En la mañana del lunes, lo sorprendió una dolencia cardiovascular. Carlos Alberto Beltramino fue subsecretario de Obras Públicas de la administración de Rubén Marín cuando Carlos Verna fue ministro de esa área.
Fue el número dos de Carlos Verna en el Ministerio de Obras Públicas de La Pampa cuando Rubén Marín asumió como gobernador y mantuvo una indisoluble relación con el actual senador, pese a que las críticas que cosechó cuando condujo la construcción de las redes de gas natural traspasadas a la entonces empresa italiana Camuzzi Gas terminaron condenándolo al ostracismo político público.
Fue directo colaborador de Carlos Verna en su paso por la Municipalidad de General Pico y fue su gestión la que culminó con la construcción del Palacio de Justicia de 9 y 22 y quien dirigió la construcción de la red de gas natural para General Pico.
Acompañó a Verna en su primera época en el Senado Nacional como asesor político, pero con los años se alejó por completo de la actividad pública y se dedicó al asesoramiento de empresas y a la atención del establecimiento que compró en el oeste pampeano, en la zona de Puelén, al que bautizó como Valle Bonito.
Tuvo una activa participación en la transformación de la Cooperativa Eléctrica de Trenel como constructora de redes de gas, que llevaron a la entidad de la localidad vecina a realizar trabajos en el ámbito internacional: realizaron por ejemplo, la mayoría del tendido del gas para la ciudad de Temuco, en el sur de Chile, país al que visitó en numerosas oportunidades, por negocios y para disfrutar de la pesca, una actividad cuyo gusto siempre compartió con Verna.
Polémico, discutido, criticado, Beltramino fue un emprendedor nato, con una singular visión del mundo. “La realidad –solía decir, mientras miraba fijamente a su interlocutor-, es que en este mundo, la mitad se vende… y la otra mitad se compra”.
Este cronista tuvo la oportunidad de compartir precisamente uno de esos viajes a Chile cuando la Costren tendía la red de gas en Temuco, junto a otros periodistas. Un viaje de largas horas por los dibujados caminos del sur argentino en los que de pronto agendó el teléfono de un pequeño y oxidado cartel de chapa atado a una rama, en un paraje perdido de la montaña, que daba cuenta de la venta de vacunos.
Cuando su celular tuvo señal, llamó a ese número, reunió los datos precisos de cantidad y precio. Efectuó otro llamado luego, de quien recordó había manifestado su interés por una compra de animales. En media hora, en medio de la montaña, en pleno viaje por otro tema, compró, vendió y se ganó la comisión del caso.
Su velatorio se realiza en la sala de Corpico desde las primeras horas de la tarde de este lunes y el sepelio se cumplirá a las 19,30 de hoy.


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