unidos, y eso me preocupa", señaló.
"Los estadounidenses tendrán elecciones legislativas el próximo mes, y si la inmigración es un tema central, es absolutamente comprensible que las autoridades traten de ser muy duras [con los inmigrantes] para ganar el voto de los radicales, como el Tea Party y toda esa gente", advirtió.
Calderón afirmó, asimismo, que la manera en la que el gobierno de Washington está tratando la cuestión migratoria podría suponer un problema para las relaciones entre los dos países. "No creo que sea peligroso sólo para nuestras futuras relaciones (...) también es peligroso para la gente que está trabajando duro a favor de la sociedad estadounidense. No se puede entender el progreso de Estados Unidos en el último siglo sin los trabajadores mexicanos", opinó.



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