Los vecinos del asentamiento Marta Juana González están siendo tapiados por un muro que construye Ecipsa, que le reclama las tierras a la gente, ocupadas en 2009.
El asentamiento Marta Juana Gonzáles está rodeado por Ampliación Cabildo, Arpeboch, Villa el Libertador, Comercial y esa tremenda pared al fondo que destroza el horizonte. La gente construyó tres manzanas con 96 viviendas en terrenos que le pertenecen a la desarrollista Ecipsa, que del otro lado del muro avanza con la urbanización del barrio cerrado Valle Cercano.
La muralla que tapa a los vecinos está al fondo del asentamiento y tiene unos 300 metros de largo. Entre el final de las manzanas y los bloques de cemento hay unos 20 metros, y la pared no para de crecer. Comenzaron a construirla en octubre y desde entonces los obreros la retocan todo el tiempo. Ya tiene los cimientos para formar una L y dejar a los vecinos encerrados, sólo con salida y vista hacia Villa el Libertador.
Laura Cáseres, una de las referentes de los vecinos, integrante de la cooperativa Trabajo y Dignidad, contó que el caso de la ocupación está judicializado, que hace unos años se pidió el desalojo pero que el Tribunal Superior de Justicia desestimó esta medida en agosto pasado por considerar que la gente necesita las viviendas y entonces la empresa Ecipsa, que reclama las tierras, empezó a construir la muralla que hoy prácticamente encierra a estos vecinos.
“Por lo menos el muro nos frena el viento que avanza desde el sur y que muchas veces hace destrozos en algunas casas precarias que quedan. Después del fallo de la Justicia, empezamos una etapa de negociación con la desarrollista, así que esperamos poder llegar a un acuerdo este año, ya sea porque ellos donen las tierras o porque nosotros las paguemos de alguna manera. Lo que pasó acá es la muestra de una gran necesidad que hay en la ciudad”, indicó Laura.
Para ponerle un poco de onda al paredón, varios artistas espontáneos del asentamiento comenzaron a decorar los ladrillos grises. Un enorme escudo de Belgrano decora el centro del muro y en la zona de las canchas de fútbol hay un gran mural. Eso sí, por los pelotazos, varios ladrillos ya volaron.
Que sea un barrio. En el asentamiento Marta Juana González funciona el centro comunitario de la cooperativa Trabajo y Dignidad. La ocupación de las tierras ocurrió el 27 de agosto de 2009 y desde entonces los vecinos aseguran que luchan cada día para poder transformar el lugar en un barrio con todos los servicios.
En donde hoy se levanta el muro supo haber una fuerte custodia policial para impedir que durante los días de la toma de la tierra la gente siguiera avanzando en los terrenos. Feli Cardozo, un vecino que sueña con poder empezar a construir su casa de materiales para abandonar su “ranchito de madera” en el que vive hace cuatro años, estuvo parado frente a los uniformados ese agosto para impedir el desalojo.
“Mi vida fue muy dura, hace 18 años se me murió un hijo, y eso fue un golpe tremendo. Recién ahora podemos empezar a salir adelante con mi mujer, no somos de Córdoba y en el barrio encontramos una gran familia”, asegura Feli abrazado a los ladrillos que formarán las paredes de su hogar.
El hombre le prestó el patio de su casa al vecino para que instale la máquina mezcladora con la que prepara el cemento para las paredes de su casa. Juli, otra vecina, con una pala, entra una montaña de piedras a su casa para que no queden en la calle. Un camión descarga pallets con ladrillos en otra vivienda y entre varios ayudaron a Ceci Maidana, mamá de dos mellizas, a terminar la losa de su hogar.
“Los vecinos me ayudaron mucho en este último tiempo, hace unos meses falleció mi marido y con él estábamos terminando la casita. Con la última tormenta fuerte se inundó la vivienda de madera que tenía, así que, aunque le falte el revoque a la obra, yo me mudé lo mismo”, cuenta la mujer que vive en casa con sus hijos y que fue parte de la toma en 2009 por la necesidad de vivienda que tenía.
Los vecinos aseguran que en el asentamiento hay un fuerte sentido de comunidad y ganas de salir adelante. Laura contó que el agua para las casas sale de la canilla que tiene el centro comunitario y asegura que la negociación con Ecipsa es muy importante para poder consolidar el lugar como un barrio.
“Si logramos tener los terrenos vamos a poder gestionar la luz y la traza de las calles. Ahora tenemos un tendido eléctrico precario que se hizo con el aporte de todos, se compraron los postes y los cables, cada casa tiene su cañería instalada, sólo falta que desde Aguas Cordobesas nos conecten a un caño maestro”, aseguró la referente.
Con mucho trabajo, el asentamiento Marta Juana González crece entre paredes. Los vecinos dicen que la convivencia con quienes los rodean es tranquila “porque son todos laburantes”, y aseguran que el muro no molestaría tanto si pudieran ser dueños de las tierras en las que viven.
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Ecipsa: Se levantó para que no sigan avanzando
“El muro es porque tenemos que, de alguna manera, delimitar y no correr peligro de que se siga avanzando. Eso no es de ellos, eso es de Ecipsa, concretamente. No hemos cedido tierra, ni nada por el estilo”. Así, sin medias tintas, respondió ayer Enrique Montecino, director Ecipsa Holding. S.A., al ser consultado por Día a Día sobre la situación que se vive en el asentamiento Marta Juana González.
“Ellos sabían que íbamos a hacer el muro, y la Justicia sabe que está el muro”, agregó Montecino, antes de asegurar que desconoce en qué instancia se encuentra el proceso judicial que se inició cuando, años atrás, Ecipsa denunció la ocupación de las tierras y pidió el desalojo.
“Por indicación de la Justicia, tuvimos que dividir ahí. Al principio, habíamos alambrado. Después empezamos a hacer un muro, pero no lo terminamos”, relató el empresario, para luego estimar: “En definitiva, no hemos hecho nada”.
Para Montecino, el asentamiento no afecta “en absoluto” al emprendimiento Valle Cercano. Y no sólo eso. Además, asegura que la empresa “nunca” ha tenido problemas con los vecinos, “más allá de la usurpación con la que todo empezó” . “No los hemos tocado. Hicimos la denuncia y punto. Ellos se quedaron ahí y la Justicia les dijo que no avanzaran hasta que resolviera”, resumió el directivo.
Según dijo, fue a partir de ese pedido de la Justicia a los vecinos, que Ecipsa procedió a realizar “una división de tierra”. Primero con un cartel, después con un alambrado y, finalmente, con el muro. Es una “solución provisoria”, explicó, “hasta que la Justicia defina” la situación de esas tierras, tierras que, según él, “efectivamente son de Ecipsa”.
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Educación y talleres
Desde la cooperativa aseguran que quieren consolidar la educación de las personas que viven en Marta Juana González, por eso, en el salón comunitario dictan un taller de alfabetización y por un convenio con la escuela Vicente Forestieri, a donde asisten la mayoría de los niños del lugar, el año pasado comenzaron con la primaria para adultos, que en diciembre ya tuvo sus primeros cinco egresados. Además, Trabajo y Dignidad está construyendo su propio espacio y allí planean dar curso de oficios para jóvenes y adultos. El centro se está construyendo desde hace dos años y planean abrirlo en unos pocos meses más.
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La historia
Causa. El grupo Ecipsa reclama las tierras en la Justicia.
2009. La ocupación fue el 27 de agosto. 96 familias. En el asentamiento viven 500 personas.
Lotes. Cada terreno tiene 18 metros por ocho. Son tres manzanas.
50%. La mitad de los habitantes son extranjeros.
Red. La cooperativa Trabajo y Dignidad forma parte de la red de organizaciones de Córdoba que reclaman por un acceso igualitario a la tierra.
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